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Pablo Emilio Obando A.
Vivir más allá de la juventud es una desgracia que el hombre soporta con su moral. Sin juventud todo reino es ajeno. Cuando Andres Caicedo decidió no vivir más allá de su juventud sabía que todo aquello que estaba por venir no era más que una realidad disfrazada de mojigatería. ¿Cómo hubiese podido leer sus libros un hombre de 70 años?
Enrumbarse para después derrumbarse fue su sistema de vida y aún es frecuente escuchar una voz perdida gritando en el centro de Cali: ¡QUE VIVA LA MUSICA!
Todos los héroes de sus libros no fueron mas que él camuflados en la piel de otras experiencias. Sus villanos también fueron él; con la diferencia que nunca lo negó. Podría decirse que el cuervo de Poe llevaba enredada en sus plumas un nombre: Berenice.
Su adicción al cine le permitió integrar a su alma a Buñuel, Allen, Dean, Scorsesse… Y su rebeldía lo llevó a morir como los héroes: a temprana edad.
Cuando el mundo se reventaba en su cabeza, el arrepentimiento o la angustia de la agonía pudieron turbar su espíritu; ahí precisamente radicó su valor.
Sus escenarios siempre cálidos denotan su amor por Cali; ciudad que lo hizo vibrar con el éxtasis de su paisaje. Con Andres Caicedo la vida exige un requisito esencial: ¡JUVENTUD

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