“Durante toda mi vida se me ha acusado muy a menudo y en distintos idiomas de ser demasiado optimista, de tener una visión de color de rosa del mundo y de la gente. Lo que suelo responder es que tanto los optimistas como los pesimistas nos morimos al final, pero los optimistas viven felices y con esperanza, mientras que los pesimistas pasan los días en el cinismo y en la pesadumbre. Además, el optimismo es indispensable para el progreso”.
Shimon Peres
¿Qué sería Nariño sin el optimismo y la esperanza de transformar su futuro?
Desde la creación del departamento, sus fundadores y líderes creyeron que era posible construir una nueva institucionalidad, pensada para un territorio amplio, diverso y complejo. Se unieron alrededor de una conquista institucional y buscaron soluciones a los desafíos de la región. En ese proceso, el sector empresarial ha tenido un papel fundamental: con sus retos, dificultades y sueños, ha contribuido a sacar adelante a Nariño.
Hace unos años iniciamos un proyecto muy especial: dialogar con 50 empresarios de Pasto con incidencia regional. Quise asumirlo de manera cercana porque necesitaba comprender sus ideas, actitudes, motivaciones, sueños y dificultades; conocer a las personas que han trabajado por el departamento.
El proyecto, promovido por la Cámara de Comercio de Pasto y su presidente ejecutivo, Arturo Ortega, fue una experiencia maravillosa. Me permitió acercarme a la vida de algunos de los empresarios más representativos de la región. A través de entrevistas con preguntas semiestructuradas, buscamos entender qué los motivó a emprender, por qué decidieron hacerlo desde Nariño y cómo han enfrentado las dificultades propias de un departamento periférico, complejo y con problemas de conectividad.
Me impresionaron su empuje, su liderazgo y su visión de largo plazo. También, su capacidad para resolver problemas y adaptarse a las circunstancias. Un empresario es, en buena medida, alguien que encuentra soluciones; alguien que sueña, identifica oportunidades y trabaja para hacerlas realidad.
Las historias que escuchamos muestran apuestas diversas por la educación, la gastronomía, el turismo y la generación de empleo. Todas recuerdan que el Estado, por sí solo, no es suficiente para impulsar el desarrollo. El sector privado es fundamental: sin empresas no podemos generar riqueza ni ampliar las oportunidades. Por eso necesitamos construir puentes sólidos entre el gobierno y el sector productivo.
Después de conocer esas historias, junto con mi coequipero, David Salcedo, empresario e ingeniero, trabajamos en la metodología de investigación, que incluyó el análisis de contenido y el análisis crítico del discurso. Estas herramientas nos permitieron construir el corpus para estudiar el discurso topológico del empresariado nariñense, clasificar las experiencias y comprender mejor qué significa ser empresario en Nariño. Queremos reconocer sus aprendizajes y compartirlos con el empresariado, con quienes hoy empiezan y con las futuras generaciones. Que estas experiencias puedan servir de ejemplo y abrir conversaciones sobre lo que podemos mejorar.
Conocernos y entendernos es esencial para plantear soluciones, promover cambios, asumir responsabilidades y fijarnos nuevos retos. Debemos soñar desde lo que somos y reconocer nuestras capacidades para construir lo que queremos ser. La esencia emprendedora puede cultivarse e irradiarse en muchos sectores.
También debemos acercar la formación académica a la experiencia empresarial. Las universidades y los colegios pueden promover estudios que ayuden a comprender la complejidad de crear y sostener una empresa. La enseñanza de la administración gana cuando dialoga con la práctica, con quienes han administrado una tienda, emprendido un negocio o enfrentado las decisiones cotidianas de una empresa. Necesitamos profundizar el conocimiento, teorizar sobre las prácticas y aprender tanto de los aciertos como de los errores y fracasos.
Es hora de cambiar nuestra manera de entender el fracaso. Rechazar una propuesta, perder una oportunidad o atravesar una dificultad también puede dejar aprendizajes. Emprender exige persistencia y disposición para volver a intentarlo. ¿Cómo construimos desde la escuela un empresariado más amplio, capaz de impulsar el crecimiento económico, el desarrollo desde el territorio y nuevas posibilidades para las comunidades?
En Nariño necesitamos más oportunidades económicas. Una economía con mayores posibilidades puede fortalecer la democracia, la independencia y la libertad de las personas para tomar decisiones. Una mejor economía también puede contribuir a una mejor política. Por eso, crear oportunidades debe ser un propósito compartido, más allá de las diferencias ideológicas.
Los empresarios pueden ayudar a los gobiernos a comprender y proyectar el desarrollo económico, con acciones concretas y objetivos de largo plazo. Hablar de riqueza también exige un cambio de mentalidad: reconocer que el desarrollo económico importa y que podemos construirlo desde nuestras capacidades y nuestros territorios.
Para hacerlo, debemos promover investigaciones en los municipios y comunidades de Nariño. Conocernos mejor nos permitirá comprender nuestros procesos económicos, identificar oportunidades y proponer alternativas. La transformación económica es necesaria para reducir la dependencia del centro y avanzar hacia una región más autónoma.
También necesitamos un estoicismo colectivo que nos permita aceptar la realidad y, al mismo tiempo, superar nuestras limitaciones. No podemos quedarnos en la victimización, la queja o el llanto: debemos construir alternativas reales y trabajar juntos para hacerlas posibles. Nariño puede superar limitaciones históricas si crea alternativas propias y convoca a distintos sectores a trabajar por soluciones comunes. La gobernanza implica abrir espacios, escuchar voces diversas y construir acuerdos. El sector privado, el público, la academia y las comunidades no pueden seguir trabajando aislados.
Nuestro propósito es propiciar el diálogo y el encuentro entre quienes piensan distinto, para entendernos y proponer cambios para la región. El principal aliado de Nariño no es únicamente el Gobierno nacional: somos nosotros mismos, las personas y los sectores que habitamos y construimos este territorio.
Ser optimistas no significa desconocer las dificultades. Significa confiar en que podemos enfrentarlas y trabajar para transformar nuestro futuro. Nariño necesita creer en sus capacidades, generar oportunidades y construir, desde el esfuerzo colectivo, una región más fuerte.




