Cuando el país es gobernado por mafiosos

Cuando Gustavo Petro aún no se había posesionado como alcalde de Bogotá, ya había grupos de opositores que le buscaban su caída como gobernante. Así lo denunció en su momento María Jimena Duzán. Pues, había un grupo de empresarios que estaban haciendo ‘vaca’ para propinarle el golpe al elegido mandatario; utilizarían todo tipo de recursos con el fin de boicotear su programa de gobierno.

Y así fue. Se aliaron los más poderosos para ponerle talanqueras: el gobierno nacional, los empresarios, el Concejo de Bogotá, el ministro de defensa, la extrema derecha y los dos canales privados de televisión, que en sus emisiones periodísticas no descansaban con los ataques a un alcalde elegido limpiamente con la voluntad popular, con un 32 por ciento.

 

Gobernar así, con un inmenso buldócer en contra, no es nada fácil. Además, se debe tener en cuenta, que los últimos gobiernos de la capital habían sido de tendencia izquierdista y por lo tanto era una ofensa para el estrato seis que desde los clubes privados conspiraban en la manera de hacerse al poder. La rancia oligarquía bogotana estaba ofendida porque esta vez el poder del dinero no podía vencer el poder del discurso magistral.

 

Decir que Gustavo Petro no hizo obras en Bogotá y que la ciudad está sumida en un caos es tan fácil como quitarle un dulce a un niño. Petro, en primer lugar, fue el artífice de la denuncia de actos de corrupción del sombrío gobierno de Álvaro Uribe. Y, luego, se atrevió a denunciar, con documentos en mano, el desfalco al erario público cometido por un gobernante de su propio partido. Nada más sensato, cuando otros en similares condiciones acuden al mecanismo de echar la basura debajo de la alfombra cuando hay invitados.

 

Pero también fue el receptor de una ciudad en crisis de movilidad. Una problemática heredada desde hace décadas y que no era posible remediarla en tan corto tiempo. Sin embargo los estudios del metro avanzaron en un 60 por ciento.

 

Ahora bien, su propuesta se aparta del modelo keynesiano de invertir en monumentales obras de cemento por los argumentos de la Bogotá Humana expresada en un mínimo vital gratuito de agua para los más pobres; la rebaja de la tarifa del transporte para todos, pero de manera especial para los adultos mayores; los programas de nutrición; el mejoramiento de la calidad de la educación con mejores puntajes en pruebas Saber en los colegios públicos, que igualaron al de los privados.

 

Importantes resultados como el desarme y bajar la tasa de homicidios. El propio Dane ha dicho que bajó la tasa de pobreza en Bogotá; logró reducir la mortalidad infantil a un dígito; aumentó el número de bici-carriles y el uso de la bicicleta; se desestimuló el uso del vehículo particular y la moto por el transporte público, mejorando la convivencia.

 

La no aprobación en el Concejo capitalino de un POT ambicioso, con el que tendrían que ceder los grandes empresarios en favor de una ciudad más verde, más humana, priorizando al ser humano antes que a las máquinas, como la avenida longitudinal de occidente –ALO-, que habría sido el espacio ecológico más grande de Colombia dentro de una urbe, como lo están proyectando las grandes ciudades del mundo. Eso incidió en un estancamiento urbanístico.

 

En la destitución del alcalde Petro hubo una conspiración de mafias que impusieron su imperio antes que la determinación democrática. Se sancionó al alcalde por dar cumplimiento a un plan de gobierno con perfil socialista. El Presidente desobedece las medidas cautelares de la Comisión IDH, de la cual nuestro país es signatario mediante el Pacto de San José.

 

Mientras las mafias se toman por la fuerza el gobierno de Bogotá, habrá que esperar las sanciones millonarias que la Corte IDH, con sede en Costa Rica, le imponga a Colombia en favor de Petro y el restablecimiento de sus derechos ciudadanos.

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