Por Tirso Benavides Benavides
2026, año de elecciones. El tema político es pan de cada día y en esta oportunidad las consultas internas e interpartidistas han tomado un protagonismo inusitado, todos hablan de ellas, aunque no estén los candidatos favoritos, aunque se trate más bien de un repechaje de segundones sin opciones de victoria, peones que impulsados y agrandados por los votos pueden llegar a alterar el tablero del ajedrez electoral.
Esto ha llevado a cuestionar la conveniencia de este mecanismo creado con el fin loable de promover la democracia al interior de los partidos y promover la participación directa de la ciudadanía en la escogencia de sus dirigentes, pero que se ha venido desdibujando por las prácticas politiqueras que han hecho de estos conteos en las urnas un asunto de estrategia política, o peor aún, un negocio electorero en pos del dinero de la reposición de votos.
Luis Carlos Galán fue su promotor a finales de los ochentas, buscando que la candidatura oficial del Liberalismo se definiera en unas elecciones y no “a dedo”, por decisión de las élites de cada partido. Y es que en teoría una consulta democrática es la manera más transparente e idónea para dirimir la representación de una organización o una coalición, pero su abuso o su uso con otros fines han erosionado su legitimidad.
Basta dar un vistazo al panorama actual.
En un mes, el 8 de marzo, el mismo día de las elecciones al Congreso, los colombianos pueden optar voluntariamente por votar en una de las tres consultas inscritas, para tal fin habrá una tarjeta electoral aparte, en el que aparecen los rostros de 16 aspirantes, algunos con cierto reconocimiento, pero la mayoría unos ilustres anónimos para gran parte de los sufragantes.
La parte superior del tarjetón le correspondió por sorteo al centro, una consulta en la que el resultado está más que cantado. La denominada “Consulta de las Soluciones” enfrenta a la exalcaldesa de Bogotá Claudia López, una figura con visibilidad en la esfera pública, quien además controla un sector importante de la maquinaria del Partido Verde, contra Leonardo Huerta, un total desconocido, lo que asegura el triunfo de la dama.
Escenario muy distinto al que se habría presentado si Sergio Fajardo, el candidato que más marca en las encuestas dentro de este sector del espectro político, hubiera decidido participar y no ir directo a primera vuelta, con lo que perdió la oportunidad de llegar fortalecido tras una victoria casi segura en la consulta.
En la zona intermedia se ubican los 9 candidatos de la “Gran Consulta por Colombia”, la más numerosa. Esta c0alición que pretendía reunir a varios políticos de centro derecha, con perfiles de tecnócratas, finalmente se inclinó hacia el ala más radical tras la entrada al ruedo de Paloma Valencia, la ungida del Centro Democrático. Mauricio Cárdenas, David Luna, Vicky Dávila, Juan Manuel Galán, Paloma Valencia, Juan Carlos Pinzón, Aníbal Gaviria, Enrique Peñalosa y Juan Daniel Oviedo, conforman este abanico de opciones, en donde se augura que el voto uribista le dará la ventaja a la senadora caucana.
Así la derecha contará con dos cartas en primera vuelta, quién resulte ganador en la interpartidista y el cuestionado abogado Abelardo de la Espriella, uno de los punteros en las encuestas quien se abstuvo de hacerse contar, confiado en el favoritismo que reflejan todos los sondeos.
Finalmente, en la parte inferior del tarjetón, figuran los candidatos del “Frente por la Vida”, la consulta de la izquierda, cuyo proceso ha sido el más accidentado y en la que paradójicamente no aparece ningún candidato que represente realmente al progresismo o la continuidad del proyecto del presidente Petro, al punto que el mismo mandatario invitó a NO participar en ella.
Las decisiones tomadas a finales de la semana pasada por el cuestionado Consejo Nacional Electoral, un órgano de origen netamente político que ejerce funciones judiciales, fueron determinantes para llegar a esta situación.
En primer lugar se negó la participación de Iván Cepeda, con el argumento de que ya había resultado ganador en la consulta de octubre lo que le impedía hacer parte de la del próximo mes y lo obligaba a participar en primera vuelta. De yapa autorizó la inscripción de Daniel Quintero, ex alcalde de Medellín, quien en dicha ocasión se retiró de manera extemporánea, por lo que apareció en el tarjetón y hasta obtuvo una votación considerable sin hacer campaña.
En consecuencia, la baraja de candidatos de la izquierda quedó así: Héctor Elías Pineda, Edison Lucio Torres, Martha Viviana Bernal, Daniel Quintero y Roy Barreras. Ante la exclusión de Cepeda algunos aspirantes como Camilo Romero y Juan Fernando Cristo prefirieron retirarse y apoyar al candidato del Pacto Histórico, quien manifestó que está listo para enfrentar la primera vuelta manteniendo los primeros lugares en las preferencias que muestran las encuestas.
En resumen el “Frente por la Vida” se convirtió en una competencia entre dos camaleones políticos, Roy y Quintero, los únicos con posibilidades, políticos de conveniencia que se han puesto todas las camisetas y que hoy se muestran como progresistas a pesar del rechazo de figuras importantes del petrismo como el de Gustavo Bolívar quien afirmó que esta era la consecuencia de la falta de límites éticos en la admisión de políticos tradicionales al proyecto del actual gobierno.
Barreras, fiel a sus métodos promete hacer un acuerdo con Cepeda después de la consulta, algo que la ley no permite pues quien resulte ganador debe ir a la contienda por la presidencia, enfrentando al verdadero candidato de izquierda. Para repelar algunos votos hasta propuso que la fórmula vicepresidencial ideal es el mismo Petro, ahí está pintado Roy, un politiquero puro y duro que ha sabido sacar provecho en todos los gobiernos sin importar tintes ni ideologías. Quintero, empapelado hasta el cogote, investigado, con varios de sus colaboradores cercanos en su paso por la alcaldía de Medellín procesados, no es una mejor opción.
El derecho a participar y a aspirar en política es indiscutible, pero ¿qué buscan estos personajes que saben de antemano que no tienen ningún chance?
Algunos simplemente figurar, no está demás en un currículum el haber sido candidato a la presidencia. Otros quieren apalancar una aspiración más realizable: ser ministro, ser alcalde, gobernador o cualquier alto cargo de nuestra nutrida burocracia. Todos, así no lo reconozcan, van por recursos económicos. La reposición se ha convertido en una importante fuente de ingresos para los políticos, más de 8 mil pesos por voto no es una suma despreciable. El negocio socio.
Urge una reforma electoral que vuelva a encarrilar a las consultas como una herramienta útil de la democracia. Por ejemplo, en las que son internas solo deberían participar los miembros de esa organización para evitar el fenómeno de que gane el voto en contra, como ocurrió cuando la gente apoyó a Nohemí Sanín para cerrarle el paso a Andrés Felipe Arias “Uribito”, lo que definió finalmente las elecciones en esa oportunidad pues ante la ausencia de su favorito Álvaro Uribe apoyó a Santos.
Se espera que el 8 de marzo más de 20 millones de colombianos ejerzan su derecho al voto. ¿Cuántos pedirán el tarjetón de la consulta?, obviamente los militantes, pero seguro también una suma considerable de ciudadanos que marcará a ciegas, sin saber ni por qué vota, ni por quién, ni mucho menos que con su voto está tal vez engordando las arcas de un politiquero.




