Más y más remesas

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Por: José Arteaga
(X-Twitter: @jdjarteaga)
Hace un par de años hablaba aquí del tema remesas y contaba como éstas en Colombia representaban el 13,6% del Producto Interno Bruto (PIB), y que provenían principalmente de Estados Unidos, España, Chile, Reino Unido y Ecuador. Pues bien, dos años después las remesas han crecido un 10,6% más todavía, logrando un récord en la historia del país. Tanto es así que entra más dinero por remesas que por exportaciones de petróleo.
Todo esto tiene que ver con varios factores y también con el debate que hay sobre la economía de Colombia. El Gobierno, como no podría ser de otra manera, dice que la economía está bien. La historia reciente demuestra que, en efecto, la colombiana es una de las economías más estables de Suramérica. Pero los analistas no creen que eso sea cierto, porque el Estado se ha endeudado, ha crecido el gasto y ha agotado su capacidad de ahorro, con lo cual esa estabilidad es una falacia y se avista una crisis en poco tiempo, o sea en el siguiente cuatrienio presidencial. En cualquier caso, la crisis de Ecopetrol estaría compensada por el incremento de remesas, al menos en este momento. Pero vamos a los factores.
El primer factor es la emigración. Con un millón y medio de colombianos idos del país desde 2022, y con un promedio de 35.000 nacionales llegando a España para quedarse cada tres meses (ejemplo de un país de acogida natural), las remesas crecen como consecuencia directa. Hay todo un fenómeno social detrás. Establecerse no es fácil, conseguir un empleo tampoco, pero enviar dinero a casa es una obligación inmediata y constante, de modo que las remesas aumentan. Según Valora Analitik, “sólo en diciembre de 2025 ingresaron 1,173 millones de dólares”.
El segundo factor es la fragilidad monetaria local. Colombia no ha tenido la escandalosa devaluación de Venezuela (82,7% frente al dólar); ni las variaciones de supervivencia de Cuba (peso cubano, peso cubano convertible (CUC) y dólar); ni el sistema de bonos que heredó Argentina tras “El corralito” (Patacones, Lecop, Lecor y otras cuasimonedas); ni tampoco ha pasado por una dolarización como en Ecuador. Pero el valor del peso colombiano es fluctuante, porque siempre convive con riesgos fiscales, y por mucho que el Banco de la República emita mensajes de fortaleza, la calle mide el riesgo en términos cambiarios: 4,351 pesos por 1 euro. Punto.
El tercer factor es la facilidad de envío, tema que analizamos en su momento. Antes este sistema estaba bancarizado; es decir, se hacía de un banco a otro, pero en la medida en que la emigración ha ido aumentado, las empresas privadas acudieron al rescate. A comienzos de siglo XX surgió PayPal con menos comisiones. Luego Western Union y MoneyGram, inmediatas y directas, pero presenciales. Ahora abundan las Remitly, Remit, Ria Envía, Revolut o Wise, cada una con una ventaja competitiva diferente y con facilidad de uso por App.
El problema es que esto ha generado el interés por la criptomonedas. Digo problema, porque la tendencia a esconder dinero es parte del ADN de las divisas virtuales. Por mucho que funcionen, por mucho que digan que apenas comienza su Era o que están en desarrollo, la verdad es que la mayoría de personas acude a éstas porque los riesgos se minimizan. La tecnología blockchain de las criptomonedas ofrece una cadena de anillos de seguridad que permiten rastrear el envío, cosa que ninguna empresa normal hace. Por eso Bitcoin, Litecoin o Ripple han entrado al circuito de las remesas.
El cuarto factor es la situación del país de origen de las remesas. En el caso de España, por ejemplo, hay sensación de inestabilidad política y eso repercute en lo financiero, en el empleo, en las regularizaciones laborales, en los impuestos y en el control de las remesas. Se temen fugas de capitales y se percibe blanqueo de dinero. Las remesas están bajo la lupa y las normativas son cada vez mayores.
Si las transferencias son pequeñas (que así son la mayoría), se entiende como beneficio familiar. Si son superiores a 3.000 euros son supervisadas por la Agencia Tributaria (AEAT). Y si son superiores a 10.000 euros tienen que declararse, según el Modelo S1 en Hacienda. No implica pagar tasas, pero evita sanciones. Todas las empresas de envío están obligadas a monitorear el origen y destino de los fondos.
Ahora bien, hay un factor aledaño que es el estudiantil. Un colombiano viaja para hacer una especialización, por ejemplo. En ese caso, esta persona no envía remesas, sino que las recibe. Por lo tanto hay una fluctuación que también está bajo la lupa y nos devuelve, de alguna manera, a la línea de salida: los bancos.
Los monederos o billeteras digitales, tipo Nequi para Colombia o Bizum para España, aún están en desarrollo y carecen de una interrelación. Nequi es más abierto en término de remesas, pero Bizum no sale de la Comunidad Europea. Su polo a tierra es la cuenta bancaria y eso hace que esta fluctuación no sea tan libre, a sabiendas que Colombia es el país latinoamericano con más estudiantes de postgrado (20.000) en España.
Eso es lo que ha cambiado desde 2024 cuando hice al anterior análisis. Pero la gran pregunta sigue latente: ¿las remesas son beneficiosas para la economía colombiana? En apariencia sí, como hemos visto, pero no todo lo que brilla es oro.
El FMI cree que las remesas pueden aumentar la inclusión financiera a través de los bonos internacionales, que son los emitidos por gobiernos, bancos o empresas adaptando la llegada de la moneda al mercado nacional. Pero también se cree que fomentan el delito y la especulación. Enviar dinero por canales no oficiales dificulta la lucha contra los delitos financieros. Y al no poder aplicar un tipo de impuesto, se crea un clima de informalidad.
Sociológicamente hablando, esto como tener un puesto informal en la acera frente a un almacén que paga impuestos. Por eso, expertos en migraciones dicen que las remesas influyen directamente en el subdesarrollo económico. Manejar dinero fluctuante e incidir en el PIB no garantiza el desarrollo; por el contrario, mantiene a un país dependiente de una moneda que no es la suya.
Por eso, todo este universo que agrupa sociedad, migración, viajes, estudios, trabajos, remuneraciones, envíos, salarios, pagos, sistemas, economía, bancos y empresas, requiere de un ajuste en que tanto Gobiernos como personas se vean beneficiados. Por el momento, todo sigue estando en pañales.

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