Por Lina Ramos Sierra – CEO Agua & Vida –
Nariño es una tierra bendecida, un tejido vivo de biodiversidad que late desde el imponente Galeras y la mística de la Laguna de la Cocha, hasta la inmensidad de nuestra costa pacífica. Nuestro territorio lo tiene todo para ser un referente de vida; sin embargo, el verdadero valor de una región no se mide solo por la riqueza de sus paisajes, sino por la capacidad de su gente para protegerlos. Hoy, el agua nos hace un llamado urgente. El acceso al agua potable sigue siendo una deuda pendiente en muchas de nuestras comunidades, y para saldarla, no basta con transformar la infraestructura tradicional: necesitamos una verdadera revolución en el pensamiento.
Es momento de que Nariño asuma un liderazgo histórico en el país. Ser líderes hoy significa tener la audacia de cambiar la mentalidad de nuestras familias respecto al recurso más sagrado del planeta. Durante generaciones, hemos visto el agua como un servicio infinito que llega por un tubo o que se recoge de la lluvia, olvidando la fragilidad del ciclo que la sostiene. Para cambiar el rumbo, debemos sembrar una nueva cultura del agua, y el terreno más fértil para hacerlo son nuestros niños y niñas.
La verdadera transformación hídrica no empieza en los escritorios ni en los grandes proyectos de cemento; empieza en los salones de clase. Si educamos hoy a un niño en el respeto, el valor y el cuidado técnico del agua, mañana tendremos un hogar que protege el recurso, una comunidad que vigila sus fuentes y un departamento empoderado.
Llegar con educación ambiental e innovación a los colegios de Nariño es la estrategia más poderosa que podemos implementar. No se trata solo de enseñar teoría en un tablero; se trata de inspirar a las nuevas generaciones a través de la ciencia y la tecnología. Queremos que nuestros estudiantes entiendan que la innovación está a su alcance y que el ingenio humano puede aliarse con la naturaleza para resolver las crisis más profundas.
Nariño tiene la fuerza, el coraje y el territorio para demostrar cómo se construye resiliencia comunitaria. Al transformar la mente de un niño en el colegio, tocamos el corazón de toda una familia, detonando un efecto multiplicador que redefinirá nuestra relación colectiva con el entorno. Eduquemos a nuestros hijos para que el agua pura deje de ser una preocupación del presente y se convierta en la certeza de nuestro futuro.
Por nuestra tierra, por la educación, por la vida.
La Ruta de la Innovación Educativa en el Territorio




