Pablo Emilio Obando A.
Yacuanquer se apresta a vivir un momento histórico de suma trascendencia.
Durante septiembre y octubre, este municipio nariñense prepara una programación destinada a conmemorar su efeméride, pero también a rescatar una memoria que durante demasiado tiempo ha permanecido en los márgenes de la gran historia regional. Porque hablar de Yacuanquer es hablar, inevitablemente, de Pasto.
Los antiguos anales, documentos y estudios históricos sitúan en el valle de Guaguanquera, territorio que hoy corresponde a Yacuanquer, uno de los episodios fundamentales del proceso de poblamiento y fundación de San Juan de Pasto.
Los Anales del Concejo Municipal de Pasto llegan incluso a señalar el 12 de octubre de 1539 como una fecha vinculada a aquella primera población de Pasto en Yacuanquer.
La Academia Colombiana de Historia recoge, igualmente, la tradición según la cual Lorenzo de Aldana habría fundado la Villaviciosa de Pasto en la llanura de Yacuanquer. Después vendría el traslado hacia el Valle de Atriz.
La historia, sin embargo, exige prudencia: el acta original de fundación no ha sido localizada y existen distintas interpretaciones sobre fechas, protagonistas y circunstancias.
Pero una cosa parece indiscutible: Yacuanquer ocupa un lugar fundamental en la historia temprana de Pasto. Y justamente allí reside la grandeza de esta celebración.
El alcalde Julio Insuasti ha entendido que no basta con organizar una fiesta más. Su propósito es convertir la efeméride en un acontecimiento cultural, académico e histórico que pueda institucionalizarse y crecer con los años.
Para ello ha convocado a intelectuales, gestores culturales, académicos, historiadores y representantes de distintas instituciones.
Se proyectan conferencias, encuentros, exposiciones, reconocimientos y actividades culturales que permitan que septiembre y octubre sean meses de memoria y orgullo yacuanquereño.
Habrá también un reconocimiento especial a exalumnos de la institución educativa del municipio y a hombres y mujeres que han contribuido a engrandecer el nombre de esta tierra.
Pero hay un homenaje que tendrá una significación particular.
Yacuanquer recibirá —si las circunstancias lo permiten— a una de sus hijas más ilustres: la jurista Emérita del Socorro Mora Insuasty, recientemente elegida magistrada de la Sala Especial de Primera Instancia de la Corte Suprema de Justicia. La noticia merece ser contada con orgullo.
El pasado 23 de julio, la Sala Plena de la Corte Suprema eligió a Mora Insuasty y a Paula Andrea Ramírez Barbosa como nuevas magistradas de esa Sala.
Con ellas, por primera vez, dicha Sala quedó integrada exclusivamente por mujeres.
La nueva magistrada yacuanquereña llega a la máxima instancia de la justicia ordinaria después de una extensa trayectoria profesional.
Abogada egresada de la Universidad de Nariño, posee especializaciones en Ciencias Penales y Criminológicas, Docencia Universitaria, Derechos Humanos, Derecho Administrativo, Derecho Probatorio y Casación Penal, además de maestrías en Ciencias Penales y Criminológicas y Derecho Probatorio.
Fue magistrada de la Sala Penal del Tribunal Superior de Cali y desempeñó durante años responsabilidades como fiscal delegada y directora seccional de Fiscalías.
Hoy, una mujer nacida en Yacuanquer ocupa un lugar de enorme responsabilidad en la justicia colombiana.
No es un dato menor. Es la demostración contemporánea de que la grandeza de un pueblo no se mide únicamente por la antigüedad de sus calles, sino también por la calidad de los hombres y mujeres que ha entregado al país. Por eso resulta tan significativo que su municipio natal quiera recibirla.
Yacuanquer también prepara gestiones para que el Congreso de la República, la Asamblea Departamental y otras instituciones reconozcan públicamente su importancia histórica.
La Universidad de Nariño tendrá igualmente un papel especial en esta celebración. No solamente por su condición de institución fundamental de la educación superior de Nariño, sino porque su actual rectora, Martha Sofía González Insuasti, representa también un vínculo académico y humano con esta tierra.
La Academia Nariñense de Historia está llamada a ocupar otro lugar central.
Porque si Yacuanquer quiere convertir su celebración en una verdadera política de memoria, tendrá que hacerlo desde la investigación, desde los documentos y desde la discusión académica.
No se trata de inventar una historia. Se trata de recuperar la que existe. Y de investigar aquella que todavía espera nuevas respuestas. Pero Yacuanquer no vive solamente de sus recuerdos.También quiere mostrar lo que es hoy. Por eso el café tendrá un lugar especial.
La producción cafetera representa una de las expresiones económicas y culturales más importantes del municipio, con cafés de alta calidad que han alcanzado reconocimientos y mercados más allá de las fronteras de Nariño.
Será, entonces, una celebración de la historia, pero también del presente y del futuro.
Historia, educación, justicia, cultura, café, memoria y talento humano. Todo ello cabe en Yacuanquer. Y existe una coincidencia que merece ser resaltada. El 12 de octubre, fecha universalmente vinculada al encuentro de dos mundos, aparece también en los antiguos anales como la fecha asociada a aquella población de Pasto en Yacuanquer en 1539.
El calendario parece querer recordarnos que algunos pueblos tienen fechas y otros tienen destinos. Yacuanquer tiene ambos. Por eso la iniciativa del alcalde Julio Insuasti merece ser acompañada y valorada.
Si esta celebración logra convertirse en una tradición anual, con investigación histórica, participación académica, cultura, turismo, gastronomía, café y reconocimiento a sus hijos ilustres, Yacuanquer habrá hecho algo más que celebrar un aniversario.
Habrá comenzado a construir una política permanente de memoria. Y quizá esa sea la mejor manera de entender su relación con Pasto. Yacuanquer no pretende quitarle historia a Pasto. Pretende devolverle una parte de ella.
Porque Pasto pudo trasladarse al Valle de Atriz. Pero una parte fundamental de su historia quedó para siempre en estas montañas. Allí, donde alguna vez se llamó Guaguanquera. Allí, donde comenzó a caminar una ciudad que con el tiempo se convertiría en la capital de Nariño. Allí está Yacuanquer. Antiguo, orgulloso, fértil y vivo.
Y ahora dispuesto a contarle nuevamente al departamento que la historia también tiene memoria.
Feliz aniversario, Yacuanquer.
Que esta vez la celebración no termine cuando se apaguen las luces.
Que comience, precisamente, cuando empiece a encenderse la memoria.




