Colombia cambia de rumbo

Estamos viviendo un momento de esperanza al entrar el ultimo año del histórico desgobierno. El optimismo que vive el país es desbordante. Nunca antes se había vivido un momento de unidad ante la posibilidad de un viraje en el país. Este desastre que estamos viviendo, en esta última etapa, se inició con el gobierno de César Gaviria (1990-1994) y la introducción del neoliberalismo, y con ello la privatización de las empresas públicas, la creación de la ley 100 de 1993 con el cual se privatiza el sistema seguridad social.

A Gaviria le siguió el gobierno de Ernesto Samper, caracterizado por su ineficiencia en el control de los cultivos ilícitos y por su escándalo con el proceso 8.000 que lo investigaba por el apoyo recibido por parte del narcotráfico a su campaña, por eso fue que recibió su apelativo de elefante.

Andrés Pastrana llega a la Presidencia tras una reunión con el Mono Jojoy y la promesa de adelantar unos diálogos de paz en uno de los momentos más caóticos que estaba viviendo el país. Pastrana es recordado como un mandatario ingenuo, pues la guerrilla de las Farc se burló de la peor manera con la zona de despeje de San Vicente del Caguán, en la cual no podía haber enfrentamientos, pero la insurgencia lo tomaba como burladero, porque salían de la zona a delinquir.

Con la paz como bandera, aparece Uribe, exgobernador de Antioquia y exdirector de la Aerocivil, con un argumento contrario al de Pastrana, es decir derrotar a la guerrilla con la acción militar. Después de dos periodos de Gobierno con reforma a la Constitución, para mostrar resultados se presenta un fenómeno cruel para el país, como es los falsos positivos, con una cifra de 6.402 civiles abatidos por parte de la Fuerzas Militares, según la Jurisdicción Especial para la Paz.

Le siguió Juan Manuel Santos, quien gobernó por dos periodos, y en un principio recibió el apoyo de su mentor, Álvaro Uribe, para luego apartarse y firmar un acuerdo de paz con las Farc y crear la Jurisdicción Especial para la Paz. Pero seguidamente viene otro gobernante con el aval de Uribe: la elección de Iván Duque fue muy controversial ante el triunfo por un presunto fraude en el software de la Registraduría, pues su contendor, Gustavo Petro, demostró ampliamente ser el favorito, no solo con encuestas, sino con las plazas llenas en todo rincón donde hacía presencia.

Hoy estamos ante un nuevo escenario donde el pueblo colombiano tiene la posibilidad de darle un viraje a la política. Si bien es cierto, que no se han definido quienes serán los candidatos, ya se sabe quienes serán los favoritos. Pero lo fundamental es que la gente se encamine por el programa, mas no por la cara o por el fanatismo mentiroso.

Hoy estamos ante una posibilidad real de un cambio que beneficie al pueblo colombiano. Lo que se observa es que existen dos opciones: continuar con el neoliberalismo, con políticas cada vez más severas, como lo vimos con las derrotadas reformas tributaria y de salud, o votamos por una política social que le devuelva al país nacional el disfrute de lo que le pertenece, como los recursos naturales, la protección del ambiente y la inversión de los impuestos en políticas de bienestar.

No se trata de impulsar el comunismo o el castrochavismo como de manera difamatoria lo dice el partido de gobierno. El comunismo no existe, ni ha existido, es una barbaridad que se encargan de difundir las bodegas de las redes sociales impulsadas con jugosas cifras de dinero. Ese cuento sólo lo creen los ignorantes.

Tampoco se deben dejar convencer con el otro argumento que difunden con el propósito de dividir y dominar, al afirmar los argumentos de la existencia de política de derecha y de izquierda. Eso debe ser muy claro: aquí hay neoliberalismo o política social. Que no nos dividan con argumentos fantasiosos.

Y los que dicen ser de centro son otros mentecatos que argumentan que no hay que polarizar entre izquierda y derecha, que lo mejor es ser moderados, cuando en realidad son promotores de la política neoliberal porque están siendo apoyados por los grupos económicos, solo que se ponen un disfraz de ovejas cuando en realidad son lobos.

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