Dos físicas nariñenses

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Por: José Arteaga
(X-Twitter: @jdjarteaga)
La reciente exploración lunar de la nave Orion en el programa Artemis ha hecho que se resalten las figuras de varias científicas de diferentes nacionalidades que trabajan con la NASA. De esta forma se destacó el trabajo de la barranquillera Adriana Ocampo, de la caleña Diana Trujillo, de la cartagenera Liliana Villarreal y de la paisa Luz María Martínez. Loable la labor de cada una de estas mentes brillantes, pues como dice Bill Nye, “La ciencia es la clave de nuestro futuro”.
También decía Marie Curie que “La ciencia es en esencia internacional”. Lo que pasa es que no todos los gobiernos valoran su necesidad, ni todos los países tienen el músculo económico para sostener investigaciones que requieren de cuidadosos y lentos procesos. Por eso las colaboraciones entre universidades son fundamentales, pues aceleran la innovación, potencian la investigación, mejoran la calidad educativa y fomentan las oportunidades de trabajo.
Voy a contarles lo que hacen dos científicas nariñenses. Sé que hay muchas más, como Tatiana Cusis, por ejemplo. Y Alberto Quijano Vodniza, fundador del Observatorio Astronómico, reconocido por sus colaboraciones con la NASA, puede dar fe de ello. Es más, la primera de las dos a las que me voy a referir es una alumna suya, pues fue su director de tesis en astrofísica: Jazmín Ordóñez Toro.
Nacida en Belén, antigua vereda de La Cruz, se graduó como física en la Universidad de Nariño. Hizo su doctorado en la Universidad Autónoma de México, su maestría en la Universidad de Guanajuato, y un Estudio Post-Doctoral titulado “Dynamo VLBA” en el Max Planck Institute for Radio Astronomy, de Effelsberg, Alemania.
VLBA significa Very Long Baseline Array y es una es una red de radiotelescopios que, mediante técnicas específicas, consiguen una resolución espacial extrema y obtienen imágenes detalladas de objetos cósmicos. Según el Instituto, “DYNAMO-VLBA proporcionará una muestra excepcional de objetos estelares jóvenes con masas dinámicas medidas para poner a prueba los modelos evolutivos de las estrellas de la pre-secuencia principal”.
Algunos de los trabajos de Ordóñez se pueden leer en la revista Astronomy & Astrophisics, artículos sobre sistemas binarios y calibración de modelos de evolución estelar. Pero aquí viene lo interesante. Ella es una de las personas que más empeño le han puesto a la divulgación científica. Su trabajo en el vídeo-podcast “Recovecos de la Ciencia” está tan lleno de entusiasmo como de acercamiento de estos temas tan complejos a un público lego en la materia.
Ahora Ordóñez vuelve para hacer un Post Doctorado en el Observatorio de la Universidad de Nariño, cuyo tema es la contaminación lumínica. De manera que sus contribuciones en la divulgación se podrán apreciar en vivo y en directo. Además, si todo coincide, ella estaré en el Observatorio cuando se termine la construcción del Centro de Ciencias con el mayor telescopio de Colombia; una obra de la que dice con orgullo Quijano Vodniza: tendrá “un telescopio con espejo parabólico de un metro de diámetro, longitud 3.5 metros, peso mayor a tres toneladas, y distancia focal de 12.2 metros”. Una joya tecnológica.
Vamos con la segunda científica pastusa: Denis Torres Muñoz, también física de la Universidad de Nariño, aunque su campo de especialización es otro, la física cuántica, y es lo que la ha llevado a hacer su doctorado en el South Dakota School of Mines and Technology, en Rapid City, condado de Pennington, Dakota del Sur.
La primera investigación desarrollada por un equipo coordinado por el nariñense David Martínez Caicedo y del que hacía parte ella, fue: “Construcción de un sistema de detección de partículas para su aplicación en la enseñanza de física de partículas”. Martinez Caicedo obtuvo con esto el premio Early Career Scientist Award, del Departamento de Energía de Estados Unidos en 2024, lo que ha servido para continuar la búsqueda de un sistema mejorado de detección de fotones para el detector lejano 3 del llamado DUNE.
Torres hace parte del DUNE (Deep Underground Neutrino Experiment), un experimento internacional en física de partículas, diseñado para estudiar el comportamiento de los neutrinos, que son partículas subatómicas. En el DUNE participan científicos de 36 países y parte de sus avances se pueden leer en el estudio colaborativo: “Reconstrucción de vértices de interacción de neutrinos en DUNE, con aprendizaje profundo Pandora”, publicado por la revista European Physical Journal.
De allí que sus investigaciones abarquen el campo de las altas energías, y se tengan en cuenta en trabajos como: “Caracterización y nueva aplicación de la transmisión de energía a través de fibra óptica para dispositivos electrónicos en entornos hostiles”. O también: “Desarrollo de sistemas de alimentación por fibra óptica para detectores de física de altas energías”. Incluso: “Integración de conductividad, transparencia y resistencia mecánica en compuestos laminares altamente homogéneos de nanotubos de carbono de pared simple para opto-electrónica”. Y “Alimentación a través de fibra para el sistema de detección de fotones por deriva vertical DUNE”.
Para el común de los mortales esto es como hablar en chino. Pero existen formas de entenderlo. Fijémonos, por ejemplo, en dos series de televisión muy exitosas: “The Big Bang Theory” y su spin-off y precuela “The Young Sheldon”. Su protagonista, Sheldon Cooper, estudiaba partículas subatómicas, principalmente a través de su trabajo en la teoría de cuerdas, y se emocionaba con la oscilación de los neutrinos. La teoría de cuerdas postula que todas las partículas conocidas (electrones, fotones y quarks) están compuestas por diminutas hebras de energía que vibran.
Aunque “The Big Bang Theory” fue creada por Chuck Lorre y Bill Prady, el asesor científico principal fue el físico y astrónomo de UCLA, David Saltzberg, quien conseguía que los diálogos y las ecuaciones mostradas en diferentes escenas fueran reales. Saltzberg asesoró también el spin-off, donde Sheldon Cooper es un niño genio que entiende el mundo de una manera distinta a los demás.
Quiero decir con esto que la física en todas sus ramas, y la ciencia en general, no debería mantenerse alejada de la cotidianidad. Los demás somos seres primarios, es verdad, y la educación que recibimos, quienes no pertenecemos a este mundillo, es básica. Por eso, a menos que alguien nos traduzca ese complejo lenguaje, vemos lo científico como algo muy lejano. Y eso no está bien, porque entonces no valoramos la ciencia en toda su extensión; y si los gobiernos recortan los presupuestos científicos, no nos importa. Y si los programas de los candidatos no incluyen nada sobre ciencia, no lo objetamos.
Afortunadamente cada vez hay más libros de ciencia enfocados en los niños. Lucky Bond o Mira Emberleigh son dos de los autores de astrofísica para niños, en tanto que Raven Davis o Ellie A. Nath son autores de libros de física cuántica para menores de edad.
Le preguntaban a Saltzberg: “¿Es fácil explicar contenidos complejos a personas comunes y corrientes?” Y él respondía remitiéndose a la serie: “Parece fácil porque lo hacen parecer fácil, pero no lo es… Al final es algo emocional y universal, y la ciencia que lo rodea es la particularidad que hace especiales a los personajes y los vuelve más parecidos a una persona real”.
Se preguntará uno si los científicos son raros, pero Saltzberg también tiene una explicación para ello: “Yo siento que son personas reales en un mundo real. No hay personas iguales, una vez que las conoces bien”.
Por supuesto, aunque también es verdad que aquellas personas capaces de desarrollar investigaciones complejas, como Ordóñez y Torres, tienen toda nuestra admiración y su ejemplo debería marcar un punto de inflexión sobre aquella frase de Nye: “La ciencia es la clave de nuestro futuro”.

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