En un Estado Social de Derecho, el legislativo es el poder de representación popular donde el constituyente primario delega su mandato para que su representación sea decorosa y lo más importante, represente a las regiones, no solo en la interlocución con las demás ramas del poder público, presentar leyes que favorezcan a la región y adelanten debates de control político contra acciones del gobierno que afecten o sean de interés del departamento.
Nariño con poquísimas excepciones no se ha hecho escuchar en el Congreso de la República, ni menos ha hecho valer su interlocución con el ejecutivo, sus aspiraciones han respondido a elecciones unipersonales, de grupos, y con prácticas de politiquería y clientelismo, que solo han buscado a hacerse a representaciones burocráticas que solo satisfacen sus intereses personales o de grupos.
En las campañas políticas prevalece las promesas que caen en el vacío, porque poco les interesa los destinos del departamento, históricamente los partidos tradicionales coparon mayoritariamente la representación en el congreso de la república y sus ejecutorias demuestran el atraso y olvido de la región, que principalmente es el saldo de su deficiente gestión que solo ha favorecido a sus amigos y no a un proyecto colectivo de región.
En las pasadas elecciones de marzo del presente año, Nariño eligió como representantes a la cámara a Erick Velasco, Rosita Guevara y Cristian Palacios por el Pacto Histórico; Alejandra Abásolo por el partido verde y Carlos Pantoja por el partido conservador, por negritudes fue elegido Óscar Benavides y al padre Arnulfo Mina por curules de paz; como senadores a Liliana Benavides por el partido conservador, Carlos Benavides por el pacto histórico, Jesús Cuasapud por los indígenas y Eduardo Enríquez por el partido verde; son 11 congresistas que ratifican que esta región siempre ha tenido un bancada que por su número no sólo es importante, sino que ojalá en esta oportunidad prevalezca los intereses del departamento antes que como ha ocurrido en el pasado responda no solo a sus intereses de grupo o partido.
El resumen de las frustraciones, apuestas, sueños y anhelos de Nariño se consignaron en los 48 proyectos estratégicos que se establecieron en el anterior plan de desarrollo nacional y que se resumen en el llamado El Pacto Territorial por la Vida y la Paz de Nariño, conocido como “Pacto Nariño”, fue uno de los principales acuerdos de inversión territorial promovidos durante el gobierno de Gustavo Petro.
Fue firmado en Tumaco el 6 de octubre de 2025, entre el Gobierno Nacional, el DNP y la Gobernación de Nariño, con participación de municipios y comunidades, que busca desarrollar inicialmente 255 proyectos estratégicos para las 13 subregiones de Nariño por $12,2 billones en inversiones indicativas, es importante aclarar que esta cifra comprende proyectos financiados, proyectos con vigencias futuras y la mayoría de los proyectos están por gestionarse.
El Pacto Nariño, Independiente del gobierno de turno hasta hora es un compromiso estatal firmado y que requiere que la bancada de congresistas asuma como su principal tarea y construir mancomunadamente lo que deba ser la carta de navegación y que debe tener como punto de partida este Pacto, en la medida que su mayor ejecución está contemplada con vigencias futuras y corresponde adelantarse en el presente gobierno.
La reunión de la mayoría de congresistas convocada por la senadora Liliana Benavides debe ser la primera de muchas donde por fin prioricen el mandato otorgado por los nariñenses y construyan un proyecto colectivo de región y donde prevalezca el reclamo por el olvido centenario del país nacional contra la buena gente del sur, congresistas les llegó la hora de ponerse la camiseta amarilla y verde del departamento y a trabajar por la buena gente del sur.




