La Espriella, Tumaco: el lugar simbólico para el empalme territorial del presidente electo

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El presidente electo Abelardo de la Espriella ha planteado que su gobierno debe escuchar a las regiones y construir desde la provincia. Si esa declaración quiere convertirse en un gesto político real, Nariño tiene una propuesta concreta: que una de las jornadas de empalme territorial se realice en La Espriella, corregimiento de Tumaco.

Sería un acto cargado de historia, simbolismo y sentido territorial. La Espriella representa un punto estratégico del Pacífico nariñense, conectado con la vía Pasto-Tumaco y con los grandes desafíos del departamento: seguridad, infraestructura, frontera, economía legal, conectividad y presencia efectiva del Estado.

Pero también representa una memoria familiar e histórica que conecta el apellido del presidente electo con el proceso de construcción regional de Nariño.

Una historia que une apellido y territorio

El valor simbólico de La Espriella tiene una raíz histórica. El lugar está vinculado a la presencia de la familia De la Espriella en la región y, de manera especial, a Bernardo de la Espriella Navarro, bisabuelo del presidente electo Abelardo de la Espriella.

El historiador Enrique Herrera Enríquez, a partir de una revisión de su libro Antecedentes y Creación del Departamento de Nariño, ha recordado la activa participación de Bernardo de la Espriella en el proceso político, económico e intelectual que rodeó la creación del departamento. Según Herrera, fue un personaje de gran iniciativa, vinculado al comercio, la minería, la industria harinera, la prensa y la dirigencia liberal de Pasto.

Herrera destaca que Bernardo de la Espriella aparece en documentos del siglo XIX como prefecto del Caquetá, redactor de El Correo del Sur, dirigente liberal y promotor de iniciativas empresariales como la Compañía de Transporte. También recuerda que fue reconocido por su aporte a la modernización productiva de Pasto, entre otras razones por la introducción de molinos metálicos que reemplazaron los antiguos molinos de piedra.

La lectura de Herrera permite entender que el apellido De la Espriella no llega a Nariño como una referencia externa o reciente. Hace parte de una historia regional asociada a los debates sobre autonomía, desarrollo, infraestructura y creación del Departamento de Nariño.

En la misma línea, el periodista y escritor Pablo Emilio Obando Acosta, en su artículo “Bernardo De La Espriella: el decimista olvidado”, plantea que la creación del Departamento de Nariño en 1904 fue uno de los procesos de reorganización territorial más importantes de la historia política colombiana. Obando sostiene que Bernardo de la Espriella debe ser reconocido como uno de los actores civiles y empresariales que contribuyeron al proyecto autonomista del sur caucano.

Obando señala que la historiografía regional ha privilegiado figuras como Samuel Jorge Delgado, Manuel María Rodríguez, Tomás Hidalgo Calvache, Julián Buchely y Fray Ezequiel Moreno Díaz. Sin embargo, también hubo empresarios, periodistas y dirigentes civiles que promovieron la modernización económica y fortalecieron una identidad regional diferenciada frente a Popayán y al antiguo Estado Soberano del Cauca. En ese grupo ubica a Bernardo de la Espriella, un cartagenero avecindado en Pasto que articuló política, prensa, comercio e industria.

Para Obando, Bernardo de la Espriella representa una visión estratégica del desarrollo regional basada en la integración comercial, la modernización industrial, el fortalecimiento institucional, la autonomía administrativa y la conexión del sur con los mercados nacionales. Esa lectura resulta vigente hoy, cuando Nariño continúa reclamando infraestructura, conectividad, comercio fronterizo, inversión nacional y presencia efectiva del Estado.

Tumaco, la provincia y el mensaje al centro

Realizar un empalme territorial en La Espriella tendría un mensaje claro para Colombia: el nuevo gobierno no mirará a las regiones únicamente desde las capitales departamentales ni desde los salones del poder central. Irá también a los corregimientos, a los corredores estratégicos y a los territorios donde se cruzan la historia, el abandono y la esperanza.

Por eso, un empalme en La Espriella debería convertirse en una mesa de trabajo real, con presencia de la Gobernación de Nariño, la Alcaldía de Tumaco, alcaldes del departamento, comunidades afrodescendientes, pueblos indígenas, juntas de acción comunal, empresarios, universidades, iglesias, jóvenes, mujeres lideresas, Fuerza Pública y representantes del gobierno entrante.

La agenda debería incluir seguridad territorial, vía Pasto-Tumaco, conectividad digital, puerto, educación superior, empleo juvenil, protección de líderes sociales, sustitución de economías ilegales, turismo, pesca, cacao, coco, cultura, gastronomía y fortalecimiento institucional.

La visita a La Espriella tendría sentido si de allí sale una hoja de ruta para Nariño, con proyectos priorizados, cronograma verificable, responsables institucionales y seguimiento ciudadano.

El presidente electo tendría allí la oportunidad de unir tres dimensiones: su historia familiar, la memoria política de Nariño y los retos actuales del Pacífico. Sería una manera de decir que el pasado no se recuerda solo con palabras, sino con decisiones.

Bernardo de la Espriella, en las lecturas de Enrique Herrera Enríquez y Pablo Emilio Obando Acosta, aparece como un hombre que entendió que el sur necesitaba autonomía, integración económica, modernización y capacidad de interlocución nacional. Más de un siglo después, esas demandas siguen vivas.

La invitación es concreta: que el presidente electo Abelardo de la Espriella incluya a La Espriella, Tumaco, dentro de su agenda de empalmes territoriales.

Que no sea una visita de cortesía, sino una jornada de compromisos.

Que no sea una tarima, sino una mesa.

Si el nuevo gobierno quiere demostrar que construir desde las regiones será una decisión y no una frase, La Espriella es el lugar indicado. Allí se encuentran la historia, la provincia, el Pacífico, el apellido y una deuda nacional que no puede seguir aplazándose.

Nariño no pide un gesto simbólico vacío. Pide ser escuchado desde el inicio. Y La Espriella, en Tumaco, puede ser el punto de partida para demostrar que Colombia también se gobierna desde sus regiones.

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