Alejandrina López, directora de la fábrica de confecciones El Cóndor (Pasto, ¿1930-1957?), es El Personaje 10.

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Alejandrina López: directora de la fábrica de confecciones El Cóndor (Pasto, ¿1930-1957?) 

Rosa Isabel Zarama Rincón

En la historia que se ha investigado y publicado sobre las mujeres pastusas principalmente son objeto de estudio: poetas, docentes, maestras y religiosas. Poco se ha estudiado acerca de las negociantes, aunque desde la colonia y los siglos XIX y XXI hay noticias de damas que estaban al frente de esos negocios, como en las pulperías. En este contexto, este artículo busca contribuir al conocimiento del liderazgo de las mujeres en actividades manufactureras y comerciales, además de rescatar el trabajo de una fábrica de confección  en Pasto.

En los años treinta del siglo XX, Julio Moreno junto con su esposa Esther López crearon la fábrica familiar de confecciones llamada El Cóndor. La pareja tubo cuatro hijos: Julio, Ramiro, Esther y Matilde Moreno Lopez. Cuando el fundador se enfermó, su cuñada Alejandrina López tomó la batuta del negocio; era una mujer organizada, talentosa y emprendedora. En el caso de Alejandrina, conocida también como “Aleja” o “Alejita”, se desconoce el lugar exacto de su nacimiento,  murió en Bogotá  en 1990. En Pasto dirigió la fábrica El Cóndor aproximadamente entre los años cuarenta y cincuenta del siglo XX. A pesar de las investigaciones no se pudo conseguir datos de cuando inició y se cerró el negocio.

Era una fábrica de labores, en donde se confeccionaban prendas de vestir industrialmente; a lo que se suma que se elaboraron  obras de costura y  de bordado hechas a mano. La fábrica para su época contaba con un conjunto de máquinas eléctricas y modernas lo que permitía que la ropa se elaborara en serie. Cada máquina tenía una función específica: una cortaba, otra pegaba puños, otra se usaba para coser los cuellos y otra para elaborar botones; entre otras actividades. Es interesante constatar la manera cómo en El Cóndor se combinó la actividad fabril con una actividad manual, delicada y precisa, como fueron los bordados a mano.

La fábrica era un espacio exclusivamente femenino donde laboraban entre diez y quince mujeres, una de ellas fue Maruja Arias. El negocio operó en el edificio del Teatro Navarrete, teatro que ya no existe, en la calle 16 con carrera 27 y se encontraba diagonal a la iglesia de San Andrés. Fanny López de Erazo,  sobrina de Alejandrina López, recuerda la casa en donde funcionó la fábrica, como se observa  en las siguientes fotografías.

Fotografías de Manuel Guillermo Zarama Rincón

El eslogan de negocio: “La camisa perfecta”, fue posible identificarlo gracias a la publicidad que apareció en diferentes revistas. El eslogan demuestra el elevado nivel técnico en la confección de ropa, además, del alto compromiso que asumieron los propietarios y las costureras para que cada prenda quedara en las mejores condiciones posibles. Los trabajos eran garantizados y la publicidad expresaba que tenían una amplia experiencia. El fuerte de la empresa era la confección de  camisas y los responsables estaban orgullosos al informar que la ropa era totalmente colombiana. Al mismo tiempo, se cosieron una amplia variedad de prendas, entre ellas: ropa interior, pijamas, salidas de baño, levantadoras, kimonos, delantales y overoles. En ese enjambre de actividades, Fanny López de Eraso recuerda como en  la fábrica había una enorme diversidad de telas, además  de prendas ya terminadas, que fueron enviadas a diferentes partes de Nariño y de Colombia.

Revista Pasto, no. 3, 1940, p. 75.

Por su parte, la señora Aura Marina Quintero Ibarra quien tiene más de 90 años, era muy joven cuando trabajó en la fábrica, en ese lugar aprendió el oficio y  laboró alrededor de dos años. Describió a Alejandrina López con las siguientes palabras: “Era una persona muy buena, educada en todo sentido”. El personal que laboraba en ese lugar apreciaba  a su jefa, porque las ayudaba mucho.  Añade que en una mesa muy grande Alejandrina tendía las piezas de telas, ponía los moldes, posteriormente, los marcaba con un lápiz; luego, con una máquina cortaba las telas por tallas; cuando acababa de cortar, a cada trabajadora le entregaba las piezas que le correspondía coser. Por ejemplo, una persona se encargaba de la parte delantera, otra cosía la parte de atrás, otra el cuello. Cuando las piezas estaban terminadas fueron planchadas delicadamente y con ayuda de una tabla doblaban las prendas. La señora Quintero dejó de trabajar en  El Cóndor y no volvió a tener información de ese negocio, por ese motivo, desconoce las causas del cierre de la fábrica. Luego fue  costurera del almacén de ropa femenina  Rondinela ubicado en Pasto, e, incluso,  cosía vestidos de novia.

Alejandrina junto con algunas de las trabajadoras, empleaba su reconocido talento para la costura, la modistería y el bordado a mano en la elaboración de finas piezas como: manteles, ornamentos para los actos litúrgicos,  vestidos de Primera Comunión para las niñas y por tradición familiar se sabe que elaboraban sobrecamas. Además, dentro del negocio hubo una floristería, lo que demuestra que la sociedad pastusa solicitaba arreglos florales para matrimonios, primeras comuniones u honras fúnebres, entre otros eventos. Todo lo anterior, corrobora, las diferentes actividades manuales y manufactureras que se realizaban en el negocio.

La publicidad revela el interés de los propietarios para dar a conocer su negocio e incrementar las ventas. La fábrica como todo negocio serio y moderno de ese tiempo contaba con una dirección telegráfica llamada “Condor”. También tenía un número telefónico, privilegio de pocos, porque desde 1928 prestaba su servicio la Compañía de Teléfonos de Nariño, además la red telefónica de la ciudad era limitada. El número de teléfono “1-2-3”, contribuía el éxito del negocio, porque era fácil de recordar. En 1940, Pasto era una ciudad pequeña y con el nombre del edificio Teatro Navarrete en donde funcionaba la fábrica, los interesados llegaban hasta ese lugar, porque aparentemente en esa época, aún no existía la nomenclatura urbana.

La prospera fábrica que ofreció empleó, numerosas prendas para vender dentro y fuera del departamento, se cerró entre 1957 y 1958 cuando la familia se residenció en Cali para luego trasladarse a Bogotá, de acuerdo con el testimonio de la señora Elva Chaves de Jurado. Queda en la historia de Pasto el interés de una familia nariñense por llevar adelante un proyecto fabril cuyos productos se caracterizaron por su elevada calidad.

Nota: este escrito fue posible gracias a Fanny López de Eraso quien narró la historia a la autora y a la continua colaboración de Ivonne Eraso. Otros importantes aportes los dieron: Elba Colombia Chavez de Jurado, Ramiro Moreno, Aura Marina Quintero Ibarra, Rocío Padilla, Ana Stella Calderón y Javier Jurado Chavez; a quienes agradezco.

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