¿Quién nos enseñó a leer las flores? ¿Cómo sabe un campesino cuándo debe sembrar? ¿Se puede leer el estado de ánimo de otra persona? ¿Qué historias guarda un ojo de agua?
Estas preguntas hacen parte de una manera diferente de entender la lectura que se viene promoviendo desde la Biblioteca Pública de Comfamiliar de Nariño en los Barrios Surorientales de Pasto.
Para Nataly Cáceres, funcionaria de Comfamiliar, una biblioteca no debería limitarse a enseñar a interpretar los símbolos contenidos en un libro. También debe ayudar a las personas a “aprender a leer el mundo”.
“Las lecturas del contexto son importantes, no solamente el libro como tal”, explica.
Leer una flor, el clima y al otro
La propuesta adquiere especial significado en un departamento como Nariño, donde numerosos conocimientos han sido transmitidos mediante la oralidad y la experiencia.
Nataly pone un ejemplo sencillo. Con los niños se puede hablar sobre las flores y preguntarles quién les enseñó a interpretarlas, para qué sirven o qué puede significar encontrar determinadas flores en un territorio frío.
Lo mismo sucede con el clima.
Existen personas que, sin consultar necesariamente un texto, saben interpretar cuándo sembrar y cuándo cosechar.
También podemos aprender a “leer” a otra persona: reconocer si un compañero está triste, alegre o necesita ayuda.
Son saberes que hacen parte de la vida y que permiten ampliar la concepción tradicional de lectura, escritura y oralidad.
Nariño escrito por nariñenses
Esta filosofía se complementa con el Rincón Nariñense, una colección que busca acercar a los usuarios a escritores, investigadores y creadores del departamento.
Literatura, historia, mitología, leyendas, cuentos infantiles, léxico pastuso, Carnaval y hasta publicaciones relacionadas con el Deportivo Pasto hacen parte de un esfuerzo por fortalecer el conocimiento de la región.
Pero la identidad también se construye mediante encuentros.
En la biblioteca se realizan conversatorios, presentaciones y actividades con escritores regionales. Existe además un club de lectura que trabaja especialmente con autores y autoras nariñenses.
El mensaje detrás de estas iniciativas es claro: para conocer el mundo no es necesario dejar de mirar lo propio.
Los abuelos también son bibliotecas
Uno de los mayores repositorios de memoria de la Comuna 4 no se encuentra en los estantes.
Está en sus habitantes.
En los encuentros con adultos mayores comienzan a aparecer historias sobre cómo era anteriormente este sector de Pasto.
Recuerdan las ladrilleras, los aljibes, la llegada del agua, las familias que habitaron determinados lugares, los caballos y las transformaciones que experimentaron los barrios.
El desafío consiste en evitar que esos relatos desaparezcan.
Por eso desde la biblioteca no solamente se promueve que los adultos mayores hablen. También se busca que escriban sus memorias.
El proceso ha avanzado hasta la construcción de un guion para una lectura dramática relacionada con la memoria del barrio y con otra pregunta: ¿qué significa envejecer?
La biblioteca salió a buscar a las lavanderas
Quizá una de las experiencias que mejor resume esta filosofía ocurrió fuera de las instalaciones.
Muy cerca de la biblioteca existe un ojo de agua donde trabajan mujeres dedicadas al lavado de ropa.
El equipo decidió llevarles literatura.
El acercamiento fue progresivo.
“Al principio les leíamos desde acá, luego fuimos acá y luego nos fuimos acercando”, recuerda Nataly.
No podían llegar con textos extensos. Las mujeres estaban trabajando y sus jornadas podían prolongarse durante horas.
Por eso realizaron una selección de microrrelatos alrededor del agua, el viento, la naturaleza y la historia.
En algunos encuentros también participó Estefanía Calderón, rapera de Flor de Fango.
Y ocurrió algo inesperado: mientras la biblioteca llevaba historias, las lavanderas comenzaron a contar las suyas.
Hablaron sobre el ojo de agua, recordaron que anteriormente estaba ubicado más arriba, mencionaron los pequeños peces que podían verse, los árboles que rodeaban el sector y una antigua hacienda.
La lectura terminó abriendo las puertas de la memoria.
Llevar la cultura hasta los barrios
La misma concepción aparece en la Vitrina Cultural de la biblioteca.
A través de articulaciones con la Universidad de Nariño se han realizado exposiciones y actividades académicas. Según Nataly, se desarrollan aproximadamente tres o cuatro exposiciones al año.
La intención es contribuir a descentralizar las artes plásticas, acercándolas a sectores donde no necesariamente existen galerías o una oferta cultural permanente.
También han llegado obras de teatro y talleres de escritura creativa mediante procesos vinculados a estímulos culturales.
La biblioteca se convierte así en una pequeña galería, escenario, aula y lugar de conversación dentro de la Comuna 4.
Porque leer, desde esta perspectiva, no comienza ni termina al abrir un libro.
También se lee una flor, un tejido, un rostro, un barrio y la memoria de quienes llegaron antes que nosotros. Nariño, finalmente, también es un texto que debemos aprender a interpretar.




