“La medicina no tiene horario. Es una profesión para servir”: Nataly Cepeda Rosero

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Por Albeiro Arciniegas

“Desde que fui niña siempre me gustó la medicina. Lo que me motivó fue servir a los demás y ayudar en la salud y el bienestar de las personas”, dice Nataly Cepeda, una profesional pupialeña en quien el deseo de ejercer la medicina apareció desde una edad temprana. Dice que, aunque en su familia son muy pocos los médicos, nunca dudó de su vocación.

Propósito que consolidó en una universidad de la ciudad de Pasto. Después su formación académica la completó con prácticas hospitalarias y experiencias que describe como una auténtica escuela de aprendizaje. Con el tiempo amplió su campo de acción con un posgrado en Gerencia de la Seguridad y Salud en el Trabajo, especialización que responde a los nuevos desafíos de la prevención y el bienestar en los espacios laborales.

Sin embargo, para Nataly Cepeda Rosero el núcleo de la medicina permanece inalterable: acompañar la vida en todas sus etapas. Pocas profesiones conviven con tanta naturalidad con los extremos de la existencia. Los médicos reciben a los recién nacidos y, en otras ocasiones, acompañan a quienes atraviesan sus últimos momentos. Esa cercanía con la vida y la muerte marcó profundamente su visión de la existencia.

“Tenemos la satisfacción de ayudar a traer niños al mundo, pero también de acompañar a las personas cuando llega el final, procurando que tengan un buen morir”. En esa frase se resume una idea que resulta central: la medicina no consiste únicamente en curar, sino también en aliviar, orientar y acompañar.

Ese compromiso exige una disponibilidad de alta exigencia. Durante los años de trabajo hospitalario aprendió que los horarios eran apenas una referencia. “Uno sabía a qué hora entraba, pero nunca a qué hora salía”, pues las urgencias de último momento prolongaban las jornadas y hacían evidente que el ejercicio médico responde, primero, a las necesidades de los pacientes.

Aunque actualmente desarrolla su labor en el ámbito de la salud ocupacional y reside nuevamente en Pupiales, esa disposición de servicio permanece intacta. “La profesión es para servir”, insiste, como si esa idea resumiera la esencia de toda su carrera.

Como profesional, la doctora Nataly Cepeda invita a los jóvenes en una etapa de formación académica que no abandonen sus proyectos personales, que deben entender que los logros importantes requieren tiempo y sacrificio y que es importante confiar en la educación como el camino más sólido para construir una vida con bienestar y valores.

Un hecho común a la mayoría de profesiones es que el aprendizaje nunca termina. Tal vez por eso Nataly Cepeda continúa actualizando sus conocimientos, mientras desarrolla su trabajo. No adelanta planes concretos sobre nuevas especializaciones, pero asume que la formación permanente hace parte inseparable de la profesión que eligió desde niña.

La historia y la vida de Nataly Cepeda Rosero confirman que, detrás de cada meta alcanzada en el campo profesional, existe una vocación construida durante años mediante jornadas de un aprendizaje continuo. Una carrera, cualquiera que sea, exige rigor, pero también una disposición permanente para escuchar, acompañar y servir a los demás.

En un mundo caracterizado por la velocidad y las satisfacciones inmediatas volver los ojos hacia profesionales que les sirven a sus comunidades, hacia lo trascendente que hoy resulta la educación y la preparación académica es vital en la medida que las nuevas generaciones logren entender que sólo mediante la disciplina y el trabajo es posible construir las bases de una sociedad más justa y con mayores posibilidades de desarrollo.

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