Coronavirus: cuidado con los bulos que pueden hacer más daño

La pandemia ha supuesto la propagación de mentiras y publicidad engañosa sobre productos que prometen mejorar las defensas frente al mal del coronavirus Covid 19. Sin embargo, hay más mitos que certeza en esos productos, que dicen ser la panacea para el sistema inmunitario. No faltan los farsantes y timadores que aprovechan la pandemia Covid-19, para mercadear productos que prometen ayudar al sistema inmunitario.

Uno de estos mitos es el consumo de suplementos vitamínicos como refuerzo de nuestras defensas, práctica que puede ser peligrosa. La hipervitaminosis es grave. Las vitaminas hidrosolubles se eliminan por la orina, las liposolubles se acumulan y pueden ser tóxicas. Con una nutrición adecuada, no hace falta tomar ningún suplemento. No hay pruebas de que ningún suplemento ayude al sistema inmunitario. La vitamina D por ejemplo, se produce tras la exposición solar, ayuda a la absorción del calcio, favoreciendo captación de minerales en huesos. y regula el sistema inmunitario. Un exceso de vitamina D tiene efecto opuesto, suprime las respuestas inmunitarias.

El mito de los ácidos Omega 3

Un mito extendido es el de los beneficios de los suplementos Omega 3. Nadie ha demostrado que tengan más efecto que comer pescado. Igual ocurre con productos como enzimas, prebióticos, probióticos y muchos otros. Para aseverar que algo potencia el sistema inmunitario hay que hacer ensayos clínicos. Comparar grupos de personas que toman el producto, con los que han tomado placebo durante el mismo tiempo, y estudiar respuestas inmunitarias a vacunas, activación de las células, niveles de anticuerpos, etc. Esto es un proceso complejo que requiere de años de costosas investigaciones.

Si un producto no demuestra eficacia científica, no puede afirmarse que mejora el sistema inmunitario. Así como exigimos estudios científicos rigurosos (que duran años) que demuestren que las vacunas anti-SARS-Cov-2 son seguras y protectoras, y que los fármacos sean eficaces; debemos ser críticos con productos engañosos que se publicitan, sin ningún aval científico. Hasta ahora no se ha demostrado que algo prevenga de infectarse del SARS-Cov-2; tan sólo las medidas que se adoptan como el distanciamiento físico, las normas de higiene, el buen uso de mascarillas además de evitar lugares concurridos y cerrados.

Debemos llamar la atención e impedir que tantos impostores y charlatanes, se aprovechen de la gente. Quieren pescar en río revuelto al ofrecer por la coyuntura productos carísimos, que no valen para nada y que podrían ser perjudiciales. Hoy la industria del engaño es prominente aprovechándose de la necesidad y expectativas de la gente que ya no sabe a qué recurrir o que gusta de los atajos, pero termina perdiendo su dinero o haciéndose más daño y de paso arrasa con otros

Elementos que sí mejoran el sistema inmunitario

Para mejorar el sistema inmunitario no hay productos milagrosos. Se debe tener una vida sana, una nutrición adecuada y variada, hacer ejercicio moderado, tener mínimas horas de sueño al día (entre 5 y 8 horas, dependiendo de la condición individual) , prevenir el estrés maligno (diestrés), evitar drogas como alcohol y tabaco. La edad influye en el desgaste corporal, así como los golpes emocionales (la pérdida de un ser querido). Pero esto puede tratarse.

El sistema inmunitario es complejo, hay unos elementos que participan en su correcto funcionamiento, tanto intrínsecos (edad, genética, sexo), como extrínsecos (nutrición adecuada, estrés, horas de sueño, ejercicio, fármacos, enfermedades crónicas, otras infecciones) que han demostrado científicamente tienen importante papel.

Como conclusión debemos reafirmar que más del 99% de lo que nos ofrecen popularmente para supuestamente combatir o prevenir la infección por el virus SARS-CoV-2, no son más que bulos, engaños o farsas. Ya es la decisión de cada uno si quiere caer en una trampa o dejarse engatusar. Al menos, estamos advertidos.

Apostilla: “Además de tratarse de una economía del exceso y los desechos, el consumismo es también, y justamente por esa razón, una economía del engaño. Apuesta a la irracionalidad de los consumidores, y no a sus decisiones bien informadas tomadas en frío; apuesta a despertar la emoción consumista, y no a cultivar la razón.” Z. Bauman.

Comentarios

Comentarios