365 razones para apoyar un emprendimiento editorial

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Pablo Emilio Obando A.
La humanidad ha aprendido a medir la riqueza de las naciones, la velocidad de sus máquinas y la profundidad de sus conocimientos; sin embargo, todavía no ha conseguido aprender, con la misma eficacia, a proteger la casa que habita. En esa contradicción se encuentra una de las grandes paradojas de nuestro tiempo: sabemos cada vez más sobre el planeta, pero no siempre actuamos en consecuencia. Mientras los bosques retroceden, las fuentes de agua se deterioran y la biodiversidad enfrenta amenazas crecientes, una pregunta adquiere particular importancia: ¿cómo convertir la conciencia ambiental en una conducta cotidiana?
La respuesta quizá no se encuentre exclusivamente en los grandes discursos ni en los acuerdos internacionales, sino también en las acciones aparentemente pequeñas que repetimos cada día. Es precisamente en ese territorio, donde la educación se encuentra con la voluntad y el conocimiento se transforma en hábito, donde adquiere significado la labor de Ana Lorena Caicedo Bolaños, ingeniera ambiental egresada de la Universidad Mariana, con formación de posgrado en Gerencia del Medio Ambiente de la Universidad ICESI.
Su trabajo en gestión de residuos sólidos, producción limpia y restauración ecológica expresa una convicción que merece reconocimiento: la defensa de la naturaleza exige conocimiento técnico, sensibilidad humana y capacidad para movilizar voluntades. Como representante legal de la Fundación ECOCIUDAD —Haciendo Eco—, ha participado en iniciativas que buscan traducir la preocupación ambiental en acciones concretas en el departamento de Nariño.
No se trata solamente de hablar de ecología, sino de llevarla al territorio, convocar comunidades, promover la siembra de especies vegetales y contribuir a la formación de una ciudadanía más consciente de su relación con el entorno.
Una publicación de Página10, del 12 de septiembre de 2026, destacó su participación en una jornada de restauración y siembra de más de 200 especies vegetales en la vereda Zaragoza, municipio de Yacuanquer, con la intervención de la Fundación EcoCiudad, el Ejército Nacional y la comunidad. Años antes, en 2022, Diario del Sur había registrado la participación de EcoCiudad en una actividad ambiental en Chachagüí, donde se sembraron más de 400 especies en la Reserva Natural Matarredonda. Son experiencias que permiten comprender el alcance práctico de la educación y la cooperación ambiental.
Pero hay una dimensión adicional en el trabajo de Ana Lorena que merece ocupar un lugar especial: su apuesta por la palabra escrita como instrumento de transformación cultural.
“365 días para ser más eco” es el título de su obra, un proyecto editorial que busca acompañar al lector durante todo el año con mensajes, reflexiones y propuestas para construir una relación más responsable con la naturaleza.
El libro permanece inédito. Su publicación, por tanto, constituye un desafío que trasciende el interés personal de una autora y se convierte en una oportunidad para fortalecer la educación ambiental en Pasto y Nariño.
De acuerdo con la propuesta presentada, cada jornada ofrece la posibilidad de incorporar una nueva práctica, revisar una costumbre o descubrir una manera distinta de relacionarnos con el mundo natural. La idea es tan sencilla como profunda: no basta con reconocer que el planeta necesita protección; es indispensable aprender cómo contribuir a ella desde nuestros hogares, lugares de trabajo, instituciones educativas y comunidades.
La obra propone 365 acciones cotidianas, acompañadas de fechas ambientales significativas, datos de interés, frases inspiradoras y recursos pedagógicos. Incorpora, además, herramientas interactivas mediante códigos QR que permiten acceder a contenidos prácticos, entre ellos orientaciones para crear huertas caseras, cuidar las plantas y explorar alternativas naturales. Sus ejercicios de autoevaluación invitan al lector a examinar sus propios hábitos y reconocer las posibilidades de mejoramiento.
Hay en esta estructura una intención educativa que merece destacarse. El conocimiento ambiental no debería permanecer encerrado en las aulas, los informes técnicos o las celebraciones conmemorativas. Necesita llegar a la mesa familiar, al mercado, al jardín, a la escuela y a cada espacio donde una decisión humana pueda representar una oportunidad para cuidar la vida.
Separar adecuadamente los residuos, reducir el consumo innecesario, evitar los plásticos de un solo uso cuando existen alternativas viables, ahorrar agua, proteger los árboles y respetar la fauna son acciones que, consideradas individualmente, pueden parecer modestas. Sin embargo, cuando se convierten en hábitos compartidos, contribuyen a consolidar una cultura ciudadana comprometida con la sostenibilidad.
La ciencia ambiental nos recuerda que los ecosistemas están interconectados. El agua, el suelo, los bosques, la flora y la fauna no constituyen realidades aisladas: forman parte de sistemas vivos cuyo equilibrio resulta esencial para nuestra propia existencia. Educar para proteger uno de estos componentes significa, en buena medida, aprender a cuidar el conjunto.
En esa perspectiva, 365 días para ser más eco busca algo más que transmitir información. Aspira a despertar preguntas, estimular decisiones y convertir la preocupación ambiental en una práctica permanente.
La cultura también necesita patrocinadores
Existe, sin embargo, una distancia que con frecuencia separa las buenas ideas de su realización: la falta de recursos para llevarlas a públicos más amplios.
El libro de Ana Lorena Caicedo Bolaños necesita superar esa barrera. Según la información suministrada sobre el proyecto, cuenta con un diseño cuidadosamente elaborado, una estructura didáctica y un contenido concebido para acompañar al lector durante los 365 días del año. Su publicación permitiría poner esta propuesta al servicio de familias, docentes, estudiantes, organizaciones comunitarias y ciudadanos interesados en fortalecer su compromiso ambiental.
Por eso, desde esta columna, hacemos un llamado respetuoso y decidido a las entidades culturales, las instituciones educativas, las universidades, las organizaciones ambientales, los gremios empresariales, las fundaciones y las empresas públicas y privadas de Pasto y Nariño para que conozcan esta iniciativa y estudien la posibilidad de respaldar su publicación.
El apoyo podría materializarse mediante patrocinio editorial, financiación de la impresión, alianzas institucionales, adquisición anticipada de ejemplares para bibliotecas y centros educativos o programas de distribución que faciliten su llegada a comunidades con acceso limitado a materiales de educación ambiental.
No se trata de solicitar un favor personal ni de convertir la publicación de un libro en un acto de simple generosidad. Se trata de invitar a distintos sectores de la sociedad a participar en un proyecto con vocación educativa, cultural y ambiental. Para una empresa, una universidad o una institución comprometida con la responsabilidad social, apoyar una obra de estas características puede convertirse en una manera concreta de contribuir a la formación de ciudadanos más conscientes de su entorno.
La iniciativa también merece ser considerada por las bibliotecas, las instituciones educativas y las organizaciones que promueven la lectura, la ciencia, la cultura y la protección de la biodiversidad. Un libro que propone una acción para cada día puede convertirse en material de consulta, herramienta de aula, punto de partida para proyectos escolares y motivo de conversación en los hogares.
La invitación es, entonces, a conocer la obra, evaluar sus posibilidades y unir esfuerzos para que su contenido no permanezca inédito por falta de respaldo.
Sembrar conocimiento es sembrar futuro
Nariño posee una riqueza natural extraordinaria, expresada en sus montañas, páramos, bosques, ríos, humedales y territorios de extraordinaria diversidad biológica. Esa riqueza representa un patrimonio natural, pero también una responsabilidad colectiva. Su conservación requiere políticas públicas, investigación científica, recursos económicos y participación comunitaria; exige, además, una transformación cultural que permita comprender que el cuidado del ambiente comienza mucho antes de que aparezca un problema.
En esa tarea, la educación ocupa un lugar irremplazable. Y en ella pueden converger el trabajo de profesionales como Ana Lorena Caicedo Bolaños, las iniciativas de organizaciones como ECOCIUDAD, el compromiso de las instituciones y la voluntad de ciudadanos dispuestos a modificar sus hábitos.
Reconocer esta labor significa valorar el conocimiento puesto al servicio de la sociedad y comprender que las iniciativas ambientales necesitan continuidad, acompañamiento y oportunidades para crecer. También significa reconocer el papel de las mujeres profesionales que contribuyen, desde distintos campos, a construir soluciones para los desafíos de nuestro tiempo.
365 días para ser más eco espera ahora una oportunidad para llegar a sus lectores. Que su condición de obra inédita no sea el punto final de un esfuerzo creativo, sino el comienzo de una alianza entre la autora, el sector cultural, las empresas, las instituciones educativas y la comunidad nariñense.
Tal vez no podamos resolver en un solo día la crisis ambiental que enfrenta el planeta. Pero sí podemos comenzar por una decisión, un hábito, una página leída o una acción compartida. Y si esas acciones se multiplican durante 365 días, en miles de hogares y comunidades, habremos contribuido a formar algo más duradero que una campaña: una conciencia capaz de orientar nuestras decisiones.
Porque proteger la Tierra no consiste únicamente en admirar su belleza, sino en asumir la responsabilidad de conservarla. Y cuando el conocimiento se convierte en compromiso, la palabra escrita puede echar raíces, florecer en la conciencia colectiva y dar frutos para las generaciones que todavía esperan recibir de nosotros un planeta digno de ser habitado.
Que las instituciones, las empresas y las organizaciones de Nariño escuchen este llamado. Publicar 365 días para ser más eco puede ser una oportunidad para que un proyecto educativo encuentre su lugar en la sociedad y para que cada página nos recuerde que la protección de la vida comienza con nuestras propias decisiones.

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