Agroecología

Hay una señora en Zaragoza, España, a la que suelen contratar para regar con determinados productos las frutas y verduras y conseguir que estas duren más. Ya se sabe la regla: un aguacate dura tres días, una papaya siete y una mandarina dos semanas. En este caso, un limón que empieza a perder propiedades a los 15 días, puede mantenerse rozagante durante 45.

Según parece el confinamiento y la pandemia han provocado que el uso de estos soportes de conservación se extiendan. Sin embargo, lo primero que uno piensa es que si ya la fruta y verdura del supermercado tiene bastantes químicos en su cultivo, sería un crimen ecológico echarle más. Pero no se alarmen, estos son productos orgánicos.

El más conocido es el spray que hace que frutas y verduras duren hasta cinco veces más, creando una capa artificial que mantiene fuera del producto el oxígeno y dentro del mismo el agua. Es la empresa de California, Apeel, que lo fabrica con raíces, piel de uva y semillas de pera. La empresa también ha desarrollado un antiplagas orgánico y tiene el respaldo de la Fundación Bill & Melinda Gates.

Mantener los productos en buen estado el mayor tiempo posible es uno de los déficits de la agricultura ecológica para poder competir en condiciones con los cultivos agroempresariales en Colombia. Estos tienen la mayor parte de las tierras (más de siete millones de hectáreas), los equipos, las relaciones de distribución y el respaldo de un sistema tradicional.

Es evidente que los grandes ingresos para el país provienen de un gran desarrollo agrícola, tanto en venta interna como en exportación. Por eso las leyes desde aquella Resolución 544 de 1995, favorece a los grandes productores. Eso no es malo, hace parte de nuestro funcionamiento natural. El problema es que no es equitativo en términos de ayudas. Agroempresa y agroecología pueden convivir perfectamente en un país con tanta riqueza agrícola.

Nariño es uno de los departamentos que más han apoyado la agroecología. De hecho, hay una maestría en la Universidad de Nariño con dos años de estudios y doce cursos electivos. En Chachaguí funciona Villa Loyola, la finca de los padres Jesuitas con un concepto agroecológico implementado por Joe Aguilar. Y durante la pandemia se creó, además, la Red de Agroecología de Nariño, que busca crear alianzas y brindar información, sobre todo para el campesino de monocultivo y pequeña parcela que, como todos sabemos, es el eslabón más débil de la cadena de producción, porque es al que le pagan menos.

Y aunque hay varias experiencias colombianas de emprendedores campesinos, hay en este sentido un ejemplo a seguir. Se trata del portugués Alfredo Cunhal, un agricultor de la hermosa región del Alentejo, quien un día decidió dejar el monocultivo y la producción intensiva, y creó un nuevo modelo social de agricultura.

La finca Herdade do Freixo do Meio produce cereales y leguminosas, uvas, aceitunas, frutos secos y setas; crían cerdos, ovejas y gallinas, producen compost de biofertilizantes y germinados, procesan la carne, tienen un secadero solar y vivero, hacen su propio vino y su aceite, tienen tienda propia en la finca y en Lisboa; y organizan visitas a la finca, comidas, alojamiento, ecocamping y eventos.

Lo más parecido a esto en Nariño es la experiencia de Gabriel Chicaiza Barrios, quien administra una finca ecoturistica y diversificada en la vereda El Sauce, cerca de La Unión. La finca se auto abastece y tiene un plan de preservación de semillas de cultivos ancestrales para sembrar plantas autóctonas del norte de Nariño. Un oasis.

Y sobre esto del oasis, Alfredo Cunhal dijo en el programa de televisión Exploradores del Sabor, algo que se asemeja mucho al caso colombiano: “En nuestro país hay un malestar social muy profundo, teníamos que recuperar la confianza de la gente implicándola en este proyecto… Es parte de una necesidad natural. Nos encontramos frente a una situación de crisis que no habíamos conocido antes, nuestra realidad es muy complicada, que se ha convertido en un tremendo desafío a la que debemos enfrentar”.

Y agrega; “Descubrimos la produccion ecológica inicialmente, como una herramienta de diferenciación tras años de monocultura… Desde el inicio de nuestra transición, el “mercado” no buscaba nuestra oferta, diversa y con pequeñas cantidades. Creímos que la producción ecológica podría ayudarnos a conseguir una sostenibilidad económica. Podríamos acceder a otros mercados y porque producíamos de forma muy extensiva, producir con las normas no parecía un problema… La produccion ecológica nos abrió y ilumino el camino para llegar a lo poco-mucho que somos hoy: una empresa social económicamente sostenible, con 20 colaboradores locales, basada un un sistema agroecológico de agrofloresta complejo”.

¿Se vislumbra un futuro por aquí? Ojalá.

Comentarios

Comentarios