Refiere la creencia que el 15 de septiembre de 1754 se descubrió la imagen de Nuestra Señora del Rosario, después de que muchos pobladores de Ipiales y Potosí despejaran, a punta de palas y machetes, la monumental roca laja que se encuentra parapetada verticalmente en el escabroso terreno junto al encañonado y rugiente río Guáitara o Carchi o Pastarán. La misma tradición señala que los vecinos llegaron allá después de una serie de sucesos -increíbles para unos, milagrosos para creyentes y devotos- de los cuales los dos más sobresalientes fueron: el primero, que una niña indígena, Rosa, sordomuda de nacimiento, le dijera a su madre, María Mueses de Quiñones, “mamita, mamita, la mestiza me llama”, al pasar cerca del puente que aún comunica –de a pie- a Ipiales con el municipio de Potosí. El otro, la resurrección de Rosa, después de que María fue a implorarle y hacerle caer en la cuenta a La Señora, La Mestiza, de la cantidad de velas en las que había gastado su dinero para encenderlas frente a ella y en su honor, cuando pasaba regularmente, después de que Rosa la descubriera.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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