Competitividad

Por: José Arteaga

(Twitter: @jdjarteaga)

Hace 16 años en el marco de un encuentro para hablar sobre el Sistema Nacional de Competitividad, Ciencia, Tecnología e Innovación en la Universidad del Rosario, se trazó una meta para Colombia: llegar al año 2032 convertido en una de las tres economías más competitivas de América Latina. No era un plan al zar, ni un sueño. Toda América trabajaba con tales miras y cada uno de los países del área elaboraba documentos que enlazaran sector privado y sector público con esa mira.

Cabe entender que la competitividad es la productividad con la que un país maneja con equilibrio sus recursos humanos, económicos y naturales, y que gracias a ella un país puede tener una divisa fuerte, aguantar salarios altos y obtener una gran rentabilidad. En otras palabras, es desarrollo, y aquel plan equivale a dar el primer paso para dejar atrás el estigma del subdesarrollo que tanto nos ha lastrado.

Pero es complicado, primero porque cada cuatro años cambia el Gobierno y muchas veces los compromisos como este tambalean. Después porque cada país tiene una serie de recursos y necesidades específicos, con lo cual no hay planes globales, sólo referencias. En todo caso, según el Foro Económico Mundial existen 103 indicadores que se ordenan en 13 pilares: instituciones, infraestructuras, tecnologías de información, estabilidad macroeconómica, salud, habilidades, mercado de productos, mercado laboral, educación básica y media, sistema financiero, tamaño de mercado, dinamismo de negocios y capacidad de innovación.

Todo lo anterior se aplica a cada ciudad, a cada departamento y luego a cada país. Por eso se creó el Índice de Competitividad de Ciudades, ICC, que provee información permanente sobre el desempeño de las ciudades en materia de competitividad. «El ICC identifica y evidencia las brechas existentes entre las distintas ciudades –incluyendo mediciones para algunas de sus áreas metropolitanas–, de manera que sirvan como insumo para trabajar en pro de su competitividad».

¿Qué implica eso para una ciudad como Pasto, por ejemplo? Que nuestra ciudad tenga la capacidad de atraer inversiones, que sea capaz de mantener un mercado próspero, y que consolide un estándar de vida más alto para su población. Igualdad de oportunidades y calidad de vida que parten de una premisa: educación básica y media.

Pues resulta que según el último ICC, Pasto, Popayán y Bogotá son las ciudades más competitivas en el pilar de educación básica y media. Pasto lidera el ranking en esta área, con un puntaje de 8,79 sobre 10. Esta posición la obtuvo gracias a sus buenos resultados en coberturas de educación secundaria y media, en los que obtuvo una puntuación perfecta de 10.

Así mismo, destaca su desempeño en cobertura de la educación preescolar y número de docentes de colegios oficiales con posgrado. El pilar de la educación básica y media se va midiendo paulatinamente con aspectos como la cobertura, la deserción escolar y la inversión en la calidad de la educación.

O sea que Pasto cumple con uno de los 13 pilares. ¿Y los otros 12? Pues lo tiene complicado, porque a menos recursos para subsidiar las otras áreas, menos posibilidades de alcanzar un promedio decente. Por eso dicen los expertos que la eficiencia en materia de educación debe estar acompañada de innovación en la materia. De allí que sea imperante mejorar en tecnologías de información.

La disponibilidad de internet y su ancho de banda en Pasto es muy baja, la cantidad de hogares que cuentan con computador y con teléfono móvil es igual de pobre. Hacen falta más programas de formación en tecnología, porque cada día crece el número de personas que quieren estudiar estas áreas, y porque las necesidades tecnológicas de la educación básica cada vez son más grandes.

Con esto quiero decir que cada pilar completa al otro, que está muy bien que avancemos en educación, pero que lo demás también es importante. No hay nada más estimulante para la educación media y alta que una expectativa de mercado laboral sano, que haya plazas de empleo para población vulnerable, que se eliminen las brechas de género, que baje la tasa de desempleo y que el talento sea verdaderamente valorado por encima de las palancas y los avales.

En fin, que vamos bien, pero no sabemos si quienes toman las decisiones lo tienen claro.

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