Las ventanas rotas

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Por: José Arteaga
(X-Twitter: @jdjarteaga)
En marzo de 1982 la revista literaria The Atlantic Monthly publicó un artículo de los criminólogos James Quinn Wilson y George Lee Kelling titulado “Ventanas Rotas” y exponían la siguiente premisa: “Consideren un edificio con una ventana rota. Si la ventana no se repara, los vándalos tenderán a romper unas cuantas más. Finalmente, quizás hasta irrumpan en el edificio; y, si está abandonado, es posible que lo ocupen ellos y que prendan fuego dentro. O consideren una acera o una banqueta: se acumula algo de basura; pronto, más basura se va acumulando; con el tiempo, la gente acaba dejando bolsas de basura de restaurantes de comida rápida o hasta asaltando coches”.
En otras palabras, la teoría de las Ventanas Rotas postula que los signos visibles de desorden envían un mensaje de abandono que fomenta comportamientos delictivos, creando un ciclo de deterioro y criminalidad que irá In Crescendo y que puede extenderse a toda una comunidad. La forma de solucionarlo, según Wilson y Kelling era controlar y reparar rápidamente pequeños actos incívicos y enviando un mensaje de orden y cuidado.
La teoría caló muy hondo en unos años, en una sociedad y en unas ciudades donde existían sector y barrios intransitables. Por esa y por otras razones, Nueva York, por ejemplo, tenia un condado que simbolizó aquello para todo el mundo: el Bronx, específicamente el South Bronx, habitado por un conglomerado muy cosmopolita, que dio lugar a grandes proyectos sociales, artísticos y musicales (la música salsa, entre otros), pero al mismo tiempo se caracterizó por el abandono, la basura, la oscuridad y la delincuencia. Bronx fue sinónimo de zona mala y todas las grandes ciudades tuvieron su Bronx.
Dos años más tarde, en diciembre de 1984, cuatro chicos con antecedentes policiales, provenientes del Bronx, se subieron a la línea 2 del Subway (el metro) y empezaron a intimidar a los pasajeros. Entonces un hombre llamado Bernhard Goetz sacó su revolver y les disparó. Fue una noticia mediática que acabó con Goetz convertido en héroe, pero puso un punto de inflexión en los peligros del Subway.
Entonces, David L. Gunn, director del sistema de transportes, optó por hacer algo inusual. En lugar de centrarse en combatir el crimen en las líneas de metro que pasaban por el Bronx, inició una campaña de limpieza de los vagones. Todos los graffitis fueron borrados y un aire de limpieza reemplazó a esa imagen de rincón de pandillas de antes.
Le llovieron las críticas, por supuesto. Aquello era como poner flores en los fusiles, como en la Revolución de los Claveles en Portugal. Pero el resultado fue increíble, la gente fue perdiendo paulatinamente el miedo a ir en metro y eso determinó que se implantarán nuevas medidas en el transporte público. El jefe de policía del metro, William Bratton, dio orden de detener durante una hora a los que se subieran sin pagar. Luego los soltaban. No hizo falta más. Fue una bendición para una ciudad agobiada por el crimen. Hoy es un medio seguro.
Toda esta historia viene a cuento porque también se ha vivido en Colombia. La teoría de las Ventanas Rotas se aplicó en Medellín en 1995, específicamente el caso el Subway neoyorquino. En los dos primeros años de servicio del metro paisa, cada vez que un vagón era ensuciado o pintado, se llevaba al taller y se lo devolvía como nuevo. Fue la llamada Cultura Metro, basada en el autocuidado y en la responsabilidad compartida. La ciudad fue así dejando atrás el mensaje “Nadie cuida” y recibiendo el “Aquí importamos”.
En Bogotá fue más complicado. La primera alcaldía de Antanas Mockus tuvo como una de sus banderas la llamada Cultura Ciudadana, que buscó cambiar hábitos y comportamientos incívicos a partir de 1995. Fue, guardadas las proporciones, como borrar grafittis. Pero aplicó también la llamada Ley Zanahoria, cerrando bares y discotecas a la 1 de la mañana, lo que derivó en una crisis económica para el sector, pero redujo la tasa de criminalidad nocturna.
El problema es que ese sentido de comportamiento cívico duró un tiempo. A partir de su segunda alcaldía en 2001, Bogotá ha transitado entre un énfasis en el respeto por la ciudad y un alejamiento del mismo, porque algunos alcaldes le han dado más importancia a los delitos graves y no al tratamiento de las faltas menores, punto de partida de la teoría de las Ventanas Rotas.
La web Miblogota analizó el tema con una serie de ejemplos como este: “Si el parque de la cuadra está vuelto nada, probablemente yo no me preocupe por recoger el popó de mi mascota. Una basura más, una basura menos, un dueño de mascota más que no limpia lo suyo, ¡qué importa! El deterioro del parque continuará hasta tal punto que perderá por completo su propósito original de ser un punto de recreación, encuentro, e integración de la comunidad. Y más temprano que tarde, terminará totalmente deshabitado, convertido en un lugar inhóspito, oscuro, e inseguro. Pero si el parque está impecable, ello hará que me tome el trabajo de mantenerlo como está, de recoger mi basura y todo lo que haga mi perro”.
Moisés Wasserman, quien como Mockus fue rectos de la Universidad Nacional, llegó a afirmar: “La respuesta a estas quejas suele ser un regaño. Se trata de desconsiderado a quien se queja por estas pequeñeces –con tantos males que aquejan a otros–, o por las molestias que causan los trabajos para el futuro de la ciudad. Pero la gente vive solo una vida, que sucede en el presente y acá”.
Según Wasserman, pues, una buena acción atrae otra buena acción, más que como plan, como resultado de nuestra educación. Somos cívicos porque nuestras madres nos enseñaron a serlo. Y ese factor primario es el que debemos traer de vuelta a las políticas públicas, pues parece haberse olvidado.
Siempre hay situaciones extremas y contrarias, como el Estallido Social de 2021. Ese año los desmanes provocaron que el delito fuese mayor en determinadas zonas; sobre todo, por supuesto, en aquellas donde no había presencia de la autoridad legítima. Según Portafolio el delito era mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato eran mayores. Ciudades como Cali mostraron señales de deterioro y miedo a reconstruir. Sin embargo, hoy en día hay una sensación de que ese nivel de destrozos es algo que no debe volver a pasar.
¿Y Pasto?
Pues una política basada en la teoría de las Ventanas Rotas se ha visto truncada porque no se la ve como prioritaria. Las alcaldías han hecho como Mockus, inculcar la Cultura Ciudadana, pero sin un plan determinado; es decir, sin un enfoque en sector difíciles para mejorarlos. Y sin duda, la aplicación le convendría a la comunidad en general porque un acto tan simple como la limpieza mejora la sensación ambiental de cercanía con un negocio, con una tienda, con una calle o con un barrio.

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