La primera tesis que habría que revisar con mucho cuidado es aquella que señala que todos los políticos son iguales. De entrada, podríamos advertir que es falsa, que, en los doscientos años de historia republicana, Colombia está atravesada por una violencia surgida por diferencias ideológicas que nos ha marcado como país. El segundo punto del proceso de paz, la participación política, diagnostica y propone una ruta para reconocernos como un país plural, diverso y heterogéneo. Si nos vamos a un análisis contemporáneo de las prácticas políticas, resulta confuso distinguir qué diferencia a los personajes políticos que aspiran a representar a la ciudadanía en los diferentes espacios de elección popular como el concejo o el congreso. Crisis que se agudiza en mayor medida si, en medio de la inmediatez de las redes sociales y el ridículo generalizado para captar votos, los candidatos y las candidatas ya no se preocupan por proponer reformas y leyes a sus electores o asumir banderas que defiendan causas.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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