HACIA LA CONSTITUYENTE EDUCATIVA ASAMBLEA PERMANENTE DE TRABAJADORES EN LA NACHO. PARAN BOGOTÁ, MEDELLÍN Y PALMIRA.

Fotografía: Miguel Angel Herrera

Ayer, 19 de de febrero, a las 12 de la noche, los trabajadores se han declarado en asamblea permanente, exigiendo el cumplimiento de los acuerdos firmados entre la directiva de la Nacho y el sindicato al término del año pasado. Hasta la fecha lo acordado no se ha honrado, y, a pesar de las advertencias hechas por los trabajadores no hubo una reunión que le de paso a la solución del conflicto.

Las instalaciones de la sede de Bogotá han sido cerradas, lo que supone una nueva suspensión de actividades en el campus de la Nacho, y el paro de hecho de las actividades en una comunidad que en el conjunto de las sedes supera las 45.000 personas que constituyen la población universitaria directamente interpelada.

Un testimonio elocuente

Jaime Salamanca, jardinero de la sede de Bogotá, oficio en el que viene trabajando hace 15 años, aclaró en Blue Radio, cuáles son las circunstancias del paro, y cuál es el nivel de salarios que percibe la gran mayoría de los trabajadores de la Universidad Nacional de Colombia.

La escala salarial no supera en la mayoría de los casos los $850.000 pesos. Por esta razón, trabajadores y empleados han levantado la exigencia de nivelar sus salarios con actividades afines en el país, exigiendo desde el año 2012 un aumento del 30 porciento.

Por lo pronto, en asamblea de trabajadores han acordado la medida de hecho de bloquear la actividad normal de la universidad más importante del país. Es la antesala a una posible huelga, si la intransigencia y el abandono de la educación superior pública a su suerte, y a la lógica torcida del mercado de un derecho fundamental sigue siendo la impronta del Estado.

Interpelación directa al Estado y al Mineducación

Estamos en el camino de tramitar una reforma a la contra-reforma de la ley de la educación superior, esto es la Ley 30. Ha habido discusiones en mesas de trabajo, y un documento puesto a la consideración de la ministra de educación.

Ella fracasó con el presidente de la república en su primer intento de ahondar la privatización de la UN. Volviendo a retrotraer las cosas a los años 70. El año pasado el resultado quedó simbolizado en un nuevo programa mínimo, y jornadas de lucha por esta causa que es de muchos. 

Ahora ya no es solamente la educación superior sino la condición laboral de la institución y la organización que la hacen posible la que está grave. No se puede pasar por alto, de una parte, la situación ruinosa de la infraestructura de la ciudad blanca, y de otra, la de su personal administrativo y docente, que aunque dividido en su dirigencia está en pie de lucha como se ha mostrado en la masiva asamblea del 20 de febrero en el León de Greiff, organizado por la triestamental universitaria.

Urge de inmediato la revisión del pago a la educación pública en Colombia, y del presupuesto que se le destina hasta hoy. No resiste la escala salarial vigente un examen comparativo de lo que se paga a los poderes y sus instancias superiores, y lo que el país invierte en materia de pagos a los trabajadores y empleados al servicio de la comunidad universitaria, y al resto de niveles de la educación pública, esto es, al profesorado universitario dedicado en buena parte a contratar con entidades del Estado para “cuadrar” su paga profesional.

Una constituyente educativa y fin de la guerra 

Tampoco se puede seguir quemando riqueza social en la guerra interna, parásita de la población activa, de los millones que trabajan a diario, y de los miles que han muerto o están mutilados.

No quieren más guerra y sí la recuperación de la educación, la salud, el medio ambiente, y la dotación de vivienda sin condicionamiento clientelista. Es fundamental taponar la vena rota de premiar a los señores de la guerra, de uno y otro modo. 
Es necesario pasar a la deliberación pública de la suerte de la educación, y de la Nacional en particular, y la vocería es de todos los directamente involucrados.

A partir de hoy, y con el interés de conseguir soluciones estables que se traduzcan en la recuperación de los salarios, de los edificios, así como cuentas claras en materia presupuestal de parte de la burocracia universitaria a todos los niveles se resolverá entre dos propuestas sindicales, la del sindicato reconocido legalmente, y la disidencia que lidera Juan Carlos. 

Sin embargo, lo que al fin dispongan estudiantes y profesores inclinará el fiel de la balanza en procura de una clara definición y ejecución de los acuerdos para avanzar también en los compromisos de la Universidad con la nación colombiana, para que sus gobernantes cambien de rumbo, dejando atrás la guerra entre colombianos.

Avancemos en términos de democracia, verdad, e igualdad social, en los que llevamos un ayuno de 50 años. Para que esto se concrete es requisito una movilización ciudadana sin precedentes que nutra una constituyente educativa nacional.

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