Escuchando nota
Pablo Emilio Obando A.
Hoy sostuve un diálogo pedagógico con el magíster José Coral Asaín, rector de la Escuela Normal Superior de Pasto.
Más que una conversación, fue un encuentro con la educación que piensa, cuestiona y se transforma.
Coral Asaín es un educador de larga trayectoria, formado en la disciplina del servicio y en más de tres décadas de experiencia.
Nacido en la ciudad sabanera de Túquerres, conoció desde temprano las necesidades de una región que reclama educación como instrumento de transformación.
Con esfuerzo y sacrificio llegó a Pasto para estudiar, acompañado por su familia y por la convicción de que educar también significa servir.
Hoy dirige una institución que, bajo su liderazgo, ofrece una lección que trasciende sus propios muros.
La Escuela Normal Superior de Pasto no solamente se administra: se piensa, se organiza, se transforma y mira hacia el futuro.
Sus jardines, sus espacios y sus ocho hectáreas hablan de una comunidad educativa que decidió convertir el entorno en parte de la pedagogía.
Mientras algunos escenarios escolares padecen abandono y deterioro, aquí se respira orden, pertenencia, dignidad y compromiso colectivo.
Pero la verdadera revolución no está solamente en los jardines, aunque también ellos eduquen.
Está en el currículo, en la pedagogía, en la organización académica y en la decisión de abandonar viejos moldes educativos. Porque transformar una escuela no consiste en pintar paredes: consiste en cambiar las preguntas con las que educamos.
Y allí está, precisamente, uno de los mayores méritos del rector José Coral Asaín.
Ha entendido que la educación contemporánea no puede continuar prisionera de modelos diseñados para otro tiempo.
La coyuntura nacional, además, ofrece una oportunidad histórica para las Escuelas Normales Superiores. La Ley 2481 de 2025 estableció un marco especial para estas instituciones y las reconoce como escenarios fundamentales para la formación de maestros.
La norma autoriza a las Normales a desarrollar programas de formación docente en educación superior mediante ciclos propedéuticos.
Esto significa que el normalista superior puede encontrar una trayectoria académica articulada hacia la formación profesional y la licenciatura.
La ley también contempla un régimen especial en materia de gobernanza, autonomía, financiación, currículo y talento humano.
Y hay algo especialmente importante: los programas de formación de maestros de las Normales oficiales podrán acceder a recursos de gratuidad y fomento previstos para la educación superior pública.
La Nación, además, podrá financiar esta formación mediante recursos del Presupuesto General de la Nación y un fondo de destinación específica.
La ley contempla igualmente posibilidades de fortalecimiento de infraestructura, dotación tecnológica y recursos para cerrar brechas educativas.
Es decir, ya no estamos hablando solamente de buenas intenciones: existe un nuevo marco jurídico que exige pasar de las promesas a las realizaciones. Por eso la experiencia de la Escuela Normal Superior de Pasto adquiere una dimensión todavía mayor. Aquí no se está esperando que llegue el futuro: se está trabajando para construirlo.
Pero el gran desafío será garantizar que esta nueva arquitectura jurídica se traduzca en oportunidades reales para los estudiantes.
Formar maestros no puede convertirse en una carrera de obstáculos económicos para las familias.
Si el Estado reconoce que la formación docente es estratégica para la Nación, debe garantizar también los recursos necesarios para hacerla posible. Cada maestro bien formado multiplica conocimiento, ciudadanía, pensamiento crítico y esperanza en los territorios.
La experiencia de Pasto demuestra que cuando la dirección escucha a la comunidad y la compromete con un propósito, los resultados pueden ser extraordinarios. Aquí hay liderazgo, pero también participación; hay administración, pero sobre todo hay propósito pedagógico.
A José Coral Asaín, mi reconocimiento por demostrar que una rectoría verdaderamente educativa no se limita a firmar documentos: construye horizontes.
Pasto necesita más instituciones que se atrevan a romper paradigmas y menos escuelas condenadas a repetir inercias. La calidad educativa comienza cuando dejamos de conformarnos con lo que siempre se ha hecho.
En nombre de las nuevas generaciones de Nariño, celebro esta renovación curricular y pedagógica, y reconozco en la Escuela Normal Superior de Pasto un ejemplo para Colombia.
Porque educar no es conservar el pasado: es formar seres humanos capaces de construir un futuro diferente




