Hernandenses: una herencia de heroísmo campesino que marcó la historia de Colombia

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Foto: Desfile Cívico Militar TE. José María Hernández, 2024 

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Por: Lenin Coral Moreno

Desde el corregimiento de José María Hernández, en Pupiales, emerge una historia familiar que trascendió la adversidad para dejar huella en la vida militar, religiosa, educativa y cultural del país.

En el actual corregimiento de José María Hernández, jurisdicción del municipio de Pupiales, el gentilicio “hernandenses” no solo identifica a sus habitantes, sino que encarna una historia de resiliencia, sacrificio y grandeza. Desde la vereda Guacha, una humilde familia campesina, con escasos recursos y limitadas oportunidades, dio origen a siete hijos, de los cuales cuatro se convirtieron en figuras destacadas que dejaron una huella imborrable en la historia de Colombia.

Uno de ellos, José María Hernández Vivas, quien prestó sus servicios tanto a la Policía Nacional como al Ejército Nacional en el departamento del Amazonas, en el contexto del Conflicto colombo-peruano. Su valentía lo llevó a alcanzar los rangos de Teniente en la Policía y Sargento Primero en el Ejército.

Durante más de doce años, Hernández Vivas recorrió la selva amazónica, enfrentando enfermedades, explorando territorios inhóspitos y navegando ríos desconocidos, consolidando una invaluable experiencia en inteligencia militar. Esta información fue clave para las operaciones de defensa del territorio colombiano. Sin embargo, su destino fue trágico: el 17 de abril de 1933, tras ser acusado de espionaje por un consejo de guerra peruano, fue torturado y fusilado en la ciudad de Iquitos.

Otro de los hermanos, Buenaventura Hernández Vivas, conocido como “Fray Mateo de Pupiales”, emprendió el camino religioso con el apoyo de José María. Se ordenó como sacerdote capuchino en Barcelona, un logro significativo para la época. Su labor misionera lo llevó a territorios como Caquetá, Putumayo y Amazonas, donde no solo evangelizó, sino que también realizó estudios gramaticales de las lenguas indígenas Miraña y yakuna, contribuyendo al reconocimiento y preservación de las culturas originarias.

De regreso a su tierra natal, Fray Mateo es recordado como fundador de la Escuela Urbana San Francisco de Asís, institución que aún perdura y sigue formando generaciones.

En el ámbito religioso y educativo también destacó Hermicenda Hernández Vivas, conocida como “Sor María Ezequiela”. Ingresó a la vida religiosa en Puerto Asís, integrándose a la congregación de las Hermanas Franciscanas de María Inmaculada, fundada por Caridad Brader en San Juan de Pasto.

Sor María Ezequiela dedicó su vida a la educación, desempeñándose como docente en instituciones como la Normal Superior Pío XII de Pupiales y la Escuela Normal Superior Santa Clara de Almaguer, formando a generaciones de maestros que hoy sirven en Nariño y Cauca. Falleció a los 106 años, dejando un legado de vocación y servicio.

Finalmente, el arte y la cultura estuvieron representados por Pedro Heriberto Morán Vivas, quien inspirado en la trayectoria de sus hermanos, se inclinó por la música. Se desempeñó como director de la Banda Sinfónica de Bogotá y de la Banda Nacional de Colcultura, además de crear más de 30 obras, compuso  32 himnos, entre ellos  se destaca el Himno a la Escuela de Cadetes de Policía General  Francisco de Paula Santander.

En su honor, se creó el Concurso Nacional de Bandas Musicales Infantiles “Pedro Heriberto Morán Vivas” en Guatavita, como reconocimiento a su aporte al patrimonio musical del país.

Esta historia familiar resume el espíritu del ser hernandense: una identidad forjada en el esfuerzo, el amor por la tierra, la vocación por el conocimiento y la valentía frente a la adversidad. Más que un gentilicio, es un legado vivo que sigue inspirando a nuevas generaciones.

04, abril ,2026 

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