Escuchando nota
Pablo Emilio Obando A.
Nariño no está para paros. Y decirlo hoy no es cobardía: es sensatez. No estamos para convertir nuestras carreteras en trincheras políticas.
No estamos para cerrar el comercio, paralizar las empresas ni castigar al ciudadano. Mucho menos para convertir nuestra fragilidad económica en instrumento de una disputa nacional.
La advertencia presidencial al gobernador de Nariño abrió una discusión necesaria. El presidente Abelardo de la Espriella sostuvo que ningún gobernador puede negociar por su cuenta con estructuras armadas. El gobernador Luis Alfonso Escobar respondió defendiendo su visión de paz territorial y negó negociaciones clandestinas. Hasta allí, estamos frente a una controversia política e institucional. Pero entonces apareció una propuesta que puede resultar mucho más peligrosa para Nariño.
El expresidente Gustavo Petro pidió respaldar al gobernador mediante un paro cívico.
¿Un paro?
¿Precisamente en Nariño?
¿Precisamente ahora?
No, señor expresidente.
Nariño no está para paros.
Este departamento ha sufrido demasiado con los bloqueos. Sabemos cuánto cuesta una carretera cerrada. Sabemos cuánto pierde el campesino que no puede sacar su cosecha. Sabemos cuánto pierde el comerciante que no puede vender.
Sabemos cuánto pierde el empresario que no puede producir. Sabemos cuánto pierde el trabajador cuando la empresa deja de operar.
Y sabemos, también, que cada bloqueo termina golpeando al más pobre.
Por eso sería un verdadero harakiri económico paralizar Nariño para defender una discusión política. Sería como incendiar nuestra propia casa para protestar porque alguien pretende cambiarle las cerraduras. El remedio podría terminar siendo infinitamente peor que la enfermedad.
La paz territorial merece discusión, vigilancia y participación ciudadana. Pero la paz no necesita destruir la economía para ser defendida.
Si existen diferencias jurídicas, existen las instituciones. Si existen diferencias políticas, existen los escenarios democráticos. Si existen discrepancias sobre los procesos de paz, deben discutirse públicamente. Y si existen responsabilidades que investigar, existen los organismos competentes.
Lo que no podemos hacer es convertir a Nariño en campo de batalla de una confrontación política nacional.
Aquí necesitamos exactamente lo contrario: carreteras abiertas, comercio activo, empresas funcionando, escuelas abiertas, universidades trabajando y campesinos produciendo.
Necesitamos inversión, empleo, seguridad y oportunidades.
Nariño necesita gobernantes sensatos.
Necesita dirigentes que comprendan que gobernar también significa medir las consecuencias de cada palabra. Necesita gremios capaces de levantar la voz cuando cualquier decisión amenace la economía regional. Y necesita una ciudadanía que no se deje utilizar como instrumento de ninguna corriente política.
Defender la paz, sí.
Defender a Nariño, siempre.
Pero paralizarlo, jamás.
Porque una cosa es protestar por nuestros derechos y otra muy distinta es conducir al departamento hacia una crisis que después nadie podrá controlar.
Nariño no necesita un paro. Necesita trabajo, inversión, producción y oportunidades. Necesita diálogo, Constitución e institucionalidad. Necesita sensatez.
No estamos para juegos políticos.
No estamos para experimentos.
No estamos para paros.
Nariño está para trabajar.
Hago un llamado respetuoso a los gremios económicos, comerciantes, empresarios, transportadores, instituciones educativas, universidades, organizaciones sociales y demás entidades representativas de Nariño para que se pronuncien públicamente, de manera serena y responsable, frente a la posibilidad de un paro departamental. No se trata de asumir posiciones políticas, sino de defender con argumentos la estabilidad económica y social de nuestra región.
Que sean las cifras, los datos y las estadísticas las que nos permitan dimensionar lo que significaría paralizar a Nariño. Cada gremio, cada institución y cada sector tiene algo que decir y debe hacerlo pacíficamente. Es hora de levantar una voz colectiva, firme y respetuosa: Nariño necesita trabajar, producir, comerciar y progresar. Por razones económicas, sociales y humanas, Nariño no está para paros.




