Aguas contaminadas, caldo de cultivo para bacterias tóxicas

Esta especie de cianobacterias, que se manifiesta por un color verde azulado en el agua, o una “nata” en la superficie, producen cianotoxinas que pueden afectar el hígado, los riñones, el cerebro y la piel.

Así lo explica la bióloga Silenia Robles, del Laboratorio de Cultivo de Algas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien advierte que en el país se han encontrado especies relacionadas con dermatoxinas en zonas de recreación de ríos y en arrecifes de la costa que son visitados por turistas, por lo que es importante monitorear esos lugares.

Agrega que “las cianobacterias –o cianoprocariotas– se caracterizan por su capacidad de llevar a cabo fotosíntesis oxigénica, y muchas especies producen metabolitos secundarios diversos y altamente bioactivos, que son tóxicos para otros organismos y que se conocen como cianotoxinas”.

La investigación revela que en aguas con interés recreacional o agropecuario el riesgo por contacto, inhalación o consumo de cianotoxinas es mayor. Sin embargo en el país la información sobre cianobacterias que podrían generar toxinas es prácticamente nula, a pesar de que se conocen especies potencialmente productoras de toxinas y de cianotoxinas muy peligrosas.

“Una de las áreas más estudiadas es Antioquia, donde se han hecho diversos estudios y se han encontrado cianotoxinas como Microcystis –que usualmente ataca el hígado– y cilindrospermopsina, que afecta el riñón y el hígado, estas últimas han sido las más persistentes”, señala la investigadora Robles.

Otros registros de cianobacterias potencialmente productoras de cianotoxinas se han hecho en el río Cesar, donde se han encontrado géneros como Raphidiopsis y Lyngbya; así mismo, en San Andrés, Providencia e Islas del Rosario se encontró presencia de Moorea producens.

Floraciones peligrosas

Las floraciones (o crecimiento explosivo) de cianobacterias suelen formarse durante eutrofizaciones, es decir la contaminación de lagos, embalses, ríos, etc., por el excesivo enriquecimiento de esas aguas con nutrientes como fósforo o nitrógeno. Esta situación se asocia con actividades humanas como la agricultura, la ganadería y los residuos urbanos y rurales, o con temperaturas elevadas, y en consecuencia el aumento de floraciones tóxicas ha incrementado los posibles efectos en la salud humana.

Estas toxinas tienen una amplia gama de toxicidad que afecta diferentes partes del cuerpo humano, como la hepatotoxicidad al hígado, nefrotoxicidad a los riñones, neurotoxicidad al cerebro y dermatoxicidad a la piel; sus síntomas son dolor abdominal, de cabeza o de garganta, náuseas, vómito, diarrea y ampollas en la boca.

“Las cianobacterias se liberan especialmente durante las floraciones y son fenómenos basados en la reproducción en masa de un tipo particular de especie de cianobacteria durante un periodo de tiempo”, explica la investigadora Robles.

Un punto que ella estudia es que en Colombia la pérdida de la calidad de agua se presenta por factores como el mal manejo de los desechos de la agroindustria –que suelen terminar en cuerpos de agua y son una de las causas de eutrofización–, y que además los florecimientos de algas tóxicas no se han reconocido en el país como un problema, y por lo tanto no existe regulación ni programas de monitoreo.

“En el municipio de Supatá (Cundinamarca) se caracterizó un afloramiento tóxico de cianobacterias que provocó la intoxicación de un mayordomo que tuvo contacto con este. Hasta ahora en la zona se han encontrado especies del género Leptolyngbya y Dolichospermum”, recalca la investigadora.

Picazón del nadador

Entre los principales compuestos producidos por cianobacterias de este tipo están lyngbyatoxinas y aplysiatoxinas, que se asocian con la cianobacteria Moorea producens, que causa una dermatitis conocida como picazón de nadador y es la mejor caracterizada en el mundo.

“La picazón de nadador es una erupción cutánea en la que se presenta ardor o ampollas; los síntomas suelen aparecer entre 3 y 20 horas después de la exposición y pueden permanecer hasta 12 días. Sin embargo, cuando se consume carne contaminada, como de tortugas marinas, los efectos son potencialmente letales; hubo un caso en Madagascar donde 414 personas se intoxicaron, y 29 de ellas murieron”, recalca la investigadora Robles.

Por último, declara que es necesario ahondar en la producción, el control y la formulación de métodos de acción frente a estas bacterias, debido a la posibilidad de eventos de floración alimentados por procesos humanos o climáticos.

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