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Enrique Herrera Enríquez.
Desde el 26 de julio de 1862, Pasto es la capital de la República cuando ésta se denominaba Confederación Granadina. Era sin lugar a duda la capital constitucional de la República por cuanto obedecía a cuanto establecía la vigente constitución de 1858 de aquel entonces. En tanto el insurgente, el subversivo Tomas Cipriano de Mosquera se había tomado militarmente a sangre y fuego a Bogotá Creando arbitrariamente los Estados Unidos de la Nueva Granada y prepara su ofensiva para adueñarse del Estado a su favor. En el vecino país del Ecuador están sucediendo una serie de acontecimientos que van a comprometer a Pasto en la denominada Guerra de Las Gradas de Tulcán, tema que analizaremos a continuación.
Gabriel García Moreno, luego de liderar un movimiento insurreccional contra el gobierno ecuatoriano que preside el General Francisco Robles, se hace elegir el 1 de mayo de 1861 como Presidente constitucional del Ecuador, respaldado entre otros por su antiguo enemigo y contradictor político el General Juan José Flores a quien propuso años atrás ante la Sociedad Filotecnia de Quito se debía asesinar como único medio para liberarse de la tiranía del militarismo extranjero, a vida cuenta de que Flores era venezolano y estaba ejerciendo como Presidente de Ecuador.
El interés por llegar al poder hizo que García Moreno entrara en contacto con Flores a fin de que éste último regresara de un prolongado exilio de algo más de quince años en el Perú. Encargado de la parte militar como Jefe del ejército, Flores asume después la presidencia de la convención de Quito que elige finalmente a García Moreno como presidente del Ecuador.
García Moreno encarna todo cuanto se puede esperar de un personaje que ejerce el despotismo y la tiranía: fanático, fundamentalista, crítico, conspirador y golpista. En materia religiosa y en general en todo el orden social del Ecuador bajo la férula de García Moreno, el Concordato suscrito con El Vaticano en 1862 por el plenipotenciario Canónigo José Ignacio Ordoñez, quien tiempo después sería arzobispo de Quito, entra a jugar papel importante dentro del comportamiento en general de la sociedad ecuatoriana.
“Por el citado Concordato, dice el historiador ecuatoriano Oscar Efrén Reyes, se sometía toda la vida espiritual del Ecuador a sujeción y control absolutos de la iglesia católica, inclusive la enseñanza pública y privada y la lectura de libros. Se establecía la religión católica, apostólica y romana como única. Y se declaraba la fuerza pública a servicio de los Obispos, para oponerse a la “maldad de aquellos hombres que intente pervertir el ánimo de los fieles y corromper sus costumbres”.
Esta clase de disposiciones entrarían en clara oposición en intelectuales como el humanista Juan Montalvo cuando en “Siete Tratados” dice: “El caso fue que un tiranuelo que no puede vivir en donde hay un hombre, y llama enemigos del orden a los campeones de la libertad, nos tomó un día y nos echó al desierto. No tantos años como Juan Crisóstomo en el Pitio, pero allí vivimos algunos sin trato social, sin distracciones ¡Sin libros! ¡Sin libros! ¡Señores! ¡Sin libros! Si tenéis entrañas, derretíos en lágrimas. Por rehuir el fastidio, o quizás los malos pensamientos, tomamos la pluma y pusimos por escrito en tono cervantino una escena que acababa de ofrecernos el cura del lugar, ignorantón medio loco y quijotado…”
Sin embargo, este aparente “dechado de virtudes” como se pretende presentar a Gabriel García Moreno por algunos de sus biógrafos, tenía como todo hombre la debilidad por las mujeres, una en especial: Virginia Klinger Serrano.
Doña Virginia Klinger Serrano, oriunda de Quito y con ascendencia del puerto fluvial de Barbacoas en el hoy Departamento de Nariño en Colombia, conoció en Quito a García Moreno cuando éste era aún estudiante de 22 años y ella una niña de 15 años en un incidente que costó la vida de su padre cuando fue atracado y el estudiante de derecho juró dar a futuro con los asesinos del Coronel Klinger.
La ambición por el poder del dinero lleva a García Moreno a casarse en 1846 con “doña Rosa Ascázubi y Maltheu, mujer fea y doce años mayor que él, pero que le había sufragado la edición de sus primeros periódicos”, dice el historiador Fernando Jurado Noboa.
Carlos Aguirre, apuesto amigo de García Moreno conoció y se enamoró de Virginia Klinger, casándose luego con ella en 1847. Él tenía 32 y ella 19 años.
Los dos matrimonios continuaron entrelazando su amistad aún con toda la serie de problemas políticos que acontece en Ecuador previo al ascenso de García Moreno a la presidencia. Estando éste como primer mandatario nombra a Carlos Aguirre Ministro de Hacienda, logrando así tener cerca a Virginia quien solía invitar a un grupo de amigos y amigas para dialogar en amplia tertulia sobre los diversos acontecimientos del trascurrir de Quito y el mundo ya sea en el campo científico, la literatura o la política.
En una de las tantas tertulias que tienen lugar en la casa de los Klinger Aguirre, entre Abril y Julio de 1862, García Moreno se inquieta de sobremanera por la permanente presencia del colombiano, Arcesio Escobar Piedrahita, quien tiene 33 años, es decir un año menos que Virginia y 8 menos que el presidente. El particular personaje es poeta, buen declamador, viste elegantemente y hace gala de buenos modales para con la anfitriona, situación que no pasa por desapercibida y obliga al presidente a poner fin a tanta galantería y coquetería del colombiano para lo cual busca un pretexto y a fe que lo encuentra en un incidente sin mayor significación en la frontera con la Confederación Granadina, hoy Colombia.
Dicho acontecimiento tiene lugar a finales del mes de junio de 1862, cuando un grupo de conservadores de la Confederación al mando de Matías Rosero penetra en la frontera y hieren levemente al jefe militar del Carchi el también conservador Vicente Fierro, bajo el supuesto de estar favoreciendo el ingreso de liberales al Ecuador. De manera inmediata el Presidente García Moreno declara la guerra a la Confederación Granadina que tenía como hemos dicho anteriormente por capital para aquel entonces a la ciudad de Pasto y estaba bajo la presidencia del General conservador Leonardo Canal González.
Lo primero que ordena García Moreno antes de salir de Quito a la frontera es apresar al poeta Arcesio Escobar Piedrahita, quien logra ocultarse de sus perseguidores gracias a la colaboración que tiene de parte de Virginia Klinger logrando luego asilarse en la Legación Británica.
Sin saber la suerte de Escobar Piedrahita, García Moreno avanza con tres mil hombres armados a la frontera para supuestamente afrontar la ofensa que se ha hecho de la patria cuando la verdad, la realidad de los acontecimientos es el pretexto que encontró para sacar del camino a su rival sentimental el poeta colombiano Arcesio Escobar Piedrahita.
Julio Arboleda, con el título de Comandante en Jefe del Ejército de la Confederación Granadina, salió de Pasto el 25 de julio rumbo a Túquerres, donde se incorporaron 800 efectivos. En Guachucal se recibió un documento de un emisario ecuatoriano donde se exigía “la entrega inmediata del Mayor Matías Ramos para satisfacer la injuria de la Confederación Granadina le había irrogado…”, situación que no fue aceptada ante lo cual García Moreno declaró rotas las relaciones y declara la guerra a la Confederación Granadina.
El 31 de julio de 1862, en el sitio denominado “Las Gradas” cerca a la población de Tulcán, tuvo lugar la confrontación entre las dos fuerzas: Ecuador al mando de García Moreno y la Confederación Granadina con Julio Arboleda a la cabeza. Siendo derrotado el presidente ecuatoriano al caer prisionero con gran parte de su oficialidad y algo más de seiscientos hombres. “Felizmente, dice el historiador ecuatoriano Oscar Efrén Reyes- tratabase de conflicto entre conservadores. Y las explicaciones caballerosas ente el ecuatoriano y el colombiano, que coincidían en sus entusiasmos jesuíticos y el odio a los liberales, facilitaron el perdón y olvido de ofensas y derrotas. Y luego de una oferta de García Moreno de buena cantidad de armamentos para que Arboleda triunfe en Colombia contra los enemigos de Cristo, todo quedó en paz, y como si nada hubiera sucedido…”
El 3 de agosto de 1862 se celebró en Tulcán un tratado entre la Confederación Granadina y el Ecuador, mediante el cual García Moreno haría entrega al ejercito de Arboleda de seis mil fusiles, uniformes y municiones, incumpliendo éste último lo pactado al entrar en conversaciones con Tomas Cipriano de Mosquera que triunfante establece mediante la constitución de 1863 la creación de los Estados Unidos de Colombia.
Regresando García Moreno a Quito fue enterado de la situación fugitiva y ahora de exiliado de Arcesio Escobar Piedrahita, ante lo cual entró en cólera, hecho que dio pie para la renuncia de Carlos Aguirre del Ministerio de Hacienda, seguramente enterado de los sucesos sentimentales que existían entre su esposa Virginia Klinger y el presidente García Moreno.
De este romance entre el presidente García Moreno y Virginia Klinger, dice el historiador Fernando Jurado Noboa, “Una niña hubo de esta unión, y se llamó Rosa García Klinger. Se crió con las Monjas de la Caridad y vivió en el Buen Pastor, de donde la saco don Carlos Pérez Quiñónez en 1882 y con ella formó una familia, origen de conocidísimos quiteños que saben perfectamente la historia de su origen…”
“Sentimientos de culpa y aun afanes de religiosidad, misticismo y redención se apoderaron de Virginia Klinger a partir de 1864. Tenía 36 años y decidió colgar sus vestiduras carnales. Las relaciones con el presidente continuaron luego de un paréntesis tenso de casi dos años-socialmente no se podía hacer otra cosa- y ambos decidieron ayudarse mutuamente, sanear sus vidas y cristianamente limpiar sus asperezas.”
“García Moreno no solo perdonó a Arcesio Escobar Piedrahita, sino que se hizo su amigo, lo invitó a Quito y a su muerte pidió a una pareja de amigos guarandeños que pusieran Arcesio a su hijo para inmortalizar el nombre de aquel.
“En abril de 1865 José Morales, el asesino del padre de Virginia, es apresado en Cayambe y traído a Quito. El presidente cumple su palabra: lo hace pasar por las armas…”
“En abril de 1866, García Moreno- ya de cuarenta y cinco años- se casa de nuevo, en esta vez con una sobrina política a quien ha querido siempre, fea también aunque mucho menos que su difunta tía”.
Gabriel García Moreno es asesinado el 7 de agosto de 1875 en tanto Virginia Klinger muere el 14 de noviembre de 1886.
Hemos visto como los celos sentimentales del Presidente del Ecuador Gabriel García Moreno, lo llevó a declarar la guerra a la Confederación Granadina, cuando Pasto era su capital, aprovechando un incidente sin mayor trascendencia, pero que sirvió para pretender sacar de cancha o de lugar a su rival sentimental el poeta antioqueño Arcesio Escobar Piedrahita que estaba cortejando a su amante, doña Virginia Klinger. García Moreno fue derrotado en la Batalla denominada Las Gradas de Tulcan el 31 de julio de 1862 y perdió también la batalla sentimental por cuanto Arcesio Escobar Piedrahita fue oportunamente ocultado por doña Virginia para que no sea apresado. Veamos a continuación dos interesantes artículos, primero el de Roberto Andrade y luego el de Miguel Antonio Caro, que corroboran todo cuanto se ha manifestado de este acontecimiento histórico donde un lio de faldas fue el protagonista de un incidente internacional.
Don Roberto Andrade, historiador ecuatoriano, en un folleto intitulado Tulcán y Cuaspud, explica así el rompimiento del Presidente del Ecuador con sus aliados naturales los conservadores granadinos, más concretamente de la Confederación, que más acá del Carchi luchaban en defensa de los principios tan decidida y valerosamente sostenidos por él en su propia nación: Don Roberto Andrade dice: “García Moreno rompió, por fin, con Arboleda; y la causa inmediata de este enojo no fue sino un crimen de trascuarto, vulgar, individual, indigno, de esos que causaban guerras cuando las naciones eran gobernadas por hombres sin moral, como lo era García Moreno.
Don Arcesio Escobar, colombiano y recién llegado de Chile, residía en Quito, y era uno de los más fervorosos partidarios de Arboleda. Era joven y apuesto, y había publicado algunas poesías, por lo cual fue motivo para que le acogieran en casas distinguidas. En una de ellas dejaba García Moreno huellas infamantes: mantenía amores doblemente adúlteros, pues también la dama era casada, y ofendióse porque Escobar era tratado con cierta distinción.
La dama, era cortesana, y hacía vaya de los celos de su cómplice. Acaecieron entrevistas que no dejaron de ser escandalosas, entre García Moreno y Escobar, en casa de aquella mujer. El tirano se exasperó al fin. ¿Cómo un Colombiano, individuo de un partido al cual despreciaba, porque no había sabido ni podido vencer en larga campaña; de un partido que ya le tenía abrumado con suplicas, había de arrebatarle el amor de una belleza? Él era Presidente y, coma tal, su venganza tenía que ser, estrepitosa.
A continuación de una de aquellas escenas nada diplomáticas, sin motivo alguno público, sin solicitud de ninguno de los liberales colombianos, García Moreno procedió, como si con Arboleda hubiera habido rompimiento anticipado. Llamó al Ministro del gobierno de Mosquera, díjole que convocara a sus compatriotas liberales que residían acá del Carchi, que él les daría armas y dinero, y que fueran a libertar a los pueblos del sur de Colombia de la vergonzosa opresión de Arboleda.
En Tulcán estaban asilados muchos colombianos del partido de Mosquera, desatendidos por García Moreno, quien aparentaba preferir a Arboleda. De repente, el Jefe militar de Tulcán recibe órdenes del Presidente para suministrar armas y auxilios a los emigrados mosqueristas. Se hallaban en Tulcán los doctores Emigdio Palau, Miguel Valencia, Antonio J. Chaves, Fernando Garzón y otros cuantos liberales colombianos respetables. El doctor Manuel de J. Quijano iba encargado por él para negociar la paz con las autoridades de Pasto y Túquerres, y en realidad iba a fomentar la guerra, llevando armas. El 19 de junio pasaron los mosqueristas El Carchi, con el objeto de sorprender a las tropas de Arboleda acantonadas en Ipiales. Estas salen en número de ciento cincuenta hombres, embisten a los liberales, los derrotan y obligan a regresar al Ecuador. De Tulcán había salido un destacamento, compuesto de guardias nacionales, con la mira de custodiar la frontera, y al mando del Comandante Vicente Fierro. El piquete ecuatoriano se confundió con los derrotados colombianos. En la refriega un militar de Arboleda, llamado Matías Rosero, a quien apodaban El Raspaduro, dio un sablazo al Comandante ecuatoriano, y luego soldados de Arboleda regresaron a su cuartel en Ipiales. Fierro comunicó en el acto a García Moreno el desenlace del combate, y añadió que los arboledistas habían atropellado la línea, hollado en el espacio de una legua el territorio ecuatoriano, y que uno de ellos había herido a él gravemente. Lejos estaba García Moreno de esperar más oportuno pretexto para vengarse a lo gran Turco, Arboleda tenía todavía Cónsul en Quito; Secretario del Consulado era don Arcesio Escobar, y en aquellos días ejercía el Consulado por enfermedad o ausencia del Cónsul.
García Moreno mandó aprehenderlo, y no pudiendo realizarlos, ultrajóle de y varias maneras. Al día siguiente García Moreno salió de Quito para el Carchi, Escobar salió del escondite, y fue aprehendido en uno de los portales de la plaza, por orden de uno de los agentes del tirano; pero acto continuo fugó, gracias a un ardid de la misma, dama que había sido causa del escándalo, doña Virginia Klinger, de origen barbacuano”.
Miguel Antonio Caro, narra así los acontecimientos previos a la confrontación de la Confederación Granadina, cuya capital era para aquel entonces Pasto, con El Ecuador bajo la administración de Gabriel García Moreno: “Después de la primera ocupación de Popayán en 1861, el señor José Francisco Zaráma y el general Erazo, que habían acompañado a Arboleda, tornaron al sur, el primero como Jefe Civil y Militar de aquellas lejanas provincias, y el segundo como Comandante de armas de la de Túguerres. Necesaria era la constante vigilancia de estos Jefes, porque a despecho de las reclamaciones frecuentes con que ocurría al Gobierno del Ecuador el En¬cargado de negocios de la Confederación Granadina en Quito, los revolucionarios emigrados en Tulcán no cesaban de pasar y repasar el Carchi, manteniendo en perenne inquietud a los pueblos comarcanos. En una de esas correrías el capitán Matías Rosero (alias Raspaduro) conservador colombiano, después de haber batido a una partida enemiga en Yaramal, le siguió el alcance hasta el punto de Faya; allí se hicieron fuertes los derrotados, protegidos por don Vicente Fierro conservador ecuatoriano, en persona, jefe militar ecuatoriano de Tulcán; trabóse reñido combate, y Rosero, nuevo Diomedes, sin imaginar que hubiese dioses en la lid, hiere con la espada, en la persona de Fierro, al mismísimo Gobierno del Ecuador. Muchos vieron en la intervención de Fie¬rro el resultado de un plan artero, ejecutado por el jefe Político de Tulcán, ideado acaso por el agente de Mosquera en Quito, de acuerdo tal vez con alguna autori¬dad ecuatoriana, porque la emulación con que miran a los colombianos los naturales de la vecina República del Ecuador, sabido es que data de antigua fecha.
Como quiera que sea, el presidente García Moreno, o porque calculadamente tomase pie de aquel lance para desafiarnos, o porque se dejase arrastrar de exalta¬do e imprudente celo patriótico, exigió con escasa cortesía que se le entregasen el capitán Rosero, y aun al General Eraso, a quien achacaba complicidad en lo acaecido, a fin de que fuesen juzgados con arreglo a las leyes ecuatorianas,- y organizó fuerzas, y se puso en marcha sobre la frontera, a la cabeza de 1.500 hombres, a que se agregaron como 400 granadinos mal contentos.
En vano el señor Zarama se esforzó en mostrar al señor García Moreno la inculpabilidad de los acusa¬dos; en vano puso de manifiesto que el territorio ecuatoriano no había sido violado; que dado que lo hubiera sido, la reclamación del Gobierno ecuatoriano debía decidirse por árbitros, conforme a los tratados vigentes entre las dos Repúblicas. A todo cerró oídos el Presidente del Ecuador, y con aquella impaciencia colérica que a veces, por desgracia, caracterizaba sus actos; remitió a las armas el apetecido desagravio.
Grave falta fue aquella en García Moreno, error inexcusable, y una de las sombras que se advierten en su gloriosa carrera pública.
El 3 de agosto se celebró en Tulcán un tratado entre la Confederación Granadina y El Ecuador según el cual García Moreno entregaría al ejército de Arboleda seis mil fusiles, uniformes y municiones, compromiso que nunca se cumplió cuando Tomas Cipriano de Mosquera triunfa al implantar el nuevo gobierno de los Estados Unidos de Colombia.
El 12 de noviembre Julio Arboleda cae mortalmente herido en El Arenal de Berruecos, muriendo al día siguiente en el sector de Olaya en predios del hoy Municipio de Arboleda por quien lleva su nombre.




