El ingeniero civil Gerardo Rosero Pérez ha dedicado buena parte de su trayectoria profesional a promover un proyecto que busca conectar el Pacífico colombiano con Brasil y el océano Atlántico. La iniciativa pretende transformar a Nariño y Putumayo en territorios estratégicos para la integración física, económica y comercial de Suramérica.
El ingeniero civil Gerardo Rosero Pérez, egresado de la Universidad del Cauca, desarrolló inicialmente su carrera en la empresa privada, en actividades relacionadas con la construcción de edificios y la consultoría. Sin embargo, en 1994 conoció una iniciativa que cambiaría el rumbo de su vida profesional: el corredor intermodal Tumaco–Puerto Asís–Belém do Pará.
Desde entonces, ha dedicado más de tres décadas a estudiar, divulgar y gestionar este proyecto, concebido como una conexión entre el Pacífico colombiano, la Amazonía y el Atlántico brasileño.
Su acercamiento al tema comenzó durante un encuentro con el ingeniero e investigador Mariano Ospina Hernández, quien estudiaba la visión que tuvo el expresidente Rafael Reyes sobre el desarrollo y la integración de Colombia. En aquella conversación, Rosero recordó las expediciones realizadas por Reyes y sus hermanos en el sur del país, un antecedente histórico que abrió un diálogo sobre las posibilidades de conectividad regional.
A partir de ese encuentro se conformó un grupo interdisciplinario de investigación integrado por profesionales del sur de Colombia. Su propósito era analizar cómo Nariño, Putumayo y la Amazonía podían vincularse con los grandes procesos de integración suramericana.
La propuesta adquirió mayor relevancia en el año 2000, cuando los presidentes de los países suramericanos impulsaron la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana, conocida como IIRSA. Allí se identificaron varios ejes de integración y desarrollo, entre ellos el Eje del Amazonas, orientado a conectar la cuenca amazónica de Brasil con el océano Pacífico.
Según Rosero, en ese momento fueron contempladas tres alternativas principales: Tumaco, en Colombia; Manta, en Ecuador, y Callao, en Perú. Para el ingeniero, la ubicación geográfica de Tumaco representa una oportunidad excepcional para que Colombia se convierta en una salida estratégica de Brasil hacia el Pacífico.
Esta posibilidad no es nueva. Rosero recuerda que el poeta nariñense Aurelio Arturo escribió en 1960 sobre la salida del “gigante suramericano” hacia el Pacífico a través del territorio colombiano. Para el ingeniero, ese planteamiento revela una faceta visionaria del escritor y demuestra que la integración continental ha estado presente durante décadas en el pensamiento regional.
Un proyecto para la paz y el desarrollo
El corredor no ha sido entendido únicamente como una obra de infraestructura. Durante el gobierno del presidente Andrés Pastrana, sus promotores sostuvieron acercamientos con Augusto Ramírez Ocampo, entonces ministro de Desarrollo, y con Francisco Vincenti, representante de las Naciones Unidas en Colombia.
En el contexto de los diálogos de paz del Caguán, Vincenti consideró que la iniciativa podía constituirse en un proyecto estratégico para la paz, debido a que su área de influencia comprende territorios históricamente afectados por el aislamiento, la pobreza, la debilidad institucional y el conflicto armado.
La propuesta retomó una idea central de la encíclica Populorum Progressio, del papa Pablo VI: “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz”. Bajo esa perspectiva, Naciones Unidas aportó recursos de cooperación para adelantar estudios preliminares, cuyos resultados, según Rosero, confirmaron la viabilidad del corredor.
“Este proyecto tiene influencia sobre zonas de la Colombia profunda, especialmente en el sur del país y la Amazonía. Llevar infraestructura, conectividad y oportunidades a esos territorios también es construir paz”, explicó.
Una iniciativa que debe trascender los gobiernos
Uno de los principales aprendizajes obtenidos durante este proceso fue la necesidad de considerar el corredor como un proyecto de Estado y no como una iniciativa sujeta al periodo de un gobierno.
Rosero participó en espacios de planificación territorial vinculados con IIRSA y conoció de cerca la perspectiva brasileña sobre la integración continental. Desde esa experiencia sostiene que Suramérica posee un enorme potencial, pero necesita desarrollar infraestructura que conecte sus territorios, mercados y sistemas productivos.
Durante el gobierno de Álvaro Uribe se adelantaron estudios preliminares. Posteriormente, en la administración de Juan Manuel Santos, el proyecto fue incorporado al Plan Nacional de Desarrollo, aunque su ejecución no avanzó al ritmo esperado.
En el gobierno de Iván Duque se fortaleció la relación con la Armada Nacional. En 2018 se analizó la posibilidad de construir un puerto de aguas profundas en la bahía de Tumaco, infraestructura que permitiría fortalecer la posición del municipio como punto de conexión entre Brasil y los mercados de la cuenca del Pacífico.
En ese periodo también se gestionaron aproximadamente $1,2 billones para la variante San Francisco–Mocoa, una obra fundamental para superar uno de los principales obstáculos viales entre Nariño y Putumayo.
Tres variantes para completar el corredor
Para que el corredor intermodal funcione como una verdadera ruta internacional, Rosero considera indispensable construir de manera articulada las variantes de Pasto, El Encano y Santiago. Estas obras permitirían evitar el paso del transporte pesado por zonas urbanas, reducir tiempos de desplazamiento y garantizar la continuidad de la conexión entre Tumaco, Nariño y Putumayo.
La variante de Pasto evitaría que el tráfico de carga atraviese la ciudad y contribuiría a descongestionar sus principales vías. La variante de El Encano permitiría mejorar el tránsito por uno de los sectores más complejos de la ruta hacia Putumayo, mientras que la variante de Santiago facilitaría la continuidad del corredor en el valle de Sibundoy.
Las tres intervenciones deben concebirse como partes de una misma infraestructura. Construir una sola y dejar pendientes las demás mantendría los cuellos de botella que hoy limitan la movilidad regional y reduciría la competitividad de la futura conexión interoceánica.
“No se trata únicamente de la variante San Francisco–Mocoa. También se necesitan las variantes de Pasto, El Encano y Santiago. Si construimos una sola, dejamos los otros cuellos de botella y el corredor interoceánico queda incompleto”, explicó Rosero.
Para el ingeniero, el corredor no puede estructurarse mediante obras fragmentadas. Debe contar con una planificación integral que conecte eficientemente el puerto de Tumaco con Pasto, el valle de Sibundoy, Mocoa, Puerto Asís y el sistema fluvial que conduce hacia Brasil.
Tumaco como puerta de Suramérica hacia el Pacífico
El corredor intermodal Tumaco–Puerto Asís–Belém do Pará combinaría distintos modos de transporte. Desde Tumaco, la conexión avanzaría por carretera hacia Pasto y Putumayo; posteriormente, utilizaría los ríos de la Amazonía para llegar a territorio brasileño y al Atlántico.
Su materialización permitiría conectar dos océanos, fortalecer el intercambio comercial con Brasil y acercar el sur de Colombia a los mercados de Asia-Pacífico. También podría impulsar nuevas cadenas productivas, plataformas logísticas, puertos, servicios, turismo y oportunidades empresariales para Nariño y Putumayo.
Rosero destacó que el corredor ya ha sido considerado en dos escenarios internacionales: la iniciativa suramericana IIRSA y, más recientemente, Global Gateway, estrategia impulsada por la Unión Europea con participación de países de América Latina y el Caribe.
Para el ingeniero, este nuevo interés internacional demuestra que la iniciativa conserva vigencia y responde a las transformaciones del comercio mundial. Sin embargo, advierte que Colombia debe actuar con visión de largo plazo y avanzar en los estudios, obras y decisiones institucionales necesarias.
Después de más de 30 años de trabajo, Gerardo Rosero continúa defendiendo una idea que trasciende la construcción de una carretera: convertir al sur de Colombia en un punto de encuentro entre el Pacífico, la Amazonía y el Atlántico.
El proyecto representa una oportunidad para que Tumaco deje de ser visto como un territorio periférico y se consolide como una puerta estratégica de Colombia y Suramérica hacia el mundo.




