Cada domingo se repite la misma escena: un eterno trancón en la vía que conecta el municipio de Nariño con la ciudad de Pasto. En algunos casos, los tiempos de espera superan las dos horas. Una situación desesperante que, además, resulta difícil de justificar en un contexto como el nuestro.
Pero, ¿qué está pasando realmente? Y, más importante aún, ¿qué se está haciendo para solucionarlo?
Lo que ocurre no responde a una gran obra inconclusa ni a una falla estructural compleja. El problema es más simple, pero no por eso menor: la falta de cultura ciudadana… pues cada domingo, decenas de conductores detienen sus vehículos, a lado y lado de la vía, en un punto específico entre Pasto y Genoy, para comprar postres y mazorcas, sin dimensionar el impacto que generan.
Y aquí hay que ser claros: no se trata de señalar a quienes, con esfuerzo, encuentran en estas ventas su sustento semanal. Por el contrario, el emprendimiento local merece ser respaldado y siempre encontrará en mis letras un aliado. El problema está en la conducta de quienes, sin consideración alguna, convierten una vía principal en un parqueadero improvisado.
Cabe resaltar que este corredor no solo conecta a Pasto con los municipios del occidente y la subregión del Guambuyaco; también es una ruta clave para el turismo. Sin embargo, para muchos visitantes, el trancón dominical ya se ha convertido en una razón suficiente para no regresar; pues lo que debería ser una experiencia agradable termina siendo un desgaste innecesario.
A esto se suma otro factor preocupante: la ausencia de control. Según lo manifiestan ciudadanos, las autoridades de tránsito brillan por su falta de presencia efectiva. Y cuando aparecen, su intervención no siempre corresponde a la magnitud del problema y se reduce al consumo de una o dos mazorcas (deliciosas, por cierto).
Entonces, ¿qué hacer?
En el corto plazo, se requiere algo básico pero fundamental: conciencia ciudadana y un tris de lógica, pues es claro que estacionar un vehículo en plena vía no resulta siendo un acto menor; sino que termina afectando a cientos de personas en sus desplazamientos.
Pero la solución no puede recaer únicamente en el comportamiento individual. Es indispensable que las autoridades de movilidad de Pasto ejerzan control real y permanente, sin que esto implique perseguir a los emprendedores, quienes, repito, no son el problema.
Y aquí aparece una oportunidad: pensar en una solución de mediano plazo que beneficie a todos. La administración municipal, a través de la Secretaría de Desarrollo Económico, podría liderar la reubicación de estos vendedores en un espacio adecuado, quizás en un lote aledaño, con condiciones dignas, zonas de parqueo y áreas de disfrute para visitantes. Una solución organizada que impulse el emprendimiento, promueva las actividades de esparcimiento, fomente el turismo sin afectar la movilidad.
Porque, al final, lo de los trancones de Genoy no es solo un problema de tráfico. Es un reflejo de cómo convivimos en nuestro día a día: pensando más en el interés particular que en el colectivo. Que quede claro que cada acción individual que ejerzamos en el marco de una sociedad, sí o sí va a generar impactos en los demás…
Autor: Jesús Armando Eraso Yela
Perfil: Profesional en Gobierno y Relaciones Internacionales, especialista en Finanzas Públicas, egresado de la maestría en Desarrollo Económico y Diputado del Departamento de Nariño en el periodo 2020-2023
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