El año 2019 cerró con una serie de eventos sociales en varios países de la región, que denotaban la inconformidad ciudadana con las políticas y actuaciones de sus gobiernos. Fraudes electorales, acciones dictatoriales, medidas económicas antipopulares y la corrupción generalizada, avivaron una práctica que históricamente ha servido para confrontar a los mandantes de turno. La protesta social, desde sus diferentes formas, expresiones y manifestaciones, debe ser concebida como un derecho que, aunque poco entendida y altamente criticada por aquellos que son “indiferentes” a la realidad sociopolítica y económica de su entorno o simplemente son indolentes con las luchas ajenas, se constituye en una de las muestras más significativas de la vida en democracia.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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