Una justicia hipotecada al capital y a la parapolítica

Todo lo que sigue destapándose en torno a prácticas inveteradas, al interior de la más alta magistratura constitucional, requiere correctivos de raíz. No puede ser con paños de agua tibia. Tampoco con propósitos de la enmienda, o peregrinaciones a Boyacá, con lo que se enderece la justicia y su administración cotidiana.

El retiro voluntario por dos meses del magistrado Pretelt, quien además englobó tres fincas, que eran baldíos entregados a campesinos, y que fueron vendidos a punta de amenazas, o voluntariamente, con la intermediación de su esposa.

La unidad de restitución de tierras y la parapolítica

De acuerdo con la superintendencia de notariado y registro, tal englobamiento es una práctica ilegal, que el magistrado cordobés realizó con plena conciencia y convencimiento. Este proceso, si se adelanta, tardará mínimo tres años.

El resultado probable, puesto que quienes incurrieron en tal conducta lo conocen de antemano, puede terminar en la consolidación definitiva de los hechos: el despojo de los baldíos, porque las mejoras hechas en el predio resultan de mayor valor, bajo el supuesto que la acción de compra y explotación de la finca resultante tiene presunción de buena fe.

Transformación del régimen, ¿para cuándo?

Sabemos también que él, y su colega, el exmagistrado de la Corte, Rodrigo Escobar, quien asesoró a Fidupetrol son profesores de nombradía en la Universidad Sergio Arboleda. La que fuera fundada con el concurso de Álvaro Gómez , quien clamaba por la transformación del régimen político.

En este caso, a años de su crimen impune, se trata de la transformación de la bases del régimen para-presidencial que montó y usufructuó el doble gobierno del hoy senador Álvaro Uribe Vélez. Este ciudadano que se desgañita insistiendo en el temor, y en la guerra como maneras de mantener vigente su influencia en el curso de los asuntos públicos.

 

¿La universidad privada, qué?

 

Hoy por hoy nada dice la universidad Sergio Arboleda al respecto, y también guardan silencio el Rosario, el Externado y la Libre. Lo mínimo que tendrían que hacer ésta y las otras es colocar fuera de sus claustros a estos encopetados, prominentes “juristas”.

Mientras que se aclaran sus conductas antiéticas, e inmorales, que no pueden ser el ejemplo a seguir por los “pichones” de juristas que se incuban en sus claustros.

Claro que, y no hay modo de ocultarlo, a la “pléyade” de abogados, docentes de “alcurnia”, defensores de narcotraficantes y paracos, a la que siguió la de penalistas del corte de los Lombana, Granados y De la Espriella, paladines de la justicia al revés, cuya clara divisa es que no se pueden, para nada, confundir ética y derecho. Lo dicen sin empacho a través de los medios, como ocurrió en fecha reciente en RCN. De esa manera, amasan su fortuna y “prestigio” envidiables.

Ayer escuchamos al portento de Granados, señalando que su defendido, – en la tragicomedia de la justicia nacional -, el exmagistrado Escobar era apenas un asesor de Fidupetrol, y que si había responsabilidad alguna ella estaba enteramente en cabeza de Víctor Pacheco, el “cotizado” abogado barranquillero.

Para parodiar una campaña gubernamental, “ser así, paga”. En la orilla contraria, quien obre conforme a derecho, quien no acoseje picardías y trapisondas a sus clientes, quien no embadurne con bazofia el quehacer profesional, ese profesional, ese jurista no es atractivo, deseable para los ciudadanos de toda condición.

Porque ese colombiano dedicado al derecho como corresponde, en una justicia presidida por una verdadera “Corte de los milagros”, que hace palidecer al reino literario de Víctor Hugo y Ramón de Valle Inclán, es un paria. Es alguien que está condenado al fracaso profesional, ayuno del éxito en los tribunales, y lanzado al apostolado, sin redención en la tierra, a riesgo de sufrir atentados, y la muerte en casos más extremos.

Recordando unas lecciones

Por estos días, han vuelto a resonar en mis oídos los consejos y comentarios de mi padre, Marco Aurelio, que siendo yo un niño, insistía a mi hermana y a mí que no fuéramos abogados. Él había egresado de la U. Libre en 1938, y se había desempeñado como juez, magistrado, y después había vivido del ejercicio de la abogacía en Girardot y en la provincia del Tequendama.

Era una profesión que él entendía en términos de auxiliar a sus conciudadanos, en procura para estos de lo justo en un escenario de desigualdades como es el derecho en el capitalismo, y de defender la libertad, de todos , y sobre todo, de los humildes, los oprimidos, los excluidos.

Él murió muy pronto, y no tuvo ocasión de ver hasta qué punto se han realizado sus advertencias, y de qué modo se ha descompuesto esta república. Eso que él logró sobrevivir en Girardot a la violencia bipartidista de los años 40 y 50. Y pensó que el Frente Nacional era una fórmula deseable para parar tanta masacre, tanta barbarie desplegada en contra de los más.

Hoy, lo que pronosticaba y censuraba es práctica de uso corriente, y casi nadie se conmueve, o inmuta. Hasta el punto en que durante la década infame, que presidió un presidente que se solazaba cambiando normas constitucionales, y se llenaba la boca hablando de legalidad, permitía el despojo en el Urabá antioqueño.

Allí con el concurso de la fuerza pública que algo más de 386 predios cambiaran de dueño, bajo el imperio asesino de los Castaño, en los municipios de San Pedro, Arboletes y Turbo. Esta realidad es la que tenemos que transformar de raíz, y las fuerzas subalternas han, tienen que tomarse la calle, las plazas, para invertir este desorden asesino que se regodea en la impunidad casi absoluta.

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