Uno de los libros que nunca dejo de releer es Por qué fracasan los países, de Daron Acemoglu y James Robinson. Lo hago porque me recuerda que no es solo la voluntad de las personas, sino la calidad de las instituciones que estas construyen y mantienen, lo que define el rumbo de una sociedad. Donde estas son inclusivas y pluralistas, florecen la innovación y la prosperidad. Donde son extractivas, dominadas por élites que usan el poder para su beneficio, la pobreza y la violencia se perpetúan. Nariño, lamentablemente, parece encajar en este segundo modelo.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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