Infortunadamente hago parte de una generación en la que aprender inglés era un lujo o un hobby. En el colegio donde estudié la clase de inglés nos la dictaban en español. Al salir de la universidad mientras conseguía un empleo, comencé un diplomado en inglés. La idea era ocupar el tiempo en algo y no dar espacio a la depresión, ya que como recién graduado creía que el mercado laboral me necesitaba. De nuevo el inglés era una elección que no necesariamente tenía que ver con la importancia de estudiarlo.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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