La vía que desciende desde Catambuco hacia Pasto no representa únicamente seis kilómetros de congestión, accidentes y promesas aplazadas. También resume una antigua deuda del poder central con Nariño. El Gobierno de Gustavo Petro llegará al 7 de agosto sin haber financiado completamente la segunda calzada y dejará al presidente electo, Abelardo De La Espriella, la oportunidad de convertir ese incumplimiento en una obra histórica.
Aquí revelamos que la Agencia Nacional de Infraestructura, ANI, dispone de aproximadamente 151.000 millones de pesos para el proyecto, aunque la prefactibilidad calculó que se necesitarían cerca de 455.000 millones. La diferencia supera los 300.000 millones de pesos y podría aumentar cuando concluyan los estudios y diseños definitivos. No existe, por tanto, cierre financiero para construir toda la intervención.
La segunda calzada está proyectada entre los kilómetros PR77+600 y PR83+000 del corredor Rumichaca–Pasto. Es una obra esencial para descongestionar el acceso sur a la capital nariñense, mejorar la conexión con Ipiales y facilitar el transporte de pasajeros, alimentos y mercancías hacia la frontera con Ecuador.
Petro tuvo cuatro años para impulsar una solución integral. Sin embargo, su administración deja estudios en desarrollo, recursos parciales y nuevas controversias. En lugar de presentar financiación asegurada, el mandatario responsabilizó al alcalde de Pasto por decisiones relacionadas con la valorización. Para los nariñenses, la explicación llegó tarde y fue calificada como absurda: el problema principal continúa siendo que no hay dinero suficiente, ni voluntad política, ni contrato de construcción ni fecha definitiva de entrega.
La llegada de Abelardo De La Espriella a la Presidencia abre una posibilidad diferente. Su Gobierno podría concluir los diseños, asegurar los recursos faltantes, estructurar la contratación e iniciar una construcción que durante el petrismo permaneció atrapada entre anuncios, documentos y mesas técnicas.
Si logra financiarla completamente y entregarla durante su mandato, la vía podría recibir el nombre de doble calzada De La Espriella.
La propuesta no tendría que entenderse solamente como un homenaje al presidente que consiguiera ejecutar la obra. El apellido también permitiría reconocer a Bernardo De La Espriella, empresario, comerciante, periodista y dirigente liberal que se estableció en Pasto a finales del siglo XIX y que, según las reseñas históricas publicadas sobre su familia, fue bisabuelo del presidente electo.
Bernardo De La Espriella participó en las redes políticas, económicas e intelectuales que respaldaron la autonomía del sur caucano y la creación del Departamento de Nariño en 1904. Además, impulsó la modernización de la industria harinera mediante la introducción de molinos metálicos y promovió iniciativas de transporte regional destinadas a mejorar las comunicaciones comerciales del sur.
El simbolismo sería poderoso: más de un siglo después, uno de sus descendientes tendría la oportunidad de continuar esa visión de integración territorial mediante una carretera estratégica. El bisabuelo ayudó a imaginar un Nariño autónomo, productivo y conectado; el presidente electo podría dejar como legado una infraestructura capaz de acercar al departamento con Colombia y Ecuador.
Petro dejará la doble calzada incompleta en el papel y sin financiación integral. Abelardo De La Espriella recibirá una oportunidad que también será una prueba: demostrar que Nariño puede ocupar un lugar central en las prioridades nacionales.
Si consigue terminarla, la doble calzada De La Espriella podría honrar dos legados unidos por un mismo apellido: el de Bernardo, quien ayudó a construir la identidad económica y política de Nariño, y el del presidente que finalmente habría convertido una promesa aplazada en una carretera real.




