La familia: un activo en el Carnaval de Negros y Blancos de Pasto

El 6 de enero de 2021, la capital nariñense celebró el primer día de blancos en la virtualidad, desde la concha Acústica “Agustín Agualongo”. El lugar se vistió de arte, colores y cultura; construyendo un puente entre Colombia y el mundo.

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La crisis sanitaria de la pandemia del Covid-19 obligó a la ciudad de Pasto (al igual que en todo el mundo) a cerrar cines, teatros, presentaciones de libros, exposiciones y museos. Sin embargo, la Alcaldía y Corpocarnaval abrieron una puerta virtual. El objetivo, colocar en escena el Día de Blancos, a través de una agenda que hizo un homenaje a la vida y al trabajo en equipo.  Contagio de alegría a sus protagonistas y espectadores. -televisión e internet-

El lugar escogido la concha Acústica “Agustín Agualongo”. Una cita con la historia, el presente y futuro de la fiesta popular que, en el año 2009, fue reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. De esa fecha hasta hoy, han pasado 11 años. “Esta fiesta popular, es una escuela pública más grande de Colombia. Donde la capacidad de expresar los sentimientos, mediante diversas modalidades artísticas y artesanales es evidente”, afirma Carla Celia –Directora del Carnaval de Barranquilla.

Es su escenario de arte efímero, donde se congrega el pueblo para repensar la memoria ancestral. Es un encuentro colectivo con las diversas formas de sentir la vida En esencia, es la construcción de de ciudadanía. Le hace homenaje a sus raíces. Es una oportunidad anual de bailar, de reírse, de cantar y hacer bullicio. Incluso, desde la virtualidad.

Todo es posible en el año 2021 – una época de nueva normalidad- gracias la inagotable imaginación de los artesanos. Los artesanos y cultores, recibieron el legado de sus abuelos y padres esta tradición local y regional. “Hoy, en medio de la pandemia del coronavirus, oxigenan la cultura. Se nutre de un espacio creativo, propicia un comportamiento lúdico, despiertan el subconsciente colectivo y fortalece el espíritu humano”, advierte Héctor Rosero –profesor de la Universidad Mariana—

Es un ejercicio de libertad –bajo medidas de bioseguridad- que con el paso de los minutos y de las horas, se convierte en un ritual donde aflora la esencia de la vida. Es de recordar que el Día de Blancos nació de la confrontación amistosa y compartir de amigos. Que se ha mantenido vigente desde el año 1927.

Fue en ese año, cuando se eligió a Rosa Elvira como la primera reina de la alegría y el Carnaval. Así se inició en Pasto, el juego de Carnaval de Negros y Blancos. Su puesta escénica fue teatral. Con comparsas al son de bambucos sureños y guaneñas, al que se sumaron las carrozas. En el contexto cultural, son autos alegóricos, que antes de la llegada del coronavirus desfilaban por la Senda de la fiesta popular, bajo una sensibilidad particular y con un alto sentido escenográfico.

En palabras de Adriana Jurado –cantante de música religiosa- “el Carnaval de Negros y Blancos fue un espacio cultural que inventaron los pastusos para trasgredir el olvido y condesar la fuerza del juego. Una fiesta con una tradición de varias décadas. Se destacan 105 torrentes de la memoria mestiza. Es una autopista a la memoria y el tiempo”

Precisamente, al finalizar la tarde del 6 de enero de 2021- primer Carnaval de Negros y Blancos en la virtualidad- viene a la memoria el trabajo artístico del maestro Alfonso Zambrano Payán. “Tenía una exquisita sensibilidad. Conocía el el vocabulario y el valor de la cultura local. Muchas personas de mi generación fuimos testigos de las interminables noches y tardes construyendo una carroza. Tenía una sabiduría infinita”, señala Isidoro Medina –historiador-

Al observar en detalle el antes, el ahora, y, lo que viene alrededor de la fiesta popular; se puede decir, sin temor a equivocarnos, que “para conocer de su lúdica no hay que hacer fila. No se necesitó de reserva para disfrutar del día magno. Con un clip del celular hizo parte de está cotidianeidad por unas horas. Lo que sí, se extrañó fue el contacto con la gente de manera presencial”.

En esta fecha del calendario –el inicio de la tercera década del siglo XXI- ningún habitante de Pasto no escapó a buscar en sus archivos las fotos del Carnaval que se disfruta en la calle. En los andenes, ventanas y balcones. Ese, fue el caso de las familias Rosero, Vela, Santacruz, Taylor, Cabrera, De la Rosa, Villota, Guerrero o Salas. El recuerdo vestido de nostalgia. De lo que vivieron en la senda del Carnaval desde niños. En su juventud y en su edad adulta. Por allí pasaron personajes disfrazados de murgas comparsas y monumentales carrozas, elaboradas con arte e ingenio preciosista. Convertidas en figuras gigantescas. Con expresiones y gestos conmovedores. Con movimientos de ojos y articulaciones. Un escenario rodante que detenía el aliento y generaba aplausos. Y la frase: “Viva Pasto carajo”

Lo cierto, es que gracias a la tecnología –virtualidad-  el mito, la leyenda, las invenciones extraídas de la imaginación de cultores y artistas sigue vivo. “Vivo en medio de la pandemia. Aquí, en la concha Acústica Agustín Agualongo, se abrió paso una catarsis colectiva. Un desahogo masivo. Un sortilegio contra el tedio y la melancolía del espíritu andino”, anotó la Reina del Carnaval Lina Delgado.

Al caer la noche, comenzó a cerrarse la puesta en escena de una fiesta popular diferente por las circunstancias de emergencia sanitaria que está inmersa la ciudad, Colombia y el mundo. Si me preguntarán: ¿qué haría en el año 2022? -si Dios nos regala la vida en normalidad- Sin dudarlo, marcaría en el itinerario, el viaje al sur del país.

Este viaje comenzó hace varias décadas para varias familias de cultores y artistas. Muchos de ellos, vieron partir en los últimos meses y semanas a sus seres queridos. Tienen ese dolor en el corazón. Toman agua, antes de salir a escena para homenajear a la vida. Al Carnaval que aman entrañablemente.

La cultura está en el ADN de los pastusos. Lo que sus protagonistas hicieron en el año 2021. fue mostrar la magia y el arte en toda su dimensión. Con valores de disciplina fe y orgullo.  Niños, jóvenes y adultos hicieron vibrar a quienes lo observaron por televisión e internet. No necesitaron comprar boleta. “Porque, la cultura no tiene fronteras. La cultura siempre nace del corazón, la educación y el ejemplo”, subrayó el Alcalde Germán Chamorro de la Rosa.

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