Escuchando nota
Pablo Emilio Obando Acosta
En política existen nombramientos que trascienden el ámbito protocolario para convertirse en verdaderos acontecimientos institucionales. La elección de la senadora nariñense Liliana Benavides como presidenta de la Comisión Cuarta Constitucional Permanente del Senado de la República pertenece a esa categoría. No se trata únicamente de un reconocimiento a una trayectoria legislativa; representa, sobre todo, una oportunidad excepcional para que la voz de Nariño tenga mayor incidencia en uno de los escenarios donde se discuten las decisiones que determinan el rumbo económico y fiscal de Colombia.
La Comisión Cuarta no es una comisión cualquiera. Allí se estudian los proyectos relacionados con el presupuesto nacional, el sistema tributario, las finanzas públicas y el manejo de los recursos del Estado. En otras palabras, es uno de los espacios donde se decide cómo se distribuyen las oportunidades de desarrollo para las regiones. Que una mujer nacida en esta tierra presida esa instancia constituye un hecho de enorme significado político e institucional.
Nariño ha esperado durante décadas una mayor presencia del Estado en materia de infraestructura, conectividad, competitividad y desarrollo productivo. Son innumerables los proyectos que permanecen en la lista de las aspiraciones regionales: mejores corredores viales, fortalecimiento de la red terciaria, impulso a la industrialización, incentivos para el emprendimiento, mayor inversión en el campo, apoyo a las cadenas agroindustriales, modernización de los puertos y políticas que permitan convertir nuestro inmenso potencial humano y natural en verdadera riqueza colectiva.
Esa agenda histórica requiere liderazgo, capacidad de concertación y presencia en los escenarios donde se toman las decisiones. Por ello, la presidencia de la Comisión Cuarta abre una puerta que Nariño no puede desaprovechar. No porque una sola persona tenga la facultad de resolver todos los problemas de la región, sino porque puede contribuir a posicionarlos con mayor fuerza dentro de la discusión nacional y facilitar los consensos necesarios para que las inversiones lleguen donde durante años han sido insuficientes.
Este no es el momento para mezquindades políticas ni para dividir un logro que pertenece a todo un departamento. Los grandes intereses regionales deben estar por encima de las diferencias ideológicas y de los cálculos electorales. Cuando Nariño logra ocupar un espacio estratégico en las altas instancias del Estado, el deber de sus dirigentes, de la academia, del sector empresarial, de los gremios y de la ciudadanía es respaldar institucionalmente ese liderazgo y presentar una agenda común de prioridades.
La historia demuestra que las regiones progresan cuando son capaces de convertir sus oportunidades políticas en resultados concretos. Ningún cargo produce desarrollo por sí mismo; son la visión, la gestión y el trabajo conjunto los que transforman las responsabilidades institucionales en obras, inversión y bienestar para la población.
A la doctora Liliana Benavides le corresponde ahora una enorme responsabilidad. Su elección despierta legítimas expectativas entre los nariñenses, quienes esperan que esta nueva dignidad contribuya a fortalecer la presencia de nuestro departamento en las decisiones económicas de la Nación. El reconocimiento alcanzado es también un compromiso con una región que durante muchos años ha reclamado mayor atención del Gobierno Nacional.
Desde estas páginas de opinión periodística solo queda expresar un sincero deseo de éxito. Que la presidencia de la Comisión Cuarta se traduzca en más oportunidades para Nariño, en más recursos para su desarrollo, en mayor inversión para su infraestructura y en mejores condiciones para generar empleo, empresa e industria. Si ello ocurre, el beneficio no será para un partido político ni para una persona en particular, sino para un departamento que durante décadas ha esperado que el país mire hacia el sur con la importancia que merece.
Hoy, más que celebrar un nombramiento, corresponde asumirlo como una responsabilidad colectiva. Porque cuando Nariño ocupa espacios de decisión nacional, el verdadero desafío consiste en convertir esa representación en progreso, desarrollo y esperanza para todos sus habitantes.




