Algo sobre la religión

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Una vez, pasando vacaciones en la finca del abuelo, el viejo se percató de que yo no sabía montar a caballo, ni nadar, ni subir árboles, ni pilar, ni matar cerdos, ni curtir cueros, ni prender candela, ni postear, ni ordeñar, ni las fases de la luna, en fin… se dio cuenta de que era un analfabeto en temas del campo, medroso de la noche y de los bichos. En sus palabras, me estaban criando como “un perfecto mariconcito”: un debilucho sin fuerzas que se asustaba con el aullar de los perros a medianoche.

Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.

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