EL CAMPO NO AGUANTA MÁS

Fotografía: Fabio Martínez

Por María Fernanda Gomajoa

 

Desde inicio de este año se empezaron a intensificar las protestas campesinas. Movilizaciones y paros de los sectores agrarios del país fueron noticia nacional. Protestaron los corteros de caña en el Valle, los arroceros en Huila, cacaoteros en Santander, los cafeterosestuvieron doce días plantados en las carreteras de casi todo el país y, por último, los bloqueos y movilizaciones de los paperos de Cundinamarca, Boyacá y Nariño. Todas estas manifestaciones de descontento tienen un común denominador: la exigencia al gobierno nacional de precios justos para los productos, para no seguir produciendo a pérdida y terminar seguramente liquidados por la competencia extranjera.

 

Sin embargo, ante el descontento de miles de productores y trabajadores del campo, el gobierno firma más tratados de libre comercio con diferentes países del mundo, desprotegiendo y entregando aún más la producción nacional. Es evidente cómo la política de apertura económica de los noventa,y profundizada por todos los últimos gobiernos, es materializada en estos acuerdos comerciales, como el que TLC con Estados Unidos, para beneficio exclusivo del trabajo y la producción foránea, con la consecuente quiebra de los nacionales.

 

Cifras divulgadas esta semana por la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), lo dicen todo: el año pasado las importaciones de pollo crecieron el 388%, las de arroz un 250% y la leche en un 171%. Ya llegamos a la cifra record de 10 millones de toneladas de alimentos importados (subsidiados) en un año, lo cual ha acelerado la desaparición de cultivos como el sorgo en un (-97%), ajonjolí (-83%) y algodón (-80%); y ni qué decir del trigo que básicamente desapareció de la producción nacional. Mientras tanto los costos de los insumos siguen por las nubes, los precios de los alimentos por el suelo, las enfermedades fitosanitarias sin control, el acceso a los incentivos son un viacrucis y los recursos de ayuda siguen congelados en las tesorerías públicas.

 

Con este panorama para nada alentador es más que inevitable que jornaleros, indígenas, propietarios pequeños y medianos y empresarios de importancia opten por la organización y la unidad. Nadie aguanta más y se vive un ambiente de jugársela a fondo para que, por fin, el gobierno les haga caso de una vez por todas. Santos firma pactos para levantar los paros pero en seguida los incumple, como le pasó a Dignidad Cafetera: son más 260 mil caficultores que no han recibido el subsidio prometido. Por tal motivo en su pasada octava Asamblea Nacional, decidieron convocar un PARO NACIONAL AGROPECUARIO para el próximo 19 de agosto.

 

La pelea por separado no resultó. El llamado de los cafeteros alentó a varios sectores a seguir el ejemplo. De esta manera el pasado 6 de julio en el Hotel Morasurco se dieron cita los representantesde los productores nariñenses de café, papa, leche, cereales y otros, para analizar la dramática situación en la que se encuentran y cómo será su participación el 19 de agosto. Finalmente por unanimidad decidieron fundar la Unidad Agropecuaria de Nariño, organización que liderará, coordinará y convocará las asambleas, reuniones y foros en todos los municipios del departamento, para explicar la crisis en la que se encuentra el sector agrario, y organizar y planificar la participación del sector agrario nariñense en esta movilización nacional que se anuncia como una de las más grandes en la historia de Colombia.

 

Todas las gentes del campo han entendido que la única salida es la unidad, la organización y la lucha civilizada y democrática, la cual, sin lugar a dudas, llevará a echar para atrás una política que es evidentemente antinacional, antidemocrática y antipopular.

 

Todo indica que desde el próximo 19 de agosto, Colombia vivirá una auténtica primavera campesina.

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