Ahora sí vemos a varios dirigentes del Pacto Histórico expresar indignación y reclamar por la reducción de los recursos destinados a Nariño. La preocupación es válida y necesaria. Nadie debería celebrar una disminución presupuestal para un departamento que todavía arrastra enormes brechas en infraestructura, conectividad, salud, educación, desarrollo rural y seguridad.
Pero esa indignación también merece memoria.
Durante el gobierno de Gustavo Petro, Nariño entregó una alta votación al entonces presidente. Sin embargo, ese respaldo electoral no se tradujo en una tendencia creciente de recursos regionalizados para el departamento. Los documentos del Departamento Nacional de Planeación muestran que la inversión regionalizada pasó de $3,209 billones en 2024 a $2,882 billones en 2025 y a $2,854 billones en 2026. Es decir, en dos años la reducción fue de aproximadamente $355 mil millones frente al nivel de 2024.
Ese dato obliga a hacer una pregunta incómoda: ¿dónde estaban entonces algunas de las voces que hoy reclaman con tanta fuerza?
No se trata de justificar nuevas reducciones ni de aceptar que Nariño reciba menos recursos. Se trata de exigir coherencia. Si hoy resulta grave que el presupuesto disminuya, también debió resultar grave cuando ocurrió bajo un gobierno políticamente cercano a quienes ahora protestan.
Durante esos años, muchos dirigentes prefirieron guardar silencio, asumir los costos políticos de respaldar al Gobierno y, en términos coloquiales, “tragarse los sapos”. Pero Nariño no puede seguir dependiendo de la cercanía ideológica con el presidente de turno para saber cuándo una decisión merece protesta y cuándo debe tolerarse.
La defensa del departamento no puede ser selectiva.
Nariño necesita una bancada, no varias lealtades
Por eso resulta importante la iniciativa de la senadora Liliana Benavides de propiciar una actuación conjunta de la bancada parlamentaria de Nariño alrededor del presupuesto.
Ese debería ser el camino. Nariño necesita que sus congresistas, independientemente del partido al que pertenezcan, construyan una agenda mínima de defensa regional. El presupuesto nacional debería ser uno de esos asuntos en los que las diferencias ideológicas pasen a un segundo plano.
La discusión no debería girar alrededor de quién gobierna en Bogotá, sino de cuánto necesita Nariño para cerrar sus brechas y cuáles proyectos estratégicos deben tener continuidad.
La reducción registrada en los últimos años demuestra precisamente por qué es necesaria una bancada más articulada. Según las cifras oficiales del DNP, Nariño tuvo una regionalización de inversión por $3,209 billones en 2024; para 2025 bajó a $2,882 billones, una disminución cercana a $327 mil millones. Para 2026 volvió a caer, hasta $2,854 billones, aproximadamente $28 mil millones menos que el año anterior.
La tendencia es clara: el departamento ya venía perdiendo recursos. Por eso resulta insuficiente indignarse solamente ahora.
La coherencia también es una forma de liderazgo
Quienes representan a Nariño deberían reclamar con la misma fuerza frente a cualquier gobierno.
Si el presupuesto disminuye bajo un presidente cercano políticamente, hay que decirlo. Si disminuye bajo un presidente adversario, también. Si un proyecto estratégico se retrasa, debe reclamarse sin preguntar primero cuál partido ocupa la Casa de Nariño.
La ciudadanía necesita dirigentes capaces de poner los intereses territoriales por encima de las obediencias partidistas. Eso no significa desconocer las inversiones que sí llegaron durante el gobierno anterior ni negar programas importantes desarrollados en el departamento. Significa aceptar que los números también cuentan una historia y que, en materia de regionalización de la inversión nacional, Nariño experimentó una disminución entre 2024 y 2026.




