Caza talentos: ¿El principio del fin de la burocracia clientelista?

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Pablo Emilio Obando Acosta
Durante décadas, los colombianos nos acostumbramos a contemplar un espectáculo tan repetido como vergonzoso. Cada vez que un nuevo gobierno llegaba al poder, comenzaba la repartición de cargos públicos entre quienes habían apoyado la campaña triunfante. Ministerios, institutos, empresas del Estado y entidades descentralizadas terminaban convertidos en auténticas agencias de empleo para congresistas, dirigentes políticos y recomendados de toda índole. La llamada “palanca” pasó a ser, para miles de ciudadanos, el requisito más importante para acceder a un cargo público, incluso por encima del mérito, la experiencia o la preparación profesional.
En noviembre de 2023 hice publica una columna de opinión titulada LA VERDADERA MASACRE LABORAL QUE SE AVECINA. En ella expresaba mi indignación por la costumbre burocrática de dejar sin trabajo a miles de colombianos por el simple prurito de no pertenecer a un determinado partido o movimiento político. Su contrato laboral se terminaba sin razón alguna, sin un previo estudio o un análisis de sus capacidades o resultados. E ingresaban otros miles de colombianos con la única credencial de un triunfo electoral. Un balance clientelista y burocrático que perpetuaba índices de desempleo, pobreza y subdesarrollo. Las entidades se entregaban como feudos electorales moldeando la mentalidad de nuestros jóvenes profesionales de una forma grotesca y aterradora. Vimos como esta costumbre se hizo realidad en gobiernos de izquierda y derecha, con gobernantes y congresistas que se nutrian electoralmente de las necesidades del pueblo colombiano. Los invito a leer mi columna de opinión y que me permite celebrar el anuncio de una iniciativa que siembra fe y esperanza en la juventud laboriosa de Colombia:
https://pagina10.com/web/el-infierno-laboral-de-los-contratistas/
Nota replicada en muchos medios de comunicación en espera de una respuesta de nuestros gobernantes. Mutismo e indiferencia, arrogancia de poder y un clientelismo desbordado y asfixiante. El TRÁFICO DE INFLUENCIAS institucionalizado y nuestros jóvenes profesionales humillados y agobiados. Así lo expresamos en espera de un cambio de mentalidad y gobernabilidad:
Ese modelo no solamente debilitó la institucionalidad. También sembró una cultura de dependencia política que hizo un enorme daño al país. Muchos congresistas terminaron dedicando más tiempo a gestionar nombramientos que a ejercer la función para la cual fueron elegidos: legislar, controlar políticamente al Gobierno y representar los intereses de sus regiones. Mientras tanto, innumerables profesionales, jóvenes talentosos y servidores honestos veían cerradas las puertas del Estado simplemente porque no pertenecían a determinado grupo político.
En ese contexto cobra especial interés la iniciativa anunciada por el presidente electo, Abelardo de la Espriella, y el vicepresidente electo, José Manuel Restrepo, denominada Caza Talentos. La propuesta busca que los colombianos puedan registrar directamente sus hojas de vida para aspirar a servir al Estado sin necesidad de intermediarios políticos, recomendaciones de congresistas o el tradicional sistema de favores que durante tantos años caracterizó buena parte de nuestra administración pública.
Si este compromiso se convierte en una realidad y no se queda únicamente en un buen anuncio, Colombia podría comenzar a recorrer el camino hacia una administración pública sustentada en el mérito. Sería una transformación profundamente democrática, porque permitiría que los mejores perfiles, la experiencia, la capacidad profesional, la ética y el compromiso con el servicio público sean los verdaderos criterios de selección.
No es un asunto menor. Combatir el clientelismo significa también enfrentar una de las raíces silenciosas de la corrupción. Cuando un funcionario llega únicamente por recomendación política, con frecuencia termina sintiéndose más comprometido con quien lo nombró que con los ciudadanos. En cambio, quien accede por sus propios méritos entiende que su responsabilidad es con el Estado, con la Constitución y con la sociedad.
La experiencia reciente dejó lecciones que no pueden ignorarse. Gobiernos que prometieron transformar las viejas prácticas terminaron reproduciendo, e incluso profundizando, formas de reparto burocrático, nepotismo y utilización política de numerosas entidades públicas. Los discursos de renovación perdieron credibilidad cuando la realidad mostró que muchas instituciones continuaban siendo consideradas fortines burocráticos antes que espacios para servir a los colombianos.
Por eso, más que celebrar anticipadamente, corresponde respaldar las iniciativas que apunten a recuperar el mérito como principio rector del servicio público, pero también exigir que sean transparentes, verificables y respetadas sin excepciones. La confianza ciudadana no se construye con discursos; se construye con hechos.
Los jóvenes colombianos necesitan recuperar la esperanza de que el estudio, el esfuerzo y la preparación sí abren puertas. Nuestros profesionales merecen creer que no tendrán que buscar un padrino político para poner sus conocimientos al servicio del país. Y Colombia necesita instituciones conformadas por los mejores, no por los más recomendados.
No se trata de hacer apologías a ningún gobierno ni de conceder cheques en blanco. La democracia también consiste en reconocer aquellas políticas que pueden fortalecer el Estado cuando apuntan al interés general. Si Caza Talentos logra romper el viejo círculo de la burocracia clientelista y convierte el mérito en la verdadera llave de acceso al servicio público, estaremos frente a una de las reformas culturales más importantes de los últimos años.
Ojalá esta vez el talento derrote definitivamente a la palanca. Ese será el verdadero triunfo, no de un gobierno, sino de Colombia.

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