CON EL RABO EN LLAMAS

Después de la calentura viene la frescura, con más de novecientos mil votos de diferencia, este domingo ha pasado a la historia porque se pudo concretar la segunda reelección de un presidente de la República de Colombia. Juan Manuel Santos, popularmente conocido como ‘Juanpa’, aunque en primera vuelta vivió el peor susto de su vida, para el remate se obligó solicitar alianzas con otros sectores de diferentes convicciones, incluyendo a la izquierda nacional, para cumplir su plan triunfalista.

Lógicamente para afrontar unas elecciones que se miraban confundidas por la presión de la contraparte, comandada por el caudillo Uribe Vélez,quien encendió las alarmas del proceso electoral, hubo la necesidad de que partidos y movimientos políticos de diferentes ideologías tomaran la tortuosa decisión de alinear pensamientos en favor de un gesto, que desde hace años no se miraba tan serio, el proceso de paz.

 

Como en cualquier campaña político-electoral, a medida que se avanzaba hacia el objetivo final, los ánimos se alteraban, en muchos casos provocando profundas discordias.

 

Las campañas esta vez fueron conmovidas por el fanatismo y afán de poder. Nunca antes se había observado tanto rifirrafe entre candidatos por la primera magistratura del Estado, más cuando las dos eran cuestionadas por actos oscuros que hasta el momento no han sido clarificados, y pienso, seguirán por mucho tiempo en estado penumbroso.

 

Finalmente ‘Juanpa’ ha triunfado, un logro con sabor agridulce, los compromisos adquiridos son de gran magnitud, varios cargados de mucha incertidumbre que ni los mismos seguidores descifran. Se cumple un refrán bastante común en algunas regiones de Nariño: ‘con el rabo en llamas’, donde el implicado no sabe qué hacer.

 

Los arreglos fueron diversos: políticos, económicos, cargos y por supuesto mermelada de todos los colores, que de no manejarse con la discreción del caso, podría ser el colapso de un esfuerzo colectivo, convirtiéndose en la peor decepción del país, dándole la razón a los maquiavélicos trinos del ‘patrón’ del Ubérrimo. 

 

Y no es para menos, tantos acuerdos concebidos al mismo tiempo pueden producir alteraciones en el comportamiento humano, y si el presidente electo no se preparó lo suficiente para complacer a sus aliados coyunturales, lo más seguro es contar con un desgobierno por cuatro años.

 

Es verdad, la inspiración para unificar acciones en pro de la campaña del señor ‘Juanpa’, fue el tema de la paz; sin embargo, no se puede pasar inadvertido otras responsabilidades de estructural importancia como los TLC, sector agropecuario, salud, educación y generación de empleo.

 

Como cualquier burócrata neoliberal, la forma más fácil para tranquilizar y adormecer exigencias, será la repartición de mermelada y ministerios, acción que en la mayoría de agrupaciones políticas aplica muy bien. Habrá algún sector que no se unte del dulce clientelista y se dedique al control del proceder gubernamental, siendo la única esperanza para contrarrestar propuestas y ejecuciones neoliberales en contravía de intereses populares.

 

Obviamente se cumplió con el primer propósito de evitar un retroceso histórico en cuanto a la libertad y proceder político. Era una amenaza camuflada en blindaje ovejuno, pero en el fondo- una sed de venganza, nociva  para cualquier nación. Una ultra derecha aseda que indudablemente conllevaría a la desestabilización estatal.

 

Se espera que la fuerza coyuntural se mantenga para concretar el segundo objetivo- lograr acuerdos de pacificación entre guerrilla y gobierno, saciando la ansiedad de millones de colombianos soñadores con un mejor país.

 

Ojala los ‘buitres’ en busca de su carroña, no causen desorden y enmarañen las buenas intenciones en pro de cumplir con las promesas electoreras. Es un compromiso de todos los actores sociales y políticos de la patria.

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