Durante cerca de tres décadas, Víctor Hugo Villota Alvarado ha hecho de la educación una herramienta de transformación social. Tras diez años al frente de la Universidad Cooperativa de Colombia, Campus Pasto, deja una institución fortalecida en salud, investigación, infraestructura y conexión con el territorio. Pero, por encima de las cifras, Villota prefiere medir su gestión en historias: jóvenes que fueron los primeros profesionales de sus familias, campesinos que encontraron nuevas oportunidades alrededor del café y egresados que transformaron sus condiciones de vida.
Hay una imagen que resume buena parte de lo que Víctor Hugo Villota entiende por universidad. No ocurre en un auditorio, tampoco durante una ceremonia académica. Sucede en el campo nariñense.
En una escuela rural, adolescentes de apenas 15 años hablan de café, emprendimiento y futuro. Algunos ya tienen su propia marca: Café Alma Joven. En otro punto del departamento, en la vereda El Sauce, en La Unión, un laboratorio permite que jóvenes se capaciten, descubran las posibilidades de su territorio y comiencen a proyectarse como baristas, catadores y pequeños empresarios.
Para Villota, allí adquiere sentido una expresión que suele quedarse en los documentos académicos: apropiación social del conocimiento.
Es integrar la universidad con la comunidad, llevar el conocimiento hasta el territorio y ofrecer soluciones que permanezcan cuando termine un proyecto. Los laboratorios quedan para la gente. El conocimiento también. Pero, sobre todo, queda una posibilidad de futuro para los jóvenes.
Ese propósito sintetiza una trayectoria de 28 años vinculada a la Universidad Cooperativa de Colombia, una institución a la que Villota ingresó en enero de 1999 como coordinador académico de la Facultad de Odontología. En julio de 2001 asumió como decano, responsabilidad que ejerció durante cerca de 15 años; entre 2013 y 2016 fue además decano nacional de las facultades de Odontología de la institución.

De la odontología al liderazgo universitario
Su recorrido institucional estuvo acompañado de responsabilidades nacionales. Durante su etapa como decano, la Facultad de Odontología alcanzó la acreditación de alta calidad y fortaleció su articulación regional, nacional e internacional. Villota también presidió en Colombia la Academia Internacional de Odontología Integral y durante diez años estuvo vinculado al Tribunal Nacional de Ética Odontológica, organismo que llegó a presidir.
En julio de 2016 asumió la dirección del Campus Pasto con un propósito: posicionar a la universidad en un lugar relevante dentro del escenario regional y nacional. Diez años después, su balance muestra una institución que amplió considerablemente sus capacidades.
Uno de los campos de mayor crecimiento ha sido la salud. La Universidad Cooperativa consolidó en Pasto los programas de Medicina, Odontología y Enfermería, además de posgrados clínicos y especializaciones médico-quirúrgicas en áreas como medicina interna, psiquiatría, ginecología y pediatría.
Pero la transformación que Villota destaca no se limita a abrir programas académicos. Su concepción de universidad implica preguntarse permanentemente para qué y para quién se produce conocimiento.
Y allí aparece Nariño.

Una universidad que decidió mirar al café
Si existe un producto capaz de sintetizar la relación entre universidad, ciencia y territorio durante esta etapa es el café.
“Somos la universidad del café”, afirma Villota.
La frase está respaldada por una apuesta institucional. En los últimos cinco años, según su balance, la Universidad consiguió cerca de 22 mil millones de pesos en proyectos del Sistema General de Regalías vinculados con ciencia, tecnología e investigación. El Campus cuenta con laboratorio de café, laboratorio de bioprocesos para procesos como la fermentación y una especialización en producción y comercio de café. Los proyectos han llegado a diferentes municipios del departamento.
Sin embargo, para Villota la importancia del proceso se comprende mejor lejos del campus.
En las zonas cafeteras encontró una de las experiencias que más lo han marcado como directivo: jóvenes rurales que comenzaron a mirar el café no solamente como el cultivo tradicional de sus padres o abuelos, sino como una oportunidad empresarial.
“Hacer apropiación social del conocimiento y enamorar a los jóvenes para que se queden en los campos aprovechando ese café que es el mejor café del mundo”, explica.
La experiencia de Café Alma Joven lo emocionó particularmente. Encontrar niñas y jóvenes de 15 años con una marca propia, hablando de su emprendimiento y mostrando entusiasmo por desarrollar un producto nacido en su territorio representa, para él, mucho más que el resultado de un proyecto académico.
Significa que un joven puede comenzar a imaginar su futuro sin abandonar necesariamente el campo.
El laboratorio que comenzó a cambiar decisiones
En la vereda El Sauce, en zona rural de La Unión, esa apuesta adquirió una dimensión todavía más profunda.
La Universidad instaló allí un laboratorio mediante un proyecto de ciencia. Cuando el equipo regresó al territorio, la comunidad expresó su agradecimiento porque el espacio estaba permitiendo que jóvenes se capacitaran y desarrollaran emprendimientos relacionados con el café.
Algunos empezaron a proyectarse como baristas y catadores.
El contexto hace que el resultado tenga un significado especial. Villota recuerda que son territorios cercanos a zonas atravesadas por economías ilícitas y múltiples vulnerabilidades sociales. Para muchos jóvenes rurales, las alternativas pueden reducirse dramáticamente entre migrar hacia las ciudades, terminar en cinturones de pobreza o ser atraídos por actividades ilegales.
El café comienza entonces a representar otra posibilidad.
“Para nosotros vale oro ver cómo se están ahora convirtiendo en pequeños empresarios”, resume.
La universidad deja de ser, bajo esa mirada, un edificio al que los estudiantes deben llegar. Es la institución la que también debe desplazarse hacia las comunidades.
Conocimiento que se queda en el territorio
Esa filosofía permite entender uno de los ejes centrales de la gestión de Villota: acercar la academia a los problemas reales de Nariño.
El conocimiento no debería terminar únicamente convertido en un artículo científico, una investigación o un indicador institucional. Tiene que generar capacidades.
“Apropiación social del conocimiento es integrarse con la comunidad, dar soluciones”, señala.
Por eso concede tanta importancia a que los laboratorios obtenidos mediante los proyectos permanezcan en las comunidades: “Quedan para la comunidad. Son para ellos”.
La apuesta por el café se complementó con iniciativas de proyección social y articulación institucional. Durante su administración, la Universidad fortaleció sus relaciones con empresarios, gremios e instituciones públicas y privadas. También participó en la creación del Consejo Gremial y Empresarial de Nariño y fortaleció su dimensión binacional mediante la red de universidades Ecuador-Colombia, integrada por cerca de 35 instituciones.
Una transformación que también se construyó hacia adentro
Los diez años de dirección también dejaron una transformación física del Campus Pasto.
Villota señala que los excedentes institucionales fueron reinvertidos y que durante este periodo se realizaron cerca de 40 obras de infraestructura, entre laboratorios, nuevos ambientes prácticos de aprendizaje, plazoleta, salas de juntas y auditorios puestos al servicio de la comunidad universitaria.
La infraestructura, sin embargo, aparece en su relato como un medio y no como el resultado definitivo.
Porque cuando se le pregunta hacia dónde debe avanzar la Universidad, vuelve a hablar de los jóvenes.
Villota considera que la educación superior enfrenta una transformación profunda. Las nuevas generaciones no necesariamente quieren recorrer los mismos caminos académicos tradicionales. Por ello plantea que la Universidad debe mantenerse conectada con las necesidades regionales y desarrollar programas novedosos, pertinentes y más cortos, incluyendo microcredenciales y formación en nuevos oficios.
Es, nuevamente, la universidad adaptándose al estudiante y al territorio, y no al contrario.
“La felicidad de los muchachos vale todo el esfuerzo”
Al final de una trayectoria directiva pueden quedar edificios, acreditaciones, programas, laboratorios, convenios y cifras. Villota reconoce su importancia, pero cuando debe escoger el recuerdo que se lleva después de casi tres décadas dedicadas a la educación, habla de personas.
Habla de encontrarse con sus egresados.
De verlos realizados, con trabajo, proyectos y familias. Especialmente recuerda a aquellos jóvenes que llegaron a la Universidad siendo la primera generación de sus familias que podía acceder a la educación superior. Jóvenes cuyos padres y madres nunca habían podido tener un profesional en casa y que encontraron en la educación una posibilidad de movilidad social.
Villota relata que muchos ingresaron desde hogares de estratos bajos y que, gracias a su formación y posterior inserción laboral, consiguieron mejorar sus condiciones económicas. Esa transformación constituye para él uno de los resultados más importantes de todo el trabajo realizado.
Por eso, cuando mira hacia atrás, su balance termina siendo profundamente humano:
“La felicidad de los muchachos, para mí, vale la pena todo el esfuerzo que hemos hecho”.
Quizá allí esté el legado más importante de Víctor Hugo Villota en la Universidad Cooperativa de Colombia Campus Pasto.
No solamente en haber contribuido a consolidar una universidad con mayor infraestructura, investigación, programas de salud o presencia institucional, sino en defender durante casi tres décadas una convicción: que la educación tiene sentido cuando transforma vidas y cuando el conocimiento sale de las aulas para transformar también el territorio.
En una escuela rural, una joven de 15 años sostiene hoy su propia marca de café y sueña con convertirla en empresa. En otra vereda, muchachos aprenden a catar, preparar y transformar el grano que cultivan sus familias.
Son historias pequeñas frente a las grandes cifras de una universidad.
Pero probablemente sean la mejor manera de medir el impacto de una vida dedicada a educar.




