El Robín Hood a la colombiana.

Casi la totalidad de colombianos estamos pasmados del descaro de gobierno que tenemos en nuestro país. Entregó las reservas pensionales de los territorios a apoyar a la banca; tenía la intención de hacerle un préstamo condonable por 370 millones de dólares a Avianca, una empresa que no es colombiana, por fortuna esto no se dio. Actuaciones que nos muestran tanta generosidad con los más ricos del país, pero mezquindad con los más necesitados.

Miles de empresas se quebraron con la crisis ocasionada con la pandemia, millones de personas que se pauperizaron a causa del desempleo y la baja de productividad. No obstante el gobierno no gestionó una renta básica para las personas que perdieron su empleo. La inconformidad es total en el país: los propietarios y empleados de bares vienen protestando por la falta de atención a su gremio; algunos comerciantes cerraron sus establecimientos para pasarse a la informalidad, y la situación es bastante caótica por el plan del gobierno de beneficiar a los más ricos en detrimento de las grandes mayorías de la sociedad colombiana.

Ahora nos vienen con que pretenden aprobar una reforma tributaria incrementando un gravamen del 19 por ciento a los productos de la dieta alimentaria diaria como los huevos, la carne, la leche y las verduras; de igual manera el internet y todos los productos de electrónica; también la gasolina. No contentos con eso se pretende crear peajes urbanos, la congelación de los salarios por cinco años, entre otros de los gravámenes que se pretenden incluir en la Reforma Tributaria.

La meta del recaudo es de $23,4 billones que se logrará a través de cambios en el IVA  y en los impuestos a personas naturales y jurídicas. Es la tercera reforma tributaria en el periodo de Iván Duque, el mismo que basó su campaña en demagogia diciendo que se aumentaría el salario mínimo y se rebajarían los impuestos. Y la verdad es otra, es el peor gobierno, superando al de Pastrana.  Se dedicó a presentar un programa de televisión diario que lo que contribuye es a hacer propaganda al gobierno de hechos que no son reales.

El grado de cinismo del Presidente sobrepasa todos los límites, a tal punto que se atreve a afirmar que quién se puede negar a pagar unos impuestos para ampliar los beneficios sociales. La razón fundamental está en que ya no le cree el pueblo raso. En Colombia los beneficios solo están llegando a los sectores más pudientes.

Es tan absurdo el proyecto que le llama Ley de Solidaridad Sostenible, un nombre tan pomposo que pretende disfrazar la realidad del propósito de generar mayores recursos dentro de la política fiscal del gobierno. La realidad, el de Duque ha sido un gobierno derrochón: se gastaron $5.000 millones en mejorar la imagen del Presidente, $6.300 millones en los programas diarios que realiza por diferentes canales de televisión.

Esto no tiene ninguna representación para la población del país. Antes por el contrario, lo que busca es levantar una imagen que cada día se desploma. Duque no ha logrado generar un beneficio para los sectores populares y el empleo, al contrario, el país cada día va para el desfiladero: miremos cualquiera de los servicios básicos que necesitamos todos los colombianos como la salud, la educación o el medio ambiente.

Según las encuestadoras el nivel de desaprobación del presidente duque está en el 63 por ciento, una cifra increíble porque puede ser mayor. El país en estas condiciones es insostenible. El gobierno se sostiene gracias a las prebendas que reciben los congresistas, el maquillaje que le hacen los grandes medios de comunicación, de lo contrario un gobierno así debería estar fuera del ajedrez político.

Entre el ministro de hacienda, Alberto Carrasquilla, y el presidente, Iván Duque, parece haber un teléfono roto: mientras que el primero dice que solo hay caja para seis semanas, el segundo dice que la reforma tributaría beneficiaría al gobierno que lo suceda. El uno no sabe el precio de los huevos y el otro no sabía que en la nueva ley de reforma tributaria se gravaba con IVA a los servicios funerarios.

Tampoco es creíble la declaratoria de los partidos afectos al gobierno cuando salen a decir que no es conveniente una reforma tributaria y que votaran en contra, pues ellos han percibido el fuerte descontento con un gobierno que actúa como el legendario personaje de Robín Hood, pero al revés: le quita la plata a los pobres para dársela a los ricos.

El Paro Nacional que se llevó a cabo el 28 de abril es histórico porque pese a las prohibiciones del Tribunal de Cundinamarca, las marchas fueron masivas. Como dicen las consignas que se corearon: es más peligroso el gobierno de Duque con su reforma tributaria que un virus.

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