De “el que diga Uribe” a “cualquiera menos Petro”

El día de ayer cuando me encontraba montando bicicleta me percate de un graffiti que me llamó especialmente la atención. En letra negra y con una buena caligrafía, sobre un latón que establecía los limites de una propiedad privada, se alcanzaba a leer: “cualquiera menos Petro”. De inmediato este mensaje me remitió a la consigna que hace cuatro años hizo carrera en el país político y que denotó la precariedad del debate presidencial de entonces: “el que diga Uribe”.

 

En esta ocasión, a menos de dos meses de la “primera” vuelta presidencial -dado que así se deben leer las elecciones al Congreso de la República-, el mensaje que pretende imponer el orden establecido, es decir, quienes han mal gobernado Colombia por más de doscientos años encierra un doble significado. Por un lado el evidente temor de que llegue a la Casa de Nariño un político ubicado a la izquierda en el espectro político. Por el otro, la bancarrota política no solo del uribismo sino de todo el sistema político colombiano.

 

En primer lugar, cabe señalar que el temor de las clases dominantes únicamente es comprensible en la medida en que sientan amenazados sus intereses particulares, los cuales no son otros que la posibilidad de continuar enriqueciéndose mucho más a costa de la captura del Estado, ya sea ejecutando de manera corrupta el erario o incidiendo de manera directa en la expedición de normas que regulen a su antojo sus negocios. Este temor de unos pocos, ya que los realmente millonarios en Colombia solo representan el 1% de la población, buscará generalizarse, en tanto hacer creer que sus intereses son los del resto de la población es una de sus tareas principales.

 

Ahora, la segunda constatación es aun más preocupante, dado que imprime una altísima incertidumbre sobre el modo en que responderán los múltiples actores políticos que han hecho parte históricamente de nuestro sistema a una eventual victoria de Gustavo Petro. Una afirmación/invitación tan profundamente excluyente con una sola persona puede albergar una altísima dosis de injusticia y desatar muchos monstruos contenidos por la ya centenaria “democracia a la colombiana” a la que unos pocos nos han acostumbrado, donde las excepciones se han vuelto la regla y para dinamizarla siempre se ha construido un enemigo interno que libere la “ración mínima” de violencia pública.

 

En últimas, para nadie es un secreto que Colombia vive actualmente un proceso vertiginoso de politización que en ausencia de unas coordenadas compartidas, como por ejemplo no excluir a nadie porque piense u opine diferente, puede conducirnos a una polarización ciega que no entienda de argumentos. Que el/la próximo/a presidente de Colombia sea el que digan las mayorías y triunfe cualquiera que no reproduzca el conflicto armado, la corrupción, la desigualdad y la pobreza.  

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