El niño que no volvió

Por Jairo García- Director de la Bicibiblioteca de Tumaco

Hace algunos años llegó un joven a leer libros a la Bicibiblioteca del Parque Colón de Tumaco.  Cuando se volvió visitante frecuente y las barreras de la desconfianza desaparecieron, nos contó que vivía de vender cualquier cosa en la calle para sobrevivir y le arrancaba tiempo a su desesperante sufrimiento de niño perdido, leyendo libros.

Nos visitó mucho tiempo hasta que un día cualquiera desapareció para siempre, nunca más lo volvimos a ver. Alguien nos dijo que lo habían encontrado por ahí tirado en medio de la nada.

Este viernes 26 de Julio vamos a marchar por todos aquellos a quienes les han arrebatado sus sueños, quitándoles la vida.

En homenaje a todos y al niño que no volvió a la Bicibiblioteca, hemos escrito un cuento corto para eternizarlo en las palabras que lo recordaran por siempre.

Último fragmento del cuento corto: «Mamá, yo creo que me perdí»
“Mamita eran como las siete de la noche y ya había terminado de vender mis frutas, compre unos plátanos, una carne y unos huevos, ya iba llegando a mi casa.  De pronto me siento en los brazos de un pulpo, de todas partes me aprietan y siento que una lluvia como de granizo muy pesado, bloques de hielo, me lastiman la cara, la espalda y el estómago. No puedo ver nada, acabo de entrar a un túnel, todo está oscuro, quiero llorar y no puedo, siento mucho miedo, el mismo que sentía cuando de pequeño me tocaba dormir solo, pero este es peor. Yo me pasaba a tu cama y tú me abrazabas, sentía tu calor-, aquí no, ese pulpo me aprieta muy duro queriéndome ahogar, no siento tu calor, me estoy sofocando. Yo creo que me llevan en un carro, alcanzo a escuchar que dicen muchas palabrotas, de esas que tú me decías que no dijera nunca, pero estas son más duras, son dichas con mucha rabia. Ya no me siento el cuerpo, en algún lugar del túnel se detienen, me bajan, me tiran sobre una alfombra, así llamé siempre al pasto mojado, las gotas de lluvia me refrescaron la cara entumecida por el impacto de los bloques de hielo. Pienso que llegué al final del camino, no veo nada, logro escuchar un sonido muy fuerte, un fogonazo y una picada de avispa del paraíso me pincha la piel, después como unas nueve picadas más, me quede dormido, seguro me picaron todas las avispas de este mundo. Mamá estoy tranquilo en un bosque lleno de mariposas, verde muy verde como los mangos de mi canasto, seguro ya no regresaré más, no quiero regresar más”.
Mamá yo creo que me perdí.

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