Científica nariñense, Olga Salazar de Benavides, es La Personaje 10.

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Para muchos nariñenses el nombre de Olga Salazar de Benavides no resulta familiar. Sin embargo, para la comunidad de botánicos colombianos junto con sus numerosos exalumnos y amigos, el nombre recuerda a una mujer comprometida con la sociedad y con la agronomía. Por ejemplo, Santiago Díaz Piedrahita en su libro: Las hojas de las plantas como envoltura de alimentos, (1981) menciona la valiosa investigación que realizó Salazar de Benavides acerca del uso de hojas de  plantas que, en el departamento de Nariño, se emplean para guardar o transportar alimentos. Fue en Pasto, alrededor de 1979, en la casa de mis padres, cuando escuché por primera vez hablar de la ilustre profesional. Su alumna Nancy López de Viles, estudiante de agronomía en la Universidad de Nariño, se refería a  su profesora con entusiasmo y cariño. No tuve el placer de conocerla. Hoy, con motivo de la celebración del Día de la mujer, de la mano de Olga Salazar de Benavides, hago un reconocimiento a las científicas nariñenses. La comunidad de científicos la conforman aquellas personas que participan y realizan actividades sistemáticas para generar nuevos conocimientos en el campo de las ciencias naturales y sociales. Nuestra homenajeada fue una científica de la botánica y de la taxonomía.

Para esta entrevista por internet para Página 10 conté con la ayuda de las hijas de Olga: Natalie, Ana Lucia, Carmen Eugenia, María Fernanda, Claudia Patricia y Olga Ximena Benavides Salazar a quienes agradezco su interés y su colaboración.

 

Olga Salazar de Benavides

Empezamos por la infancia de Olga, ¿en esa época ya se evidenciaba su interés por el conocimiento y por la agricultura?

Nuestra mamá Olga Salazar de Benavides, nació en Ricaurte (Nariño), el 3 de julio de 1944- y falleció en Cali, el 4 febrero de 2022.  Fue hija de Luis Salazar Padilla  y  de Concepción Romo Lucero.  Desde su niñez se caracterizó por su gran amor a la naturaleza, una parte importante de esa época la vivió en un paraíso, que ahora es la Reserva Natural La Planada. La sensibilidad y amor por la naturaleza la vivió en aquellos lugares cubiertos de vegetación donde los cantos de los pájaros, la gran variedad de orquídeas, anturios (sus flores favoritas) y el oso de anteojos eran su mejor lienzo. En donde, tiempo más adelante, a sus treinta y tres años de vida como docente de la Universidad de Nariño, gestionó para que sea una reserva natural ante la WWF (World Wide Fund fo Nature), siempre mostrando una visión clara de preservación. Tal vez, si en la actualidad estuviera en otras manos, hoy estaría en reemplazo del bosque hectáreas de pasto para ganadería,  gran explotación de madera o tal vez edificios y vías, dentro del mal llamado progreso.

Una de las características de Olguita era su gran  memoria para recordar tantos nombres de la taxonomía vegetal, aun en sus últimos días, memorizaba de manera extraordinaria los nombres de sus amadas plantas.

¿En dónde y en qué años cursó sus estudios de primaria, bachillerato y de universidad?

Olguita estudió su primaria y su bachillerato en el Liceo de Maridíaz (Pasto), desde 1951 hasta 1962. En ese mismo año, al concluir sus estudios de bachillerato entró con 18 años a la Universidad de Nariño. Fue la primera mujer en graduarse de la facultad de agronomía y fue una experta en botánica taxonómica.

Segundo Emilio Benavides, esposo de Olga y padre de ustedes también es ingeniero agrónomo, ¿de qué manera esa relación influyó en el interés de Olga por la agronomía?

Nuestro padre fue un apoyo incondicional en los estudios de Olguita, hizo posible que ella fuera a estudiar su maestría en botánica taxonómica en la Universidad Nacional de Bogotá quedándose al frente de un hogar con seis hijas pequeñas, al igual que cuando fue décana encargada de la Facultad de Ciencias del Mar en Tumaco. Así mismo, ella fue una motivación para que él empezara la carrera agronomía. Segundo Emilio tenía sueños de ser aviador, pero, luego la vida y su progenitor lo llevaron a tomar la decisión de estudiar agronomía en la Universidad de Nariño. Su historia de amor fue hermosa,  Olguita, sin saberlo, fue quien lo motivaba todos los días a seguir con la carrera como agrónomo y luego, como docente.

Ellos se conocieron en el primer semestre de la carrera, y ella al ser la única mujer de la promoción fue para Segundo muy difícil conquistarla; pero, no se dio por vencido y la cortejó hasta que se convirtieron en novios, lo que duró toda su carrera universitaria. Segundo fue un apoyo incondicional en sus estudios universitarios quien percibió el gran interés en su carrera, su gusto por las plantas y la manera como fue derivando sus estudios por la botánica. De esa manera pasaron juntos toda la universidad, estudiando juntos las mismas materias hasta que al terminarla, se casaron.

Olga fue una de las primeras profesoras de agronomía de la Universidad de Nariño, ¿qué datos adicionales conoce de su incorporación a esa Alma mater? Sus colegas hombres, ¿cómo la recibieron?

Olguita supo cómo posicionarse en su medio, desde estudiante siendo una joven muy hermosa y con gran inteligencia, que sumados a la disciplina y a la constancia marcaron el reconocimiento y el trato con sus compañeros. Primaba el respeto y consideración, así, como una gran lealtad y amistad que perduró a través de los años y de las circunstancias que cada uno enfrentó en los lugares donde la vida los llevó.

Primera promoción de ingenieros agrónomos del ITA de 1967

¿Su madre fue una mujer de ideas de vanguardia o conservadora? ¿O, a lo largo de su vida sus posturas ideológicas cambiaron?

Las ideas de Olguita siempre, a nuestro parecer, fueron de vanguardia, sin perder su esencia y posición, es decir como profesional, fue la mejor. Supo robustecer su gestión con contactos alrededor del mundo lo que hacía que el conocimiento derivado de estos proyectos fuera de gran impacto, siempre alrededor de la conservación de las especies vegetales y de la flora y fauna. Su primera postura de convicción y de ruptura con los moldes ideológicos de su época fue cuando decidió estudiar agronomía en una época donde el manejo de la tierra era para los grandes propietarios, hombres en su mayoría quienes contrataban la fuerza de trabajo masculina.

Su idea más maravillosa fue la de la mujer como gestora de ideas, de movimientos generadores de cambio, en ambientes donde la voz de los más pequeños era casi imposible de escuchar, entre ellos: la naturaleza, la niñez y los ancianos. A lo largo de su vida conservó esta línea. Algunos de sus logros más significativos fueron los siguientes:

En la primera la promoción de 1967 del ITA, (Instituto Tecnológico Agrícola) Olga Salazar de Benavides fue una de las primeras mujeres ingenieras agrónomas egresadas de ese programa. Más adelante, en 1968 se vinculó como docente del departamento de Biología del ITA. En su administración como directora del Herbario de la Universidad de Nariño logró conformar un gran muestrario de plantas en un solo lugar, lo que significa un gran apoyo para la formación de los estudiantes porque les permitía  conocer la biodiversidad.

Demostró su compromiso social como voluntaria del Hospital Infantil Los Ángeles (Pasto) en donde estructuraron un hogar de paso para las personas sin recursos que traían a sus hijos enfermos a ese lugar. Sus ideas se dirigían a la sostenibilidad, a lograr apoyos definitivos y de impacto, por ejemplo, buscaron que les donaran un espacio para que pudieran pernoctar los familiares de los niños enfermos. En ese contexto, recibieron donaciones de ropa que se vendían a un precio bajo a los parientes de los pequeños hospitalizados, además, los adultos recibieron comida y dormida gratis. Además, fue voluntaria fundadora de La Morada de María en donde formó parte de la junta  hasta poco tiempo antes de fallecer, los aportes como voluntarias se enfocaba en los ancianos que se encuentran en hogares de escasos recursos.

A lo largo de su vida como profesora de la universidad, ¿cuáles fueron sus investigaciones más significativas?

Una de las investigaciones más significativas la realizó en 1989, en la Laguna de la Cocha. Fue su tesis de Maestría en taxonomía vegetal, en donde caracterizó la flora sinóptica del Santuario Nacional de Flora, isla La Corota, (departamento de Nariño), con referencia a fanerógamas.

Sabemos de una investigación importante de una planta llamada Lupinus, leguminosa conocida como chocho. Planta que estaban en investigación porque se tenía escrito que era una especie que se daba en un solo ambiente especifico. Pero, lo que hizo Olguita fue demostrar que era una planta que se daba en diferentes regiones y altitudes por lo que estudió como cambiaba de acuerdo con su ambiente y el impacto tenía en su ecosistema.

Además de la Universidad de Nariño, ¿trabajó en otros lugares?

Fue secretaria de Educación del departamento de Nariño durante el gobierno de Álvaro Zarama (1992-1994) ad honorem, dado que para esa época era jubilada de la Universidad de Nariño. En el tiempo que estuvo visitó muchas escuelas y notó la falta de preparación y actualización de los docentes, en esas circunstancias, propuso y estuvo a punto de lanzar un sistema de evaluación y actualización de los docentes. Lo cual no tuvo eco y los padrinos políticos hicieron su llamado para evitar que esto se hiciera realidad.

¿Qué publicaciones fueron de su autoría?

Resultado de su investigación se publicaron lo siguiente títulos: Control químico de malezas en el cultivo del trigo (Triticum vulgare L.), 1969. El valor de los herbicidas no elevan los costos de producción, 1969. Malezas predominantes en cultivos de clima frio, 1981. Flora de Colombia. 2. CONNARACEAE (Trabajo Colaborativo), 1983 y Flora sinóptica del Santuario Nacional de Flora, Isla La Corota, departamento de Nariño (con referencia a fanerógamas), 1989.

¿Cuál fue el aporte de Olga a la Facultad de agronomía de la Universidad de Nariño?

Como directora del Herbario de la Universidad de Nariño, observó que lo que había en ese momento era poco dinámico y era necesario estar más conectado con otros herbarios a nivel internacional y otros centros de investigación para estar a la vanguardia, de esta forma, se mejoró la interacción de la información y resultados.  Se logró investigaciones de alto impacto, obtención de fondos y recursos que potenciaron al Herbario en muchos aspectos.

Fue decana de la Facultad de Ciencias del Mar, en donde adelantó la búsqueda de una sede de la Universidad de Nariño en Tumaco para establecer la sede física de la facultad de Ciencias del Mar. Logró establecer un pensum de alto nivel con alianzas que le dieron a la Universidad un lugar que ofrecía grandes alternativas a los estudiantes.

¿Cuál consideraba que debía ser el papel de las mujeres científicas?

Olguita con todas sus vivencias nos demostró que el verdadero papel de una mujer científica es el poder arriesgarse en la vida y salir adelante con los sueños y propósitos que tenga. Fue un gran ejemplo de perseverancia y valor, al ser una de las pocas mujeres en un gremio tan machista en donde estuvo expuesta a muchas situaciones injusta y vulnerables, de las cuales salió adelante con la perseverancia y su valor para hacerse escuchar, al ser fiel a sus conocimientos y arriesgarse a siempre querer más. Sabemos que no fue fácil ser parte de la minoría, pero, todo lo superó con su dedicación e inteligencia, con su fuerza y el valor de continuar.

Olga Salazar de Benavides en la Granja Experimental de Botana departe animadamente con sus colegas, el quinto de izquierda a derecha es su esposo Segundo Emilio Benavides.

La siguiente pregunta la dirijo a ustedes individualmente, ¿de qué manera su mamá les trasmitió el amor y el interés por los recursos naturales de Nariño?

Nathalie Benavides Salazar: en nuestra familia se acostumbraba a pasear por Nariño. Con mis padres recorrimos varias ciudades, pueblitos y lugares recónditos en toda la región. En cada momento, en cada paisaje, en cada arroyo, en cada camino, ella nos mostraba de manera amorosa la fauna y flora de nuestro departamento. Crecimos con el conocimiento de muchos ingenieros y botánicos a nivel mundial, quienes organizaban excursiones para observar de manera cercana toda esta biodiversidad, así aprendimos mucho junto con los estudiantes y las personas que hacían parte de estos proyectos.  Para nosotros fue muy valioso estar tan apegadas a la naturaleza de una manera científica, técnica y, sobre todo, descubriendo todas las maravillas que nos ofrece Nariño.

Ana Lucía Benavides: Fue el amor tan impresionante que tuvo por el campo, por las plantas, conocía el nombre de cada planta y de cada flor. Era impresionante observar en las salidas que organizábamos en familia, como parábamos para que mi mamá viera una mata, para ver como la reconocía. Era conocer con amor las plantitas y verla como les hablaba con cariño, como las amaba. Era hermoso ver que en donde ella estaba: en su casa, su finca en donde sea, ella siempre tenía su lugar lleno de verde, de plantas y flores, saber que esa era su maravilla y ver que ella había pasado por ahí, con todo su legado. Ver ese amor que les tenía fue el amor que también nos inculcó.

María Fernanda Benavides Salazar: desde niñas nos involucraba en sus proyectos. Recuerdo la toma de muestras y mediciones de Lupinus (una de sus investigaciones más importantes) en diferentes pisos térmicos, de cómo la ayudábamos a recolectar las plantas y como escribíamos los datos importantes cuando nos dictaba, cuando iba a salidas de campo, cuando visitamos el Herbario o recorríamos la Universidad. En casa siempre estábamos rodeados de las más hermosas y raras plantas y flores, ella buscaba que durante los paseos compartiéramos cerca de ríos o cascadas, siempre llegábamos con recuerdos de los paseos, para ella su trabajo era una bendición porque hacia lo que más amaba, por eso, no importaba la hora o el lugar. Por eso, donde quiera que me encuentre, llevó plantas y flores para sentirme conectada con la naturaleza y ahora, para sentirla cerca de mí.

Carmen Eugenia Benavides Salazar: los viajes de nuestra niñez eran paradas interminables, dónde mi papá era el encargado de subirse a recoger muestras de interés para el Herbario, sin importar lo escarpado del sitio. Todo lo recogía en bolsas que las acomodaba en el carro en medio de sus hijas. Además, nos dimos cuenta de que su actividad como directora del Herbario de la Universidad, era muy importante porque constantemente se quedaba en nuestra casa el doctor All Gentry, botánico muy reconocido por su trabajo de investigación del Missouri Bothanical Garden y otros especialistas con quién realizaba recorridos y  trabajos de investigación conjunta. Su amor por la naturaleza lo demostraba en su habilidad para el paisajismo y en el colorido en los jardines, en cada casa o finca donde ponía su estampa.

Claudia Patricia Benavides Salazar: a través del ejemplo y de la vivencia directa. Cada vez que se podía, la acompañamos en las largas caminatas por la selva tropical andina de la zona de Tumaco o La Planada. En cada experiencia podíamos ver junto a ella su vasto conocimiento de la taxonomía de las plantas, pero, sobre todo su importancia, beneficio y la gran variedad que tenemos, lo afortunados que somos. Por eso, es la necesidad de su conservación. También, desde el Herbario, fuimos testigos del proceso metódico que seguía para la clasificación de plantas. Las hijas ayudamos a organizar en periódicos miles de hojas y variedades de plantas, que mi mamá se sabía con mucha elocuencia. Aun me viene a la memoria el olor de las hojas dispersadas por el suelo y luego prensadas para llevarlas al Herbario. Como anécdota deseo contarles, que cada vez que paraba el carro o caminaba para recoger alguna especie de flor o planta que le interesaba, siempre sentí mucho orgullo por tener una mamita tan inteligente y con una memoria prodigiosa para saberse tantos nombres, géneros y familias de la biodiversidad de Nariño.

Olga Ximena Benavides Salazar: Su pasión fueron las plantas, todo lo que ella hacia tenía que ver con plantas y biodiversidad, por eso nos inculcó el interés por los recursos naturales desde la infancia. Nuestra casa y el lugar de recreo estaban llenos de todo tipo de ellas, desde orquídeas, anturios, flor del paraíso, hasta moras, árboles frutales, pinos, ciruelos, por nombrar algunos. Siempre nos dejaba ayudarla a separar material vegetal, a buscar plantas que necesitaba para algún proyecto, a secar semillas, etc. Para mí, era todo un orgullo y un placer preguntarle a ella por cualquier tipo de planta que veía en la carretera o en cualquier lugar, porque tenía la certeza que sabía tanto el nombre común como el nombre científico. Era toda una biblioteca ambulante, una mujer muy brillante.

¿Las hijas siguieron los pasos de sus padres?

Ana Lucía es ingeniera agrónoma y gerente de la empresa Plantador Colombia. Carmen Eugenia es bióloga y María Fernanda hizo una maestría en socioeconomía ambiental.

Sé que Olga era una persona muy generosa, ¿cómo expresó esa generosidad?

Se destacaba su don de servicio, que adquirió mayor relieve dentro de su familia. Lo sentimos porque muchos de nuestros primos son como hermanos, no solamente por el cariño de crecer juntos, sino desde el amor y agradecimiento que tienen de haber recibido de  Olguita el amor y cuidados de una madre. Ella estaba pendiente de ofrecer apoyo emocional y económico a la gran mayoría de sus parientes. No siendo suficiente, lo hizo con sus estudiantes cuando ellos no podían continuar sus estudios universitarios, maestría, etc. A lo largo de los años nos enteramos de anécdotas de muchos exalumnos de Olguita, a quien ella los ayudó económicamente para culminar sus estudios y como ellos le tienen, hasta el día de hoy, un aprecio impresionante. De la misma manera, cuando murió nos enteramos de ayudas importantes que hizo a la familia, a estudiantes y a comunidades, sin que nadie se entere, no era necesario el reconocimiento cuando se hacen las cosas con amor.

Las hijas concluyen que su mamá es un excelente ejemplo de una mujer que demostró que era posible combinar el rol de mujer profesional junto con el rol de mamá de seis hijas y sacar con honores ambas responsabilidades. A nombre de Página 10 les agradezco sus testimonios que nos permitieron conocer con mayor profundidad el legado científico de su madre, la ingeniera agrónoma, Olga Salazar de Benavides.

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