En Pasto derribaron la estatua de Antonio Nariño.

Por: Julián Bastidas Urresty.

Mientras que indígenas de Colombia tumbaron la estatua del conquistador español Sebastián de Belalcázar por considerar que fue culpable de la crueldad e injusticia ejercida contra sus antepasados, en Pasto  derribaron la estatua del general Antonio Nariño, irónicamente el prócer de la independencia que tanto sufrió y estuvo casi toda su vida en prisión por tratar de liberar a su pueblo del yugo español. Los vándalos de Pasto y sus instigadores, uno de ellos condecorado por la Academia Nariñense de Historia, promovieron y realizaron ese infame hecho sin saber que el  general Nariño fue quien tradujo del francés e imprimió la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano que hoy permite, entre otras libertades, la resistencia a la opresión, a expresar y protestar en las calles contra todo tipo de injusticias, claro que pacíficamente sin ese vandalismo que destruye bienes y símbolos de la propiedad colectiva y atenta contra la convivencia ciudadana.

Derribar la estatua del general Nariño es una ofensa a Montesquieu y Voltaire representantes de la Ilustración, a los Enciclopedistas Diderot y d’Alembert, que contribuyeron en la concepción de la Declaración de los derechos  del Hombre y dieron las bases de las grandes revoluciones contra los opresores, bases  que influyeron en los históricos procesos sociales y políticos de Europa y América. A nadie se le puede pasar por la cabeza, en Francia o en el mundo civilizado, derribar las estatuas de quienes dieron a la humanidad un nuevo rumbo ideológico, político y científico.

Fue el 20 de julio de 1811, cuando se colocó en Pasto, y en otras ciudades colombianas, la estatua de Nariño elaborada por el prestigioso escultor francés Henri-Léon Gréber, para  conmemorar el Centenario de la Independencia. La ciudadanía asistió a este evento con el orgullo de pertenecer a la nación colombiana. Ese día, con emocionantes discursos, intervinieron los  más destacados  intelectuales de la ciudad.  Con honor y nobleza dieron a su plaza principal y al Departamento el nombre del general Nariño.

El 1 de mayo del año 2021 será una fecha ingrata y vergonzosa de recordar, día en que ignorantes y violentos energúmenos derribaron la estatua con la que Pasto rindió homenaje  a tan ilustre general. Este suceso tan irracional y equívoco puede revivir el estigma y la burla a los pastusos que en el pasado, durante las guerras de la Independencia, fueron vistos como seres alucinados.  Por fortuna son numerosas las personas de Pasto, han expresado su indignación por la repudiable ofensa al  general Antonio Nariño, “el precursor de la independencia” colombiana.

Al parecer hoy, al momento de escribir este artículo,  la histórica escultura ha vuelto a su lugar de honor. Ahora se debe programar un evento de desagravio ante Colombia, ante el mundo, por el repudiable atentado. Los  instigadores por el daño ocasionado en un bien histórico y colectivo deben ser juzgados, denunciados y castigados. También por promover entre los jóvenes tan  atrevida ignorancia.

Sobre Antonio Nariño escribió Rafael María Carrasquilla: dentro de su cabeza dice “hirvió un cerebro en que cupo la libertad de un mundo; allí esplendió el fulgor del genio, que no discurre sino ve, que se adelanta al tiempo, que siempre tiene razón en lo futuro. En su pecho latió un corazón grande como la libre América” “¡Aquí me tenéis. Yo soy Nariño!”

La fotografía lleva el siguiente título: Colocación de la estatua de Nariño en la plaza principal de Pasto, en 1811.

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