Desde las plazas de mercado hasta Gastrodiversa, Luz Nandar ha construido una vida alrededor de la cocina tradicional. Su historia es un homenaje a las madres, las abuelas, los campesinos y los fogones que conservan la identidad gastronómica del territorio.
La cocina tradicional de Nariño tiene rostros, historias y protagonistas que han dedicado su vida a conservar los sabores del territorio. Una de ellas es Luz Nandar, portadora de tradición, una mujer que encontró en las plazas de mercado su escuela de vida y en la gastronomía una manera de preservar la memoria cultural de la región.
Durante su participación en Gastrodiversa, Luz compartió su experiencia en un conversatorio dedicado a las plazas de mercado, la cocina y el territorio. Un encuentro que permitió reflexionar sobre el significado de los alimentos y la relación que existe entre quienes cultivan la tierra, quienes preparan los productos y quienes disfrutan de la gastronomía tradicional.
“Mi cocina se hizo en una plaza de mercado, donde la vida me permitió crecer, aprender y hoy en día representar las plazas de mercado”, expresó.
Para Luz, cocinar es mucho más que preparar alimentos. Es mantener una conexión con la tierra, reconocer el trabajo campesino y conservar los conocimientos transmitidos de generación en generación.
Una historia que comenzó junto a su madre
Su acercamiento a la cocina comenzó durante la infancia, cuando aprendió las primeras preparaciones junto a su madre. Sin embargo, fue durante la adolescencia cuando descubrió una vocación que terminaría definiendo su vida.
Al llegar a una plaza de mercado e ingresar a una cocina tradicional, comenzó a comprender que detrás de cada receta existían historias familiares, conocimientos ancestrales y una profunda relación con el territorio.
“Ahí me empecé a enamorar, a mirar la cocina desde otro punto de vista, a mirar que la cocina nos conecta con esas raíces, con nuestras madres, con nuestra familia, con esos fogones ancestrales”, recordó.
Con los años, su experiencia y dedicación le permitieron recibir el reconocimiento de portadora de tradición, una denominación que asume con orgullo y responsabilidad.
Su propósito es contribuir a la salvaguardia de las recetas heredadas de las abuelas y las madres, evitando que los conocimientos gastronómicos desaparezcan con el paso de las generaciones.
El cuy y el locro, protagonistas en Gastrodiversa
En Gastrodiversa, Luz Nandar participa con un espacio dedicado a ofrecer preparaciones representativas de la gastronomía regional, entre ellas el cuy y el locro, dos platos profundamente vinculados con la identidad cultural de Nariño.
También ofrece ajiaco, una preparación que, aunque no es originaria del departamento, forma parte de la diversidad gastronómica colombiana.
Para Luz, presentar estos alimentos constituye una oportunidad para dar a conocer los productos de la región y reconocer el trabajo de quienes mantienen viva la cocina tradicional.
El locro, particularmente, representa una conexión histórica entre las comunidades andinas del sur de Colombia y Ecuador. Se trata de una preparación compartida por diferentes territorios de los Andes, con variaciones que expresan las particularidades de cada comunidad.
“En el locro se conjuga todo lo que es esos productos que en Nariño se cultivan”, explicó.
Esta cercanía gastronómica demuestra que las tradiciones culinarias trascienden las fronteras políticas y forman parte de una historia cultural compartida entre los pueblos andinos.
Las plazas de mercado, espacios de memoria y conocimiento
Uno de los mensajes centrales de Luz Nandar es la necesidad de reconocer el valor cultural de las plazas de mercado.
Estos espacios no solamente cumplen una función comercial. También son lugares donde se encuentran campesinos, productores, cocineras tradicionales y consumidores, permitiendo la transmisión cotidiana de conocimientos y prácticas alimentarias.
En las plazas se conserva una parte fundamental de la memoria gastronómica de Nariño. Allí sobreviven recetas, técnicas de preparación, formas de seleccionar los ingredientes y maneras de comprender la relación entre alimentación y territorio.
Por eso, encuentros como Gastrodiversa adquieren especial importancia al abrir espacios para escuchar las experiencias de quienes han construido su conocimiento desde la práctica y la tradición.
“Esto es Gastrodiversa, es un espacio bien bonito para aprender lo que es la cocina, lo que es la gastronomía y lo que es Nariño”, manifestó.
La historia de Luz Nandar recuerda que la riqueza gastronómica de Nariño no está solamente en sus platos, sino también en las personas que conservan sus recetas, en los campesinos que producen sus ingredientes y en las plazas de mercado donde esos conocimientos permanecen vivos.
Su participación en Gastrodiversa es una muestra de cómo la cocina tradicional puede convertirse en un espacio de encuentro, reconocimiento cultural y valoración de la identidad regional.




