Nariño desde una perspectiva estoica.

11 visitas

Compartir artículo en:

¿Es posible pensar el estoicismo para toda una región? ¿Puede una filosofía nacida como camino personal convertirse en una reflexión colectiva? Creo que sí, si entendemos el estoicismo no como resignación, sino como una forma de mirar la realidad, reconocer lo que depende de nosotros y actuar con virtud para transformarla.

El estoicismo propone vivir con sabiduría, justicia, valentía y templanza. En un tiempo marcado por la desinformación, la polarización y la incertidumbre, estas virtudes ofrecen una guía para pensar y decidir. Nos invitan a no dejarnos arrastrar por el ruido, a examinar nuestras ideas y a responder a los problemas con serenidad y firmeza.

Nariño tiene razones para emprender esa reflexión. Su historia, su identidad y la memoria de su resistencia al ejército de Bolívar hacen parte de una experiencia regional que merece ser comprendida sin complejos. Esa historia puede ayudarnos a reconocer cómo se construyó el Estado y qué lugar ha ocupado el departamento en el país. Pero recordar no basta: necesitamos convertir la memoria en una propuesta de futuro.

Durante mucho tiempo hemos hablado de deuda histórica, abandono y periferia. Son realidades que deben discutirse, pero no pueden convertirse en el único relato que contamos sobre nosotros mismos. La pregunta estoica sería: ¿qué depende de nosotros? Dependen de nosotros la unidad regional, el pensamiento propio, la manera de administrar los recursos, el impulso al emprendimiento cultural y la capacidad de construir acuerdos duraderos.

También debemos reconocer lo que no controlamos por completo: las decisiones del Gobierno nacional, el centralismo, las miradas externas y ciertas reglas internacionales que inciden en problemas como los cultivos de uso ilícito. Distinguir entre ambos ámbitos no significa desentenderse de lo nacional. Significa concentrar nuestras fuerzas en aquello que podemos organizar, proponer y cambiar.

La justicia exige distribuir bien. Los municipios con mayores necesidades deben recibir una atención acorde con sus condiciones. La valentía implica tomar decisiones difíciles y probar caminos nuevos, incluso con temor. La templanza nos ayuda a superar la reacción inmediata y la polarización. Y la sabiduría consiste en aplicar el conocimiento para mejorar las capacidades de las instituciones, la academia, las empresas y las comunidades.

Nariño necesita una mirada que supere los ciclos de gobierno de cuatro años. Debemos pensar qué departamento queremos construir en diez, veinte o treinta años: qué infraestructura requiere, cómo puede fortalecer su industria, qué oportunidades puede abrir para sus jóvenes y cómo puede cuidar y aprovechar responsablemente su riqueza natural.

Esa tarea exige reconocer problemas concretos. Nos falta fortalecer la industria y el compromiso de la academia con el desarrollo regional. También debemos abordar, desde la salud pública y la cultura, el impacto del consumo de alcohol y la idea de que los conflictos personales o colectivos se resuelven tomando. La violencia y las economías ilegales necesitan respuestas sostenidas, aunque algunas dependan también de decisiones nacionales e internacionales.

La minería ilegal en el Pacífico nariñense plantea un desafío urgente. No es lo mismo una práctica tradicional que una explotación mecanizada que destruye ríos, territorios y formas de vida. Frente a esa realidad, el Estado debe actuar: controlar las economías criminales, acompañar a las comunidades y promover alternativas de formalización. Una operación empresarial legal podría ser preferible a la minería ilegal si ofrece garantías ambientales, sociales y laborales, y si su actividad se somete a controles efectivos. Esa discusión debe darse con información, transparencia y participación de las comunidades afectadas.

El deber de una mirada estoica es atreverse a plantear preguntas difíciles y hacer lo que la realidad exige, aunque no siempre sea popular. Pero la rebeldía tampoco puede quedarse en una consigna. Rebeldía frente a la injusticia debe significar coherencia, propuestas y acción: más oportunidades económicas, trabajo, emprendimiento y mejores condiciones para la gente.

A veces hemos concentrado la discusión en las diferencias ideológicas y en asuntos menores, mientras los grandes retos siguen esperando respuestas. La oposición debe proponer y contribuir a resolver. Quienes gobiernan deben rendir cuentas y actuar. Y todos debemos poder cuestionar las decisiones injustas, vengan del partido o la ideología que vengan.

Ser más regionalistas también significa cuidar los principios que dieron sentido a la creación del departamento: la integración territorial, la paz, la infraestructura y una visión de largo plazo. No se trata de cerrarnos al país, sino de conocer mejor nuestra historia y defender con claridad las necesidades de Nariño.

En los últimos años ha cambiado la manera como el país mira al departamento. La imagen del pastuso ingenuo ha perdido fuerza y hoy hay mayor reconocimiento de nuestra cultura, nuestra creatividad y nuestras capacidades. Sin embargo, todavía tenemos que transformar la percepción que construimos internamente. A veces actuamos como si las oportunidades fueran escasas y terminamos compitiendo entre nosotros. De ahí surge esa expresión dolorosa: “pastuso come pastuso”.

Las oportunidades son muchas. Nariño tiene talento, cultura, naturaleza, conocimiento y comunidades con arraigo y amor por su territorio. Muchas personas que estudiaron fuera han vuelto; otras podrían hacerlo si encuentran espacios para contribuir. Necesitamos convocar a líderes, estudiantes, profesionales y emprendedores para que pongan sus capacidades al servicio del departamento.

Pensar en un Nariño  desde el estoicismo también significa cambiar la manera de interpretar nuestras dificultades. La periferia puede convertirse en una oportunidad para conectar territorios y mercados. Nuestro acento, nuestra historia y nuestra identidad pueden ser fortalezas. Incluso las condiciones de abandono, allí donde han existido, pueden enseñarnos a organizarnos y a conocernos mejor. Pero ninguna dificultad se vuelve oportunidad por sí sola: hace falta una estrategia de desarrollo y el trabajo colectivo para llevarla adelante.

En lo personal, llegué al estoicismo hace algunos años, aunque creo que desde niño tuve una disposición cercana a esa filosofía: aceptar mi realidad, no quedarme en la victimización y buscar cómo convertir un problema en una oportunidad. Esa actitud no borra las dificultades. Ayuda a enfrentarlas y a decidir qué hacer con ellas.

Nariño necesita espacios para pensar, pero también para hacer. Espacios donde podamos dialogar, intercambiar experiencias, proponer soluciones y llegar a acuerdos. Un decálogo regional podría ayudarnos a definir líneas de acción y compromisos que trasciendan los cambios de gobierno.

El estoicismo colectivo no resolverá por sí solo los problemas del departamento. Puede ofrecernos, sin embargo, una manera de enfrentarlos: con verdad, justicia, coraje, disciplina y conocimiento. La tarea es dejar de preguntarnos únicamente qué nos deben y empezar a preguntarnos también qué podemos construir juntos con lo que tenemos.

Comentarios de Facebook

SOBRE EL AUTOR

Compartir en:

NOTICIAS RECIENTES

ARTÍCULOS RELACIONADOS