Fernanda Enríquez: escribir para contar, sanar y dar voz a las mujeres

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Desde niña encontró en los diarios una manera de narrar aquello que no podía decir en voz alta. Hoy, Fernanda Enríquez ha convertido la escritura en un oficio atravesado por las historias de las mujeres, las violencias, la memoria, las ausencias y su propia experiencia de vida.

Fernanda Enríquez escribe prácticamente desde que aprendió a hacerlo. Antes incluso de ingresar a la escuela, su madre le había enseñado a leer y a unir palabras. A los cinco o seis años ya llevaba diarios en los que registraba sus pensamientos más íntimos.

Muchos de aquellos cuadernos terminaron rotos, quemados o en la basura. Le preocupaba que sus hermanos o su familia descubrieran sus secretos infantiles. Sin saberlo, allí comenzaba una relación con la escritura que la acompañaría durante toda su vida.

“Siempre estuvo ahí ese impulso de escribir y siempre fue un poco narrativo, porque siempre fue contar, contar, contar”, recuerda.

De los diarios a la literatura

Licenciada en Lengua Castellana y Literatura, Enríquez comenzó a asumir la escritura de manera profesional alrededor de 2015. Su trabajo de grado fue también el origen de su primer libro de no ficción, construido a partir de entrevistas realizadas en un barrio periférico.

Ese ejercicio terminó definiendo buena parte de su mirada como escritora: las historias de otras mujeres.

Quería saber qué significaba ser mujer en esos territorios, cómo eran las relaciones familiares y de pareja y qué situaciones enfrentaban en su cotidianidad. Las respuestas la llevaron hacia relatos marcados, en muchos casos, por distintas formas de violencia.

“Yo me doy cuenta que a Fernanda le interesan las otras mujeres”, explica.

Desde entonces, las violencias contra las mujeres y la manera como ellas experimentan la sociedad se convirtieron en asuntos recurrentes de su escritura.

Escribir todos los días

Para Fernanda, escribir no depende exclusivamente de la inspiración. Es un hábito cotidiano. Continúa llevando un diario y tiene además una práctica particular: cada mañana intenta reconstruir los sueños que recuerda y escribirlos antes de que desaparezcan de la memoria.

Su creación literaria tampoco se detiene. Actualmente trabaja en un libro de cuentos y en una micronovela que recorre una línea temporal entre ella y su madre, su nacimiento y la vida materna.

Entre sus principales referentes contemporáneos está la escritora ecuatoriana María Fernanda Ampuero, especialmente por la crudeza con la que aborda la sociedad y la experiencia de las mujeres. El cuento Subasta, incluido en Pelea de gallos, fue uno de los textos que más la impactó.

“Es más difícil creerse”

Enríquez plantea una reflexión sobre las dificultades que enfrentan las mujeres que escriben. Para ella, una de las primeras barreras aparece incluso antes de publicar: reconocerse a sí mismas como escritoras.

Durante su formación académica, buena parte de los grandes referentes que encontró pertenecían al canon masculino: Borges, Benedetti, Neruda o Gabriel García Márquez. Encontrar escritoras con quienes identificarse implicó una búsqueda propia.

“Es más difícil creerse, porque nosotras tenemos síndrome de la impostora”, señala.

Esa experiencia también la ha encontrado entre otras autoras: mujeres que escriben pero consideran que sus textos nunca deberían publicarse. En su criterio, la falta histórica de referentes femeninos continúa teniendo efectos sobre quienes intentan abrirse camino en la literatura.

Frío Sur, la voz de Fernanda

A partir de 2020 comenzó a participar en convocatorias de estímulos culturales y obtuvo reconocimiento con uno de sus cuentos. En 2023 presentó una versión revisada y editada del libro que había nacido de su trabajo universitario.

Un año después escribió Frío Sur, una obra de no ficción que considera uno de sus trabajos más importantes.

Frío Sur es todo lo que Fernanda quiere decir”, afirma.

El libro reúne diatribas, monólogos, fragmentos de diario y textos que incluso se acercan a las columnas de opinión. Esa hibridez le permitió construir una obra en la que siente representada su propia voz.

En 2025 ocurrió algo diferente. Algunos textos nacieron de su diario personal durante un momento emocional difícil. Cuando apareció una convocatoria de estímulos decidió presentarlos, aunque inicialmente no tenía intención de publicar un material tan íntimo. El proyecto resultó ganador.

La experiencia también la llevó a conocer otra dimensión del oficio: buscar editora, pensar una cubierta, tramitar el ISBN, trabajar la diagramación y comprender todo el proceso necesario para convertir un manuscrito en un libro. Es un aprendizaje que conecta con otro de sus proyectos: algún día tener su propia editorial.

La ausencia convertida en escritura

Hay una experiencia que atraviesa profundamente su historia personal. Cuando Fernanda tenía 12 años murió su padre.

Ella define ese momento como el nacimiento de su “herida esencial”: un antes y un después entre la vida junto a alguien que se ama y la certeza de que esa persona ya no regresará.

Durante años pensó que debía permanecer vinculada al sufrimiento provocado por esa ausencia. Con el tiempo y mediante un proceso terapéutico comprendió que podía continuar con su vida sin desconocer el dolor ni la importancia de aquella pérdida.

La escritura terminó convirtiéndose en una manera de relacionarse con esa ausencia.

“De pronto puedes llenar esa ausencia con la escritura y con algo que creas que te da vida”, reflexiona.

Y en su caso no hay dudas sobre qué ha ocupado ese lugar.

“A mí la escritura me ha dado mucha vida”.

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